El informe concluye que la gran afluencia de público, el ruido de la música electrónica y la logística de montaje suponen riesgos para la fauna (especialmente aves migratorias como grullas y milanos), la vegetación natural (incluidos hábitats de interés comunitario) y el suelo. También existe riesgo de incendios y de contaminación de las aguas. Los organizadores del festival, a pesar de no contar aún con autorización, están vendiendo entradas e incluso han realizado una presentación pública en la Diputación de Uesca. Es obligado recordar que, además, el evento está rodeado de polémica por su participación en el lavado de cara cultural del colonialismo israelí.