Aunque es obligada la cautela, al Estado israelí le han caído tres jarros de agua fría de forma consecutiva. Primero, Gran Bretaña anunció que suspendía el proceso de negociación de un acuerdo comercial con la entidad colonial. Después, el Parlamento español dio luz verde a la toma en consideración de una modificación legal que permitiría un embargo total de armamento a Israel. Por último, el Consejo de la Unión Europea acordó una revisión del acuerdo de asociación con el estado sionista.



























