El genocidio en Gaza a manos del Estado israelí, que aún continúa aunque desplazado del foco por una asfixiante actualidad internacional, y el movimiento de solidaridad desplegado para tratar de detenerlo han puesto de manifiesto las distintas complicidades económicas, militares, culturales o deportivas que instituciones públicas y empresas privadas han sostenido o sostienen respecto a la hoja de ruta sionista. Un plan basado en la perpetuación de la ocupación colonial de Palestina y en la aplicación de una salvaje limpieza étnica que ha supuesto la devastación de Gaza y ha dejado unas cifras que estremecen al mundo: 72.100 personas palestinas han sido asesinadas en la Franja, entre ellas más de 20.000 menores de edad. Tan solo después del pretendido “alto el fuego” cacareado por Trump en aquella vergonzante cumbre en Egipto de octubre de 2025, se han contabilizado otros 650 asesinatos y 17.728 personas han resultado heridas en las continuas violaciones de “la tregua” por parte del ejército sionista.
En este contexto, colectivos y organizaciones comprometidas con los derechos humanos y con la causa de la descolonización de Palestina han impulsado distintas campañas de boicot e información con el objetivo de evitar cualquier tipo de complicidad o blanqueamiento del comportamiento criminal del Estado dirigido por Netanyahu. Una de las piedras angulares de este activismo solidario ha sido el denominado boicot cultural.
El año pasado, El Salto desvelaba el desembarco del fondo de inversión proisraelí KKR en las empresas que promueven buena parte de los principales festivales y eventos musicales en el Estado español, a través de su entrada en Superstruct. Esta multinacional está presente en el accionariado y en las sociedades que controlan citas tan destacadas como Sónar, FIB Benicàssim, Elrow, Monegros Desert Festival, Arenal Sound, Resurrection Fest o el Viña Rock. En realidad, la lista es mucho más amplia y alcanza varias decenas de grandes eventos tanto a nivel estatal como europeo.
La revelación originó una cadena de críticas y cancelaciones que afectaron a los festivales con participación de KKR. El Viña Rock está teniendo serias dificultades para cerrar su cartel e incluso ha tratado de proyectar una presunta desvinculación del fondo proisraelí, difícil de corroborar dada la complejidad del entramado societario del festival. Sónar sufrió en su última edición un importante número de cancelaciones y se vio obligado a realizar gestos para distanciarse de los acontecimientos en Palestina. A las puertas del Resurrection Fest se celebró además una concentración que denunciaba la presencia de KKR en su accionariado.
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Las reacciones han sido numerosas y se han traducido en varios cientos de bandas y colectivos musicales que han decidido no participar en eventos relacionados con este fondo. El colectivo ‘Boicot KKR’ mantiene un listado actualizado de los eventos afectados por la entrada de capital proisraelí, así como de las propuestas artísticas que han decidido desvincularse de ellos. Entre los nombres que figuran en esa lista se encuentran artistas y grupos como Residente, Fermín Muguruza, Soziedad Alkoholika, Ska-P, Califato 3/4, Riot Propaganda, Tribade o El Niño de la Hipoteca.
KKR es el accionista mayoritario del Monegros Desert Festival
El año pasado, AraInfo publicó que el conocido colectivo aragonés de música electrónica Fokin Massive se descolgaba del cartel de Monegros Desert Festival. Aunque no fue la única cancelación vinculada a la presencia de KKR en la estructura del evento, sí fue la única —a pesar de su modestia en relación con el cartel— que expresó de forma clara los motivos, señalando públicamente el silencio de la organización del festival.
Nada ha cambiado en este 2026. A diferencia de otros eventos culturales señalados por la presencia del fondo de inversión, que han tratado de realizar gestos o de desmarcarse públicamente de las atrocidades israelíes, la estrategia de la dirección del festival —radicado en Aragón— ha sido seguir ignorando las críticas.
Tampoco se han producido cambios en lo que respecta a la participación de KKR. El fondo, a través de Superstruct, continúa siendo el accionista mayoritario de Elrow Global SL, la matriz que controla proyectos como Monegros Desert Festival o Elrow, por delante de la propiedad histórica vinculada a la familia Arnau, que participa en el accionariado a través de su sociedad Lespeñetes SL.
