Tokio cierra sus juegos: los del silencio, pero también de la empatía, la resilencia y los cuidados

Los XXXII Juegos Olímpicos nos dejan una inyección de vitalidad cargada de abrazos, solidaridad, sororidad y resistencia en tiempos de COVID. Simone Biles, por algo más trascendente que unas medallas; la lanzadora de peso y activista LGTBIQ Raven Saunders; Quinn, primera persona transgénero no binaria en ganar una medalla, son protagonistas de Tokio 2020 que baja el telón para dar paso a París 2024. 

Imagen de la ceremonia de clausura de Tokio 2020.

Los de Tokio han sido los Juegos Olímpicos de la pandemia -con 430 contagios notificados entre atletas-, los de las gradas vacías, los del silencio. Pero en sus 16 días de competición han roto la maldición para convertirse también en los Juegos de las sonrisas, los abrazos, la emotividad, la deportividad, el compañerismo, la solidaridad, la empatía, la sororidad, la resistencia, la resilencia y los cuidados. Una inyección de vitalidad tras los duros meses de pelea contra el COVID, una lucha que no cesa todavía, que mantiene a Japón en estado de emergencia y a todo el planeta en alerta.

Los Juegos son, ni más ni menos, un negocio, pero también un buen escaparate para la reivindicación, un escenario idóneo para visibilizar luchas silenciadas. En 1936, en los infames Juegos de la Alemania nazi, Jesse Owens tumbó el mito ridículo de la supuesta superioridad de la raza aria. Su gesta no le valió para seguir sufriendo el racismo en su casa, en los Estados Unidos. Y tres décadas más tarde, en México 1968, los puños en alto de Tommie Smith y John Carlos exigían derechos civiles para la población afroamericana, eran los años de la explosión del Black Power. En Sidney 2000, la atleta Cathy Freeman, nieta de la "generación robada", aquellas niñas y niños aborígenes secuestrados de sus familias por el Gobierno australiano para imponerles la cultura anglosajona, un pueblo convertido en extranjero en su propia tierra, fue la encargada de encender el pebetero.

Los de Tokio 2020, que llegaron en 2021 y con un 80% de la población nipona en contra, iban a ser los Juegos de Simone Biles. Y lo han sido. No por sus medallas, sino por algo mucho más trascendente: poner en el debate público la salud mental, la presión, la depresión, la ansiedad y la necesidad de los cuidados en el deporte de élite, y en todos los ámbitos de la vida. La gimnasta estadounidense ha dado la cara, como la ha dado Raven Saunders. Esta activista LGTBIQ ganó la plata en lanzamiento de peso y, en el podio con su medalla, hizo la 'X', en un gesto que une a todos los colectivos oprimidos del mundo, algo que no gustó al COI. Como tampoco gustó el gesto del judoka argelino, Fethi Nourine, contra el apartheid israelí y en solidaridad con el Pueblo palestino. Quinn, la primera persona transgénero no binaria en ganar una medalla olímpica, la de oro en fútbol con Canadá, y Laurel Hubbard, la primera halterofilista transgénero, son otros nombres propios que nos dejan estos Juegos, en los que por vez primera todos los deportes (33) han tenido representación de mujeres, con un total de 5.400, un 49% del total de atletas. Aunque menos rápido, menos fuerte y menos alto de lo deseado, algo está cambiando.

Quinn, Biles y Suanders, protagonistas de Tokio 2020.

