Conforme pasa el tiempo y la cleptocracia triunfa en los dos hemisferios del planeta, se hace más evidente que el hooliganismo futbolero ha permeado la convivencia como chapapote en las almas, imponiendo un sentimiento de pertenencia grupal más allá del espectáculo deportivo, si es que al fútbol se le puede llamar deporte. Los gritos, los insultos y los supremacismos de todos los colores cultivados en las gradas, se han exportado a los escaños del Congreso de los Diputados, Asambleas Autonómicas y Ayuntamientos y de ahí convertido en torrente, inunda las calles. Algunos apóstoles de esta visión gregaria e irracional, pretenden …