DJs israelíes en el cartel de 2026
Si se atiende al cartel de la próxima edición, que tendrá lugar el 25 de julio, sí aparece alguna novedad, aunque en el sentido contrario al que cabría esperar. En la programación del festival destacan al menos tres artistas israelíes: Astrix, Captain Hook y Ace Ventura. El trío participa en el espacio Artcore impulsado por la artista canaria Indira Paganotto dentro de la programación de 2026 del Monegros Desert Festival.

Para parte de la comunidad del psytrance, esta decisión supone un nuevo ejercicio de psywashing, una estrategia que denuncian como un intento de utilizar la cultura electrónica para lavar la imagen del Estado colonial sionista.
Ninguno de los tres DJs señalados en esta información se ha desmarcado en momento alguno del genocidio y de los crímenes de guerra cometidos en Gaza ni se ha pronunciado contra el régimen de apartheid que sufre la población palestina. Como ya señalaba el pasado verano un tríptico informativo repartido por la iniciativa ‘De-Colonize Psy Culture’, Astrix y Captain Hook —también Ace Ventura— han participado en eventos como el Unity Festival, una cita con sede en el Estado israelí que no oculta su carácter sionista. De hecho, celebra anualmente un festival para conmemorar la creación del Estado colonial en el llamado “día de la independencia”.
Este evento ofrece además promociones para las tropas israelíes y lanza mensajes en redes sociales como: “La familia Unity saluda a los soldados de las FDI —Fuerzas de Defensa de Israel—”.

Una estrategia comercial que ignora el sufrimiento palestino
La presencia de estos artistas parece responder a una estrategia comercial destinada a consolidar tanto la participación de DJs como, sobre todo, la llegada de público israelí a los festivales de música electrónica, teniendo el psytrance como principal puerta de entrada. Las actuaciones de DJs israelíes fomentan la llegada de ciudadanos y ciudadanas de la entidad colonial, entre quienes se encuentran de forma destacada quienes han terminado recientemente el servicio militar.
Desde hace décadas existe en el Estado israelí la tradición de fomentar que, tras cumplir con el servicio en el ejército, los y las jóvenes realicen largos viajes internacionales como forma de desconexión y desahogo tras experiencias que en muchos casos resultan traumáticas, vinculadas a la represión militar y al sostenimiento de la discriminación étnica del pueblo palestino.
Campaña contra la colonización de espacios musicales aragoneses
Aragón, desgraciadamente, se está convirtiendo en un destino habitual para muchos y muchas jóvenes sionistas. Además de la actual apuesta del Monegros Desert Festival, AraInfo explicó a finales de este verano cómo el Own Spirit —un evento de psytrance que se celebra cada septiembre en Baldellou (comarca de La Llitera)— se ha convertido en una cita, que bajo estos mismos parámetros, atrae público israelí arrastrado por la presencia de artistas provenientes de la entidad colonial en el cartel. Según testimonios de asistentes, al menos unas 1.000 personas provenientes del Estado israelí participaron en su última edición. Muchas de ellas seguían el patrón mencionado de viajes tras finalizar el servicio militar —recordemos, en plena comisión de un genocidio según ha dictaminado la Corte Penal Internacional—.
Además, este verano los mismos organizadores del evento de Baldellou han puesto en marcha un encuentro a orillas del embalse de La Sotonera que, bajo la denominación ‘Sizigia Eclipse Gathering’, sigue la misma estrategia para atraer público israelí, tal y como también contó AraInfo el pasado 16 de enero. Según la organización, este nuevo evento pretende reunir a unas 10.000 personas.
Tanto el colectivo ‘De-Colonize Psy Culture’ como las plataformas BDS de Uesca y Zaragoza trabajan actualmente en la puesta en marcha de una campaña de sensibilización e información. En este sentido, el movimiento internacional BDS —Boicot, Desinversiones y Sanciones— recuerda que “Israel utiliza abiertamente la cultura como una estrategia para encubrir, o hacer un lavado de cara artístico, del genocidio que está cometiendo en Gaza y del régimen de colonialismo, apartheid y ocupación militar que sostiene sobre los pueblos indígenas palestinos”.