En lo estrictamente deportivo, EEUU ha vuelto a ganar el medallero con 39 oros, 41 platas y 33 bronces, seguida de China, Japón, Gran Bretaña y Rusia, entre los 86 comités que han sumado alguna presea. Entre ellos, algunos que se estrenan como San Marino, Turkemenistán y Burkina Faso, o Kosovo que ha sumado sus dos primeros oros, ambos en judo. En atletismo se han batido tres récords mundiales en el Estadio Olímpico con la venezolana Yulimar Rojas, el noruego Karsten Warholm y la estadounidense Sidney McLaughlin, además de 12 olímpicos. Rusia ha rememorado las hazañas de la Unión Soviética en la gimnasia por equipos, donde también fueron protagonistas Sunisa Lee, Daiki Hashimoto y la uzbeka Oksana Chusovitina, ovacionada en su retirada a los 46 años y en sus octavos Juegos Olímpicos. En rítmica, Bulgaria se ha colgado el oro rompiendo la hegemonía de las rusas que habían dominado desde Sidney 2000. La piscina ha sido para Australia y EEUU pero China se mantiene como dueña de los saltos rozando la perfecciónFrancia ha logrado la doble corona olímpica de balonmano tras destronar a Dinamarca y Rusia; EEUU lo ha ganado todo en el baloncesto de Tokio, en el último baile de los Gasol, Scola y Vasić; Fiji y Nueva Zelanda han pateado mejor el balón oval; Japón se ha hecho fuerte en el judo disputado en el imponente templo de las artes marciales, el Nippon Budōkan; la austríaca Anna Kiesenhofer, el ecuatoriano Richard Carapaz, la neerlandesa Annemiek van Vleuten y el esloveno Primož Roglič han rodado más rápido en la carretera y Gran Bretaña, Países Bajos y Dinamarca en el velódromo.

Tokio ha sido el escenario para el estreno del skate, que en su primera aparición olímpica ha acabado deslumbrando al mundo por sus valores, un deporte urbano y contracultural estigmatizado durante décadas que ha dejado el podio más joven de la historia; del surf -con el brasileño Ítalo Ferreira y la hawaiana Carissa Moore como primeros medallistas de oro- y la escalada. Todo, en busca de enganchar a un público más joven. También del regreso del béisbol y sóftbol, dominado por Japón, y del efímero debut del karate.

La única medalla para la representación aragonesa ha llegado del fútbol, la plata conseguida por Jesús Vallejo, la undécima de la historia. Begoña García, en hockey, y Cristina Ouviña, en baloncesto, alcanzaron los cuartos de final. Pablo Abián, al igual que en sus tres anteriores citas olímpicas, cerró su participación en bádminton en la fase de grupos. Un debutante Carlos Mayo terminó en una meritoria 13ª posición en la final de los 10.000 metros. La delegación vasca ha tenido en Maialen Chourraut a su máximo exponente. Galiza también ha cosechado un gran premio, de la mano de la saltadora Ana Peleteiro, bronce en longitud. Ellas dos, junto a Ray Zapata y el extremeño Alberto Ginés -primer campeón olímpico en escalada-, han sido ignoradas por Vox. Pero el desprecio de la ultraderecha no les va a quitar el sueño.

Tokio baja el telón y apaga la llama, al menos hasta el 24 de agosto cuando arranquen los Paralímpicos. En estas más de dos semanas, 11.500 deportistas de 205 comités, incluido el Equipo de Refugiadas y Refugiados, han saltado a las pistas, pabellones y estadios tras años preparando la cita. Algunas han cumplido sus sueños, el resto tendrá que esperar, aunque un poco menos de lo habitual, otros tres años. La capital francesa toma el relevo. En 2024, justo 100 años después de su segunda Olimpiada, habrá nuevos deportes, como el break dance, y otros desaparecen incomprensiblemente, como el karate. Aunque eso ya es otra historia... Hasta entonces, los focos se apagan y la gran mayoría de deportes y deportistas olímpicos serán olvidados. Tokio ya es pasado. Pero como le dijo Rick a Elsa: siempre les quedará París.


Durante los Juegos Olímpicos hemos contado alguna anécdota, algo de historia, un poco de reivindicación, crónicas deportivas y contracrónicas para intentar llegar a la otra cara del deporte. Aquí encontrarás todo lo publicado sobre Tokio 2020.

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