Purín, cobre, viento y sol: esta tierra es Aragón (Parte 1)

Primera parte de un artículo sobre la situación de extractivismo energético en la que se encuentra actualmente Aragón. Reflexiones sobre el aluvión de solicitudes de parques eólicos en comarcas de Teruel, sobre las líneas de alta potencia del Pirineo y sobre el modelo tanto energético como de territorio que estos proyectos representan. La búsqueda de beneficio de unas pocas empresas se pone por encima del destino de regiones enteras, ya muy castigadas por la despoblación y la falta de servicios, con proyectos que aportan poco o nada a sus habitantes. Reivindicamos la urgencia de avanzar en una transición ecológica con cambios estructurales en favor de la mayoría social, una que ponga en el centro las soberanías.

Foto: Martín Lallana

Campos baldíos en un planeta en llamas

El cambio climático y la crisis ecológica son una realidad que se va a acentuar y mostrar cada vez con más dureza en los próximos años. En un territorio como Aragón, el aumento de las temperaturas y las variaciones en los fenómenos meteorológicos van a tener un gran impacto. La probabilidad de sufrir una ola de calor en 2019 fue cinco veces mayor con respecto a hace un siglo, con unas temperaturas 4ºC superiores. Además, el 2019 fue el año hidrológico más seco de este siglo.

Se estima que Aragón perderá el 20 % de los cultivos de secano durante los próximos 25 años [1]. Así mismo, la tendencia al monocultivo incrementa la vulnerabilidad frente a eventos climáticos disruptivos. Podemos afirmar que el sector agrícola, tan importante para Aragón, será uno de los más afectados por el cambio climático. Se prevé una disminución en el rendimiento de las cosechas debido a episodios meteorológicos extremos y a otros factores como plagas y enfermedades.

En cuanto a emisiones de gases de efecto invernadero, Aragón representó el 4,6 % de las emisiones totales del Estado español en 2016. Sin embargo, la población aragonesa representa únicamente el 2,8 % del conjunto del estado. Esto significa que el indicador de emisiones/habitante resulta un 64,4 % superior al nivel estatal. Este mayor porcentaje de emisiones por habitante se debe a las características del modelo económico aragonés, donde el sector agroganadero y el de procesado de la energía tienen un mayor peso que el del conjunto estatal [2].

Agricultura y energía para la transición

Cuando analizamos el reparto de las emisiones históricas de los países industrializados, vemos cómo estas se han ido desplazando fuera de sus fronteras. Deslocalizando las empresas se ahorran costes laborales, la contaminación derivada tiene lugar a miles de kilómetros y las emisiones ni siquiera aparecen como propias del país que consume esos productos. Las ganancias se mantienen localizadas, mientras los efectos negativos de la producción se trasladan a las periferias.

Lo que aquí observamos es cómo también se ha repetido esta dinámica dentro de los mismos países industrializados. Países como Aragón juegan un papel de periferia dentro del corazón de la bestia capitalista. Dos factores clave para esta caracterización son el peso del sector agroganadero y el de la energía. Una tierra que alimenta y provee de energía fuera de sus fronteras, para el beneficio económico de una pequeña élite económica.

Presas, pantanos, embalses e hidroeléctrica. Minas, carbón y térmicas. Desde mitades del siglo XX se estableció un modelo energético para Aragón orientado a aprovechar los recursos, sin respetar el territorio, orientado a transportar la energía producida a otras zonas más industrializadas. Alfalfa, cebada, maíz y cerdos. Trenes de soja, almendras y frutales. Un sector agroganadero cada vez más intensivo, cada vez más secuestrado por la política de precios de grandes superficies, cada vez más dominado por un puñado de empresas, cada vez más orientado a la exportación, cada vez más maniatado por tratados internacionales y por la PAC, y cada vez menos preparado para afrontar el cambio climático y la crisis ecológica.

Aragón necesita afrontar cambios estructurales profundos para lograr una transición ecológica real. Una transición ecológica que disminuya las emisiones, que reduzca los impactos de nuestras actividades sobre el medio del que dependemos, que se adapte a los cambios en el clima que se van a dar con cada vez más intensidad. En este sentido, estos dos sectores juegan un papel clave para lograrlo. Podemos renunciar a muchas cosas innecesarias en esta transición ecológica, pero no a los alimentos ni a la energía, que deben estar presentes y en primer plano. Sin embargo, no cualquier canto de sirena pintado de verde nos vale y, desde luego, deberemos desconfiar de aquellas empresas responsables de expoliar nuestro territorio y que ahora se presentan como salvadoras ecológicas.

La falsa transición ecológica como consenso

Hace apenas una década, hablar de transición ecológica y energética era algo que solo sonaba en esferas muy reducidas de la sociedad. Sin embargo, hoy en día, las principales grandes empresas proyectan grandes palabras a este respecto: descarbonización, economía circular, renovables, sostenibilidad. Todos estos son términos que podemos encontrar en la web de cualquier empresa energética.

