Un comportamiento miserable

La primera acepción que la RAE da a la palabra miserable es: ruin o canalla. Y precisamente esa idea, la de la ruindad ejercida desde el poder político contra personas vulnerables atraviesa toda la actuación que han mantenido los responsables del PP del Estado español y de Canarias y de Vox, ante el problema del crucero MV Hondius. Porque cuando una crisis sanitaria exige serenidad, cooperación y humanidad, convertir el miedo en herramienta política constituye un comportamiento miserable. Está comprobado que la infección por hantavirus en América puede evolucionar hacia un síndrome cardiopulmonar (SCPH) provocando hasta un 50% de mortalidad …

La primera acepción que la RAE da a la palabra miserable es: ruin o canalla. Y precisamente esa idea, la de la ruindad ejercida desde el poder político contra personas vulnerables atraviesa toda la actuación que han mantenido los responsables del PP del Estado español y de Canarias y de Vox, ante el problema del crucero MV Hondius. Porque cuando una crisis sanitaria exige serenidad, cooperación y humanidad, convertir el miedo en herramienta política constituye un comportamiento miserable.

Está comprobado que la infección por hantavirus en América puede evolucionar hacia un síndrome cardiopulmonar (SCPH) provocando hasta un 50% de mortalidad en los casos más graves o, en Europa, hacia una fiebre hemorrágica con síndrome renal, pudiendo provocar hasta un 15% de mortalidad sin haberse comprobado, en los casos europeos, la transmisión de persona a persona. En la mayoría de los brotes conocidos hasta ahora los distintos vehículos de transmisión son el contacto o inhalación de productos de roedores contagiados por el virus y la transmisión de persona a persona solo se ha comprobado en casos producidos en América.

Las noticias que tenemos, hasta ahora, sobre los casos producidos en el crucero arrojan resultados que producen desconcierto dado que algunas de las personas contagiadas no han tenido relaciones estrechas con las personas infectadas. Pero es muy difícil establecer el posible origen de los contagios por diversas razones entre las que puede contarse que el periodo de incubación puede llegar hasta 45 días en el transcurso de las cuales pasajeros desembarcaron en diversas ciudades. Precisamente por esa incertidumbre sanitaria resulta muy grave la utilización política del miedo y la agitación irresponsable promovida desde determinados sectores de la derecha.

Sea cual sea la situación producida en el barco la única actitud éticamente aceptable es la de prestar al barco y a su pasaje y tripulación toda la ayuda posible, tanto técnica como humanitaria y no solo por estas personas sino por la posibilidad de su diseminación entre la población que entre en contacto con las personas afectadas o con los materiales del barco contaminados. Frente a una emergencia de este tipo, la obligación moral y política es actuar con responsabilidad, lo miserable es hacer exactamente lo contrario: sembrar alarma, rechazo y abandono.

Por ello las actuaciones para tratar a las personas afectadas y para prevenir la posible diseminación entre personas (149 personas a bordo, de 23 países distintos de Europa, América, Asia y Oceanía) y la desinfección del barco es asunto extremadamente complejo. Requieren rigor científico, coordinación internacional y una enorme capacidad logística. Pero también exigen altura ética y sentido humanitario, dos elementos ausentes en quienes han preferido utilizar la situación para alimentar discursos de miedo y exclusión.

A petición del Secretario General de la OMS al gobierno del Estado español para que el barco y su compleja problemática fuese aceptado en nuestro país, en las islas Canarias dada su ubicación atlántica y la proximidad a las islas de Cabo Verde, la respuesta del gobierno fue inmediata y taxativa aceptando la petición de la OMS. Así el actual gobierno actuaba correctamente y se hacía realidad lo que era universalmente aceptado en la “ley del mar” para ayudar a quienes lo necesiten y el ejercicio de la solidaridad para las personas que se encuentren en situaciones difíciles. Allí donde unos veían seres humanos necesitados de ayuda, otros solo vieron una ocasión para el oportunismo político.

Desde ese momento el gobierno ha desplegado una notable e intensa actividad en muy diversos frentes: asegurar el fondeo, atender a las personas afectadas en el barco, asegurar su evacuación a tierra disponiendo de los respectivos aviones para trasladar a las personas embarcadas a sus países de origen, asegurar el traslado e inmediata asistencia sanitaria a las personas españolas, desinfectar todas las dependencias del barco. Para ello es necesario coordinarse con los gobiernos de 23 países de 4 continentes, con las empresas aeronáuticas de 22 países, recabar la mayor y mejor información científica sobre todo ello, desarrollar una estrategia de información pedagógica y transparente a la ciudadanía y de numerosos medios materiales y profesionales para realizar todo ello.

Por lo que sabemos hasta el momento el gobierno español está asumiendo con responsabilidad y presteza todo ello dando ejemplo a todo el mundo de una impecable actitud solidaria y de un gran despliegue de medios técnicos y humanos.

Por el contrario la actitud de los responsables del PP del Estado español y de Canarias y de Vox ha sido lamentable intentando que el barco no fuese atendido en nuestro país condenando así a pasaje y tripulación a un futuro totalmente incierto, a la deriva, entre los que se encuentran 14 personas españolas haciendo gala de un comportamiento miserable, ruin, canalla, como decíamos al inicio, intentando, además, que esta actitud se propague entre diversos sectores de población como los trabajadores portuarios de Canarias.

Porque cuando se abandona a personas enfermas por cálculo partidista, cuando se desprecia la solidaridad internacional, cuando se intenta enfrentar a trabajadores y ciudadanía contra quienes necesitan ayuda, cuando se convierte una emergencia sanitaria en una campaña de agitación política, se incurre en una actitud profundamente miserable, ruin y canalla, como decíamos al inicio.

¿Qué pasaría si hiciesen lo mismo los trabajadores sanitarios o lo hubiesen hecho durante la pandemia de la COVID? La respuesta resulta tan obvia como inquietante.

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