Energías renovables

Lo que empezó siendo una investigación en el ámbito del caso Leyre ha derivado en una variedad de piezas muy interesantes e ilusionantes para quienes creen en un "Aragón si pero no así". Eslogan de pancarta que concentra un modelo ético, mucho nos tememos, en retirada en medio de tanta espectacularidad como estalla cada día en los titulares de nuestra actualidad que más bien parece un bucle por el que podamos viajar en el tiempo. En Aragón los hilos de la corrupción hilvanan las energías renovables de Forestalia con Mina Muga de Geoalcali. Incluso si superamos el nivel local podemos …

Lo que empezó siendo una investigación en el ámbito del caso Leyre ha derivado en una variedad de piezas muy interesantes e ilusionantes para quienes creen en un "Aragón si pero no así". Eslogan de pancarta que concentra un modelo ético, mucho nos tememos, en retirada en medio de tanta espectacularidad como estalla cada día en los titulares de nuestra actualidad que más bien parece un bucle por el que podamos viajar en el tiempo.

En Aragón los hilos de la corrupción hilvanan las energías renovables de Forestalia con Mina Muga de Geoalcali. Incluso si superamos el nivel local podemos unir, con ese invisible hilo del que hacen madejas la eterna casta de los desaprensivos, una minera australiana (Highfield Resources Limited) con un fondo de pensiones danés (Copenhagen Infrastructure Partners). Posiblemente ni unos ni otros sospecharán la identidad de quienes los ha unido en corrupto matrimonio, aunque deberían ser conscientes de lo que significa el colonialismo en el siglo XXI.

Cambian los nombres, las fechas, los rostros, pero la corrupción permanece como cultura de casta. Lo que en el Madrid del siglo XIX podría representar la mismísima reina gobernadora María Cristina de Borbón y poco después el Marqués de Salamanca, que le compraba favores a su hija Isabel, en el Madrid de hoy lo representan personajes más chulapos como Alberto González Amador, mancebo de la presidenta autonómica. Y si eso es así desde mucho antes del Duque de Lerma, a ver porqué otros personajes del ala izquierda del glamuroso lumpen madrileño no va a poder entrar a pescar en el estanque de las concesiones públicas, los contratos y las mediaciones. La cultura del pelotazo, porque la corrupción es una categoría superior a cualquier ideología.

Uno de los últimos episodios de esta larga serie es el de Leire Díez, una mujer con aversión a las fontanerías. Entró en este selecto grupo de aspirantes a trincar y ahí anda con el que fuera presidente de la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI) y un barullo de gentes y empresas en el que mejor no entrar para no marear a quien se asome a este blog. Un barullo en el que son protagonistas los dos últimos secretarios de organización del PSOE junto a un rústico portero de discoteca adicto a las gambas.

Para la Toma de la Moncloa que las castas hispanas han decretado como causa nacional, estos casos de corrupción son una oportunidad que no piensan desaprovechar. Entre otras cosas porque de esa forma, en la compañía de revista de la política ficción en que andamos no se programará el espectáculo de corrupciones que les salpica de lleno. Como en los titulares no caben frases largas, los casos pendientes de corrupción del PP se descuelgan de la actualidad y ya nadie recuerda los casi cincuenta millones de euros que recaudó la trama liderada por el exministro Montoro a cambio de legislar a medida de las empresas que pagaban a Equipo Económico, Todo ello pendiente de juicio. De unos jueces, peinados unos y despeinados los otros, hilvanados por el mismo hilo de los intereses de casta, de una textura parecida al hilo de la corrupción, y en los que pese a todo, el pueblo llano no tienen más remedio que confiar.

Los "portagritos", que no voces, de PP-VOX (Tanto Monta) compondrán titulares, lanzarán bulos, mentirán a dos carrillos y confiarán en que la inveterada ignorancia de las mayorías asuman el descredito democrático y la deriva hacia el corporativismo que dictan las cleptocracias planetarias. España empieza a ser una franquicia del totalitarismo global.

En el caso de Aragón, lo que se empezó a investigar como Caso Leyre se ha convertido en Caso Forestalia y cabe la esperanza de que, a través del trabajo de la UCO, se pueda refrendar lo que por otra parte, los colectivos del "Aragón si, pero no así", llevan años manifestando en los escasos medios que se han hecho eco, en los órganos de participación a que asisten o en las comisiones parlamentarias creadas con la misma intención del vodevil político al uso, que no es otra que la destrucción del contrario sea como sea.

Hubo tiempos en que hasta se hablaba de gestión de lo público. Ahora lo "publico" se pone al lado de la "privado" con una "colaboración" de por medio y todos felices.

Si algo se ha puesto de manifiesto en todos estos años en que una parte del tejido social aragonés se ha mostrado crítico con la implantación de las energías renovables, es que los partidos que han tenido responsabilidad de gobierno han sido coparticipes en la asunción de la imposición empresarial que Forestalia ha ejercido en todas las administraciones. El caciquismo sempiterno que representa su presidente no es extraño a los políticos aragoneses. Es su mismo caldo, un caldo social del que se alimentan muchos. Unos porque están en nómina de la empresa y otros porque directa o indirectamente se benefician de un clima propicio. Sea alcaldes de pueblo o exdiputados de la Aljafería.

Sería buena noticia que la difusión del trabajo de las fuerzas de seguridad del estado ayudaran en la construcción de una sociedad más plural, más crítica y democrática. Una sociedad que entendiera que la corrupción, como el machismo, es transversal al cuerpo social y que caer en el "y tu más" es un ejercicio de cinismo lamentable. Pero mucho nos tememos que, con tantos siglos de cultura de la corrupción, las noticias de estos días, que han sensibilizado hasta los medios más conservadores, no vayan a resultar más que una rareza informativa cuando alguien mire la realidad aragonesa de hoy como nosotros miramos al tiempo de la Reina Gobernadora o del Marqués de Salamanca.

"El poder no corrompe. El miedo corrompe, tal vez el miedo a perder el poder", John Steinbeck.

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