Este cambio no se debe ni a una brusca concienciación ecologista de estas empresas ni únicamente a una estrategia de marketing nacida de una “moda pasajera”. Se trata, más bien, de la orientación hacia un sector que se abre ante ellas como oportunidad de negocio para reflotar unos libros de cuentas que tienen cada vez más dificultad para lograr las tasas de beneficios del pasado. Pero este movimiento no nace exclusivamente de estas empresas, sino que es amparado e impulsado por grandes instituciones como la Unión Europea, así como gobiernos estatales y territoriales. La “transición ecológica como consenso” es, en definitiva, una tabla de salvación para un capitalismo en crisis, y el problema, desde luego, es que lo que se nos presenta como transición ecológica ni resuelve o alivia la crisis ecológica ni va en favor de la mayoría social, más bien al contrario [3].

Por este motivo, cuando vemos el manto de este engaño caer sobre nuestro territorio, no existe otra opción más que señalar, visibilizar y combatir. A día de hoy, podemos afirmar que existe una transición energética que ya está llevándose a cabo. Por tanto, lo que toca disputar es el cómo se desarrolla. Disputar por el modelo de territorio que nos va a quedar. Disputar para que vaya en favor de las clases populares en lugar de aumentar el poder de unos ricos cada vez más ricos.

Cambiar las fuentes energéticas de Aragón para que nada más cambie

Como ya hemos mencionado, Aragón ha sido históricamente un país con una producción energética orientada a su aprovechamiento en otros lugares. Esto coincide con el modelo energético que tradicionalmente se ha desarrollado bajo los combustibles fósiles: grandes centrales de generación de energía a partir de las cuales esta se transporta en forma de electricidad.

Sin embargo, cuando hablamos de las tecnologías de aprovechamiento de fuentes de energía renovable, nos encontramos con que presentan un potencial de cambio en el modelo energético. Este tipo de tecnologías permiten, en efecto, descentralizar, distribuir y democratizar en mayor medida la producción de electricidad. Nadie se plantearía construir una central térmica de carbón en su patio para cubrir la demanda eléctrica de su edificio. Ninguna comarca o agrupación de ayuntamientos se plantearía montar una central nuclear para abastecer de energía a sus vecinas. Pero, estas cosas sí que resultan posibles con placas solares o aerogeneradores.

Al ver cómo se desarrollan las cosas, nos preguntamos ¿por qué se replica el mismo modelo de grandes infraestructuras en lugar de aprovechar el potencial de unas energías mucho más distribuidas? Durante los últimos meses hemos visto cómo Aragón recibía un aluvión de solicitudes para la construcción de nuevos parques eólicos y solares [4]. Así mismo, desde hace unos años se han reactivado los viejos planes de Red Eléctrica de España (REE) para construir y repotenciar varias líneas de alta tensión por diferentes puntos del Pirineo con el fin de aumentar la interconexión eléctrica con Francia [5]. En definitiva, estos proyectos pretenden cambiar las tecnologías fósiles por las renovables y alcanzar una mayor electrificación con el propósito de aumentar los beneficios de estas empresas y perpetuar el mismo modelo de extractivismo energético sobre Aragón.


Referencias:

[1] Eduardo Robaina (03/07/2020). “Campos secos, campos muertos: el sector agropecuario ante la crisis climática”. Climática. Recuperado de: https://www.climatica.lamarea.com/campos-secos-campos-muertos-el-sector-agropecuario-ante-la-crisis-climatica/

[2] Estrategia Aragonesa de Cambio Climático - Horizonte 2030. Gobierno de Aragón. https://www.aragon.es/-/estrategia-aragonesa-de-cambio-climatico-eacc-.-horizonte-2030

[3] Martín Lallana (14/02/2020). “Transición ecológica como consenso, el escondite de los monstruos”. Viento Sur. Recuperado de: https://vientosur.info/transicion-ecologica-como-consenso-el-escondite-de-los-monstruos/

[4] AraInfo Redacción (24/09/2020). “La pandemia eólica en Aragón: 75 nuevos aerogeneradores en una zona de importancia crítica para miles de aves protegidas”. AraInfo. Recuperado de: https://arainfo.org/la-pandemia-eolica-en-aragon-75-nuevos-aerogeneradores-en-una-zona-de-importancia-critica-para-miles-de-aves-protegidas/

[5] AraInfo Uesca (18/08/2020). “La DGA autoriza “los primeros pasos” de la “autopista eléctrica” que partirá el Pirineo aragonés”. AraInfo. Recuperado de: https://arainfo.org/la-dga-autoriza-los-primeros-pasos-de-la-autopista-electrica-que-partira-el-pirineo-aragones/

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