La administración estadounidense en manos de Donald Trump, tras la agresión contra Venezuela y el secuestro del presidente Nicolás Maduro, ha puesto a Cuba en la diana. En realidad, siempre lo ha estado, pero durante los últimos meses ha redoblado su estrategia injerencista sobre la isla caribeña a través del recrudecimiento del bloqueo económico. En esta estrategia de estrangulamiento, el corte del suministro de crudo, clave para la generación eléctrica en Cuba, se ha convertido en la principal herramienta de extorsión.
Una vez que EEUU controla de facto las exportaciones y el mercado del petróleo venezolano, unido a una orden ejecutiva firmada por Trump a finales de enero que decreta la posibilidad de imponer aranceles “extraordinarios” a los Estados que realicen envíos petroleros a Cuba, el bloqueo energético se ha convertido en un embargo total en esta área clave para el funcionamiento de la economía y de la vida cotidiana en la isla.
El último envío reconocido de petróleo registrado, realizado desde México, tuvo lugar a principios de enero de 2026, cuando el buque Ocean Mariner descargó unos 86.000 barriles de combustible en la bahía de La Habana. Posteriormente, el Gobierno mexicano no ha realizado nuevos envíos, maniatado por las amenazas arancelarias con Estados Unidos. Sin conocerse su procedencia y cargamento, se ha reportado la presencia de un petrolero, el Nicos I.V., en la bahía de Matanzas. Según empresas que ofrecen el seguimiento del tráfico náutico, el buque continúa, al momento de escribir esta información, en las inmediaciones de la bahía. La administración Trump afirma que se trata de un buque que estaría en vigilancia por participar en la ruta de envío de crudo venezolano a Cuba, ahora detenida por la intervención militar estadounidense en el Caribe.
Se calcula que Cuba es capaz de extraer 40.000 barriles de crudo al día de sus propios yacimientos y sus necesidades diarias están calculadas en unos 110.000 barriles. Se trata aproximadamente de un tercio de su demanda interna. Un diferencial que no puede ser solucionado con los magros aportes de escasas llegadas registradas desde el cambio de año. Así, la situación energética de la isla, ya precaria con anterioridad, se encuentra en estos momentos sometida a una incertidumbre constante, ya que la disponibilidad de energía influye en todos los aspectos de la vida.
Para entender las dificultades de sortear el bloqueo energético, se calcula que entre el 75 y el 80% de la electricidad cubana se produce mediante el uso de combustibles fósiles (crudo y gas natural en el caso de la isla caribeña), tanto en las grandes plantas termoeléctricas como en la denominada generación distribuida, principalmente integrada por pequeños generadores repartidos por todo el territorio. Esto genera un déficit continuado entre producción y demanda que oscila, en los momentos “pico”, entre los 1.600 y los 2.000 MW (megavatios). Además, la falta de combustible está afectando a la movilidad y a los servicios públicos, desde la recogida de residuos a los hospitales, pasando por el transporte público.
La estrategia cubana: más descentralización y más renovables
Frente a la continua precariedad en la producción energética y su dependencia de los suministros fósiles, el Gobierno encabezado por Miguel Díaz-Canel trata de implementar distintas estrategias para enfrentar la escasez. Hace un par de semanas, el 6 de febrero, Díaz-Canel —presidente de la República de Cuba— ofreció una larga comparecencia en la que respondió de forma amplia a las preguntas de los y las periodistas. La cuestión energética estuvo en el epicentro en este encuentro con la prensa nacional e internacional.
Una de las primeras reflexiones del presidente cubano fue advertir de que “la teoría del colapso y la insistencia en el colapso está muy relacionada con la teoría del Estado fallido y con todo un grupo de construcciones con que el Gobierno de los Estados Unidos ha tratado de caracterizar la situación cubana. Precisamente, esta teoría del colapso está asociada a una de las corrientes o a una de las direcciones en las cuales se empeña el Gobierno de los Estados Unidos para derrocar a la Revolución Cubana”. Aunque es obvio, no está de más advertir que la estrategia de Trump tiene como objetivo, precisamente, provocar situaciones e imágenes de crisis que la prensa internacional pueda relatar y apuntalar el relato que justifica una intervención estadounidense, ya sea directa o indirecta.
Volviendo a las medidas concretas en la isla para enfrentar la crisis energética, la primera, y más evidente, es tratar de repartir y racionar el uso de la energía. El Gobierno de la isla ha decidido priorizar el sostenimiento de la producción agrícola y de los sectores estratégicos para que la economía cubana no se paralice. Esta dolorosa decisión, sin embargo, afecta al suministro eléctrico a las zonas residenciales, especialmente a las ciudades y, en particular, a La Habana, en forma de apagones más frecuentes y prolongados que los que podían ocurrir con anterioridad.
Otra de las estrategias implementadas en los últimos tiempos, para crear una red eléctrica más resiliente, ha sido ampliar la denominada generación distribuida. Una red de pequeños generadores que, sin embargo, debido a las peculiaridades geográficas de la isla, ha permitido llevar el suministro allí donde la red convencional no alcanzaba y, al mismo tiempo, aumentar en 900 MW la producción energética. El problema que ha encontrado esta estrategia es que depende de los aportes de combustible y, por tanto, queda fuera de juego por el bloqueo estadounidense.
