Un año después del desarme del PKK: el movimiento kurdo acusa a Erdogan de congelar el proceso de paz

La dirección del Movimiento Apoísta denuncia que el Estado turco no ha dado pasos legales reales tras la disolución del PKK y reclama reconocer oficialmente a Abdullah Öcalan como interlocutor político para desbloquear las negociaciones. Desde Qandil advierten de que el proceso está “congelado” y alertan de que exigir el desarme total sin garantías jurídicas supondría una “imposición de rendición”.

Jóvenes kurdos con carteles con el retrato de Abdullah Öcalan en Diyarbakir | Foto: Centro Info Kurdistán

Un año después del histórico XII Congreso del PKK en el que la organización decidió disolverse y poner fin a la lucha armada contra Turquía, el Movimiento de Libertad Kurdo denuncia que el proceso de negociación abierto tras el llamamiento de Abdullah Öcalan permanece bloqueado por la falta de voluntad política del Gobierno de Recep Tayyip Erdogan.

La dirección del Movimiento Apoísta —vinculada a la KCK, estructura política del movimiento kurdo— compareció el pasado 5 de mayo en las Zonas de Defensa de Medya para hacer balance del proceso iniciado tras el llamamiento de Öcalan del 27 de febrero de 2025. En la rueda de prensa, recogida por ANF, participaron Mustafa Karasu y Sozdar Avesta, integrantes de la dirección de la KCK, quienes insistieron en que el movimiento ha cumplido “sin vacilaciones” todos los compromisos adquiridos, mientras Ankara continúa sin adoptar medidas legales concretas.

“El PKK tomó la decisión de disolverse y poner fin a la lucha armada contra Turquía. Nuestro movimiento ha dado pasos gigantescos para abrir el camino a una solución democrática”, afirmaron. Entre esos pasos citaron el alto el fuego unilateral declarado el 1 de marzo de 2025, la retirada de fuerzas guerrilleras fuera de las fronteras turcas, la evacuación de posiciones en Medya y la quema simbólica de armas protagonizada el 11 de julio de 2025 por Besê Hozat y una treintena de guerrilleras y guerrilleros.

Sin embargo, desde Qandil aseguran que el Gobierno turco mantiene el proceso “en el congelador”. La dirección apoísta considera que la comisión parlamentaria anunciada por Erdogan no ha servido para avanzar y denuncia que ni siquiera se ha implementado el informe elaborado por dicha comisión.

“Solo habrá progreso cuando Öcalan pueda trabajar en libertad”

El núcleo del conflicto sigue siendo el estatus de Abdullah Öcalan, encarcelado desde 1999 en la prisión-isla de Imrali. La dirección del movimiento insiste en que el líder kurdo debe ser reconocido como interlocutor político oficial y poder desarrollar su labor “en condiciones libres”.

“Solo podremos hablar de progreso en el proceso cuando el estatus de Rêber Apo [Abdullah Öcalan] sea aclarado y pueda trabajar en condiciones libres”, señalaron en su declaración.

Según explican, el proceso de negociación no puede avanzar mientras Öcalan continúe sometido a aislamiento y sin capacidad real de interlocución. “Nuestro principal negociador y conductor del proceso es Önder Apo [Abdullah Öcalan]”, remarcaron.

La posición coincide con las declaraciones recientes de Murat Karayılan, miembro del Comité Ejecutivo del Centro de Defensa Popular, quien calificó de “anormal” la falta de reuniones con Öcalan y aseguró que el proceso de paz está actualmente “congelado”.

Karayılan advirtió además de que entregar las armas sin garantías jurídicas supondría “una locura” y rechazó el planteamiento defendido por sectores del poder turco de “primero el desarme total y luego los derechos”.

“El enfoque de ‘entreguen todas las armas y luego daremos un paso’ es una imposición de rendición”, afirmó.

El dirigente kurdo insistió en que el problema no puede reducirse únicamente a la cuestión armada, sino que afecta a “un conflicto de cien años” relacionado con la negación histórica de la identidad kurda en Turquía.

Guerra psicológica y cálculos electorales

Abdullah Öcalan, en el centro de la imagen en su primera fotografías en varios años, junto a la delegación del partido DEM, en la isla-prisión de Imrali, donde leyó la histórica declaración | Foto: Centro Info Kurdistán

Desde medios próximos al movimiento kurdo se acusa al AKP y a la prensa afín al Gobierno de Erdogan de impulsar campañas de “guerra psicológica” para presentar a Qandil como un sector enfrentado a Öcalan. Según el análisis difundido por el Centro de Información de Kurdistán, el Ejecutivo turco intenta transmitir la idea de que el PKK se resiste al proceso iniciado desde Imrali, pese a que la guerrilla ha ejecutado todas las decisiones adoptadas por Öcalan.

El texto sostiene que la verdadera resistencia proviene de lo que define como el “Estado fuera de la norma”, sectores profundos del aparato estatal que continúan apostando por la negación y la destrucción del movimiento kurdo, mientras Erdogan prioriza sus “cálculos electorales”.

En este contexto, el Partido DEM intenta mantener abiertas las vías de negociación con el AKP, el MHP de Devlet Bahçeli y los partidos de la oposición. Sin embargo, el movimiento kurdo considera que el papel del DEM ha quedado reducido a una función de intermediación y que ni Qandil ni el partido prokurdo están siendo reconocidos plenamente como partes legítimas de la negociación.

Un conflicto con dimensión geopolítica

La evolución del proceso kurdo tiene implicaciones mucho más allá de Turquía. Durante décadas, el PKK y las organizaciones vinculadas al movimiento de liberación kurdo han sido actores centrales en la geopolítica de Oriente Medio, especialmente en Siria e Irak.

Las milicias kurdas fueron una pieza decisiva en la derrota territorial del Estado Islámico, particularmente a través de las YPG y las YPJ en Rojava, donde el movimiento impulsó estructuras de autogobierno basadas en el confederalismo democrático desarrollado por Öcalan: un modelo político centrado en el municipalismo, la liberación de las mujeres y la convivencia entre pueblos.

Karayılan vinculó además el actual momento político con las guerras regionales y las disputas hegemónicas en Oriente Medio, defendiendo la llamada “tercera vía” del movimiento kurdo frente a los bloques estatales enfrentados.

Mientras tanto, la cuestión kurda sigue atravesando las relaciones entre Turquía, Siria, Irán e Irak, así como las estrategias de Estados Unidos, Rusia y la OTAN en la región. El futuro del proceso de paz podría redefinir parte del equilibrio político en Oriente Medio.

Porque un año después de la disolución del PKK, la pregunta sigue siendo la misma: si el movimiento kurdo ha dejado las armas, ¿está dispuesto el Estado turco a abandonar también la lógica de la guerra?

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