Por contra, uno de los resultados más relevantes del último año, según el presidente, ha sido el avance en las fuentes renovables de la mano de un intenso esfuerzo estatal por extenderlas. Cuba instaló en 2025 más de 1.000 MW en parques fotovoltaicos, lo que permitió elevar la participación de estas fuentes del 3 % al 10 % de la generación eléctrica, un importante incremento que se espera continúe en los próximos años. De hecho, la previsión es colocar durante 2026 otros 1.000 MW. Con estas cifras, Díaz-Canel expresó que “estaríamos llegando a niveles por encima del 15 % o cercanos al 20 % de generación eléctrica con fuentes renovables”. Una progresión que parece, de seguir así, podría superar lo dispuesto en el llamado Modelo Económico y Social 2030, con un objetivo de que el 25 % de la energía consumida en la isla sea de origen renovable en 2030.
Pequeños sistemas fotovoltaicos
Con dos objetivos, llevar la energía a todos los rincones de la isla y, al mismo tiempo, reducir la dependencia de energía fósil, se implementa una estrategia que comparte la misma línea que la ya comentada generación distribuida, pero en una escala doméstica y basada en renovables. Díaz-Canel explicó que se están instalando “5.000 sistemas fotovoltaicos domésticos, de dos kilovatios cada uno, en las viviendas”. Una buena parte tienen por objetivo “viviendas aisladas y donde llevar la electricidad tendría una inversión tremenda en cables, transformadores, postes, en lugares de difícil acceso”, y también la implementación en otros inmuebles residenciales con el objetivo de reducir el impacto del déficit energético.
Además, están instalando otros 5.000 módulos fotovoltaicos más “en centros vitales para dar servicios a la población”. El presidente estimó que el impacto de estas instalaciones beneficiará, entre otras instalaciones, a “161 hogares maternos; 156 hogares de ancianos; 305 casas de abuelos; 556 policlínicos, que por lo menos el cuerpo de guardia y una parte importante van a tener estos sistemas; 336 sucursales bancarias; 349 oficinas comerciales de la UNE y de otros organismos donde las personas tienen que hacer trámites”.
La idea es duplicar en el corto plazo este número tanto en el ámbito doméstico, como en los servicios públicos. “Ahora, hay 10.000 sistemas fotovoltaicos más. Fíjense, hemos hablado, 5.000 y 5.000 son 10.000. Ya esas son 10.000 viviendas o 10.000 instituciones que no necesitan conectarse al sistema electroenergético nacional”, añadió Díaz-Canel.
También anunció la creación de incentivos “en materia arancelaria, en materia de precios y en materia de formas de pago para que todo el que pueda adquirir un sistema fotovoltaico doméstico lo pueda adquirir de la manera más viable posible”.
El presidente de la República de Cuba apuntó la previsión de recuperar lo antes posible las "capacidades de generación eólica, de transmisión eólica en algunos parques que tenemos ya en el país, pero que estaban con determinados problemas técnicos, y hay nuevas inversiones en energía eólica que se están desarrollando, sobre todo, en la zona de La Herradura, en Las Tunas".
Otras medidas
El presidente Díaz-Canel afirmó que, a pesar del bloqueo, Cuba no renuncia a la importación de combustible y continúa trabajando para recuperar e incrementar su capacidad de almacenamiento, crear mayores reservas nacionales y gestionar nuevos contratos de suministro.
De forma paralela, el Gobierno impulsa el aumento de la producción nacional de crudo y gas. El plan también incluye ampliar el número de usuarios de gas manufacturado y desarrollar tecnologías para refinar el crudo cubano y producir derivados.
Asimismo, la estrategia contempla una mayor diversificación energética mediante el aprovechamiento de recursos locales, como la biomasa, el biogás, la energía hidráulica y aplicaciones solares para la cocción y el secado de alimentos. Según el presidente, estas alternativas permiten transformar residuos en energía, reducir la dependencia de combustibles importados y reforzar la soberanía energética.
El mandatario cubano destacó también el desarrollo de capacidades "técnicas nacionales". Como ejemplo, puso la reducción significativa alcanzada en los tiempos de construcción de parques solares gracias a la formación de personal especializado y a la transferencia tecnológica. El programa energético cuenta, apuntó, con el respaldo de instituciones científicas y universidades, integrándose al sistema nacional de innovación.
La flotilla ‘Nuestra América’ tratará de romper el bloqueo
Inspirada en la ‘Flotilla Global Sumud’ que trató de poner en jaque el asedio sionista sobre Gaza, nace una expedición similar con el objetivo de arribar a las costas cubanas para llevar suministros de primera necesidad, pero sobre todo para visualizar la criminal estrategia estadounidense de castigo colectivo. De hecho, existe, salvando las diferencias, un nexo evidente entre las estrategias estadounidenses e israelíes respecto a Cuba y Palestina.

"La administración Trump está asfixiando a la isla, cortando el suministro de combustible, vuelos y bienes esenciales para la supervivencia. Las consecuencias son letales, tanto para recién nacidos y sus madres y padres, como para los ancianos y los enfermos. Por eso lanzamos la Flotilla Nuestra América, que zarpará desde el Mar Caribe en solidaridad con el pueblo cubano", explica la coalición internacional que impulsa la iniciativa en la página web de la misma. "Juntas y juntos, podemos romper el cerco, salvar vidas y defender la causa de la autodeterminación de Cuba", expresan en un llamamiento a la colaboración con la flotilla.
La ‘Internacional Progresista’, una de las organizaciones comprometidas con el impulso de la iniciativa, en un boletín difundido el viernes pasado, se hacía eco de las declaraciones de David Adler: "Cuando los gobiernos imponen un castigo colectivo, la gente común tiene la responsabilidad de actuar: romper el asedio, llevar alimentos y medicinas, y demostrar que la solidaridad puede cruzar cualquier frontera o mar". Adler, judío estadounidense, participó en la flotilla ‘Global Sumud’ y es, por ahora, una de las cabezas visibles de esta nueva expedición solidaria.

