Hablemos de trombos: AstraZeneca, la píldora anticonceptiva y los cuerpos que importan menos

Ahora que todo el mundo se lleva las manos a la cabeza con los efectos negativos de la vacuna contra el COVID-19, en este artículo nos llevamos las manos a los ovarios. Quienes utilizan métodos anticonceptivos hormonales multiplican por tres las posibilidades de trombo, y esto solo es el principio.

trombos
Foto: Reproductive health supplies coalition (Unsplash).

Unos seis millones de personas en la Unión Europea se han vacunado con Astrazéneca, de todas ellas 30 han sufrido episodios de trombos, 11 de ellas en los senos venosos cerebrales. Tres en el Estado español, según los datos de la Agencia Español de Medicamentos y Productos Sanitarios.

Tanto la farmacéutica como las diferentes agencias de medicamentos se han apresurado a desmentir que sea preocupante el número de casos y se han lanzado a la carrera para tranquilizar a la población, sobre toda a aquella que ya tiene la vacuna circulando por su cuerpo.

Mientras muchos (en masculino) se apresuran a enumerar los peligros de algo tan cotidiano como un paracetamol, a otras nos viene a la cabeza el prospecto y la lista de contraindicaciones de la píldora anticonceptiva que bien podrían ser publicadas en varios tomos.

Y es que en un momento en el que todo el mundo se lleva las manos a la cabeza con la vacuna de AstraZeneca, aquí se va a hablar de los cuerpos que importan menos, de los que conviven día a día con una bomba hormonal. Un poco de luz y algo de balance en forma de datos y estudios científicos sobre las posibles consecuencias, entre ellas las estrellas actuales del panorama sanitario: los trombos.

Tres veces más

Empezaremos por aquí, por el tromboembolismo venoso y arterial. No hace falta indagar mucho, el mismo prospecto tiene su propio apartado en el que advierte de que “el uso de cualquier píldora combinada, incluido Levonorgestrel/Etinilestradiol STADA, aumenta el riesgo de desarrollar una trombosis venosa (formación de un coágulo de sangre en un vaso) en comparación con una mujer que no tome ninguna píldora anticonceptiva”.

El riesgo aumenta con la edad, el sobrepeso, los antecedentes familiares, si fumas, si tienes la presión alta, migrañas o problemas de corazón. Esto solo para evitar las trombosis, luego están los “otros” posibles efectos adversos como el cáncer de mama o la depresión. Si nos ponemos a hablar de cifras, 1 de cada 10 personas que toman cada día la píldora anticonceptiva pueden sentir, además, dolor de cabeza, náuseas, dolor abdominal, mamas dolorosas, sensibilidad en las mamas, aumento de peso o erupción cutánea. Casi nada.

Si echamos un vistazo a la Guía de Práctica Clínica de Anticoncepción Hormonal e Intrauterina del Ministerio de Sanidad no tiene pérdida porque dedica todo un apartado a los posibles problemas cardiovasculares de los métodos anticonceptivos hormonales.

Los diferentes estudios y sus respectivas revisiones apuntan que el uso de anticonceptivos hormonales aumenta el riesgo de sufrir un evento tromboembólico hasta tres veces. Entre las recomendaciones que este documento hace al personal sanitario se encuentra el de valorar en cada caso el riesgo de tromboembolismo y que se informe tanto de los beneficios como de los riesgos de sufrir trombos. Además, de hacer un seguimiento del tratamiento y de los posibles síntomas para prevenir la aparición de trombos.

La infranotificación de los incidentes

La pedagoga, investigadora y divulgadora del ciclo menstrual, Erika Irusta asegura que la píldora anticonceptiva es de algún modo el precio que pagamos por la libertad. Un precio que las farmacéuticas conocen bien. En 2014, Bayer destinó 1,8 millones de dólares para cubrir las 8.900 demandas (de EEUU) por las reacciones adversas que causan los anticonceptivos como Yaz, Yasmin, Ocella y Gianvi.

En agosto de 2020 el gigante farmacéutico acordó pagar 1.600 millones de dólares para resolver casi todas las demandas presentadas en Estados Unidos por el controvertido implante anticonceptivo Essure. Se calcula que unas 80.000 mujeres en el Estado español han utilizado o utilizan este implante, de los que se han notificado a la AEMPS 960 con problemas.

Sin embargo, una de las críticas recurrentes es la infranotificación de incidentes adversos, es decir que los síntomas se sufren en casa o el personal médico no relaciona estos síntomas con el método anticonceptivo.

¿Qué cuerpos importan?

Encontrar estudios científicos, datos fiables y ensayos clínicos con resultados consistentes sobre medicamentos y enfermedades propias de los cuerpos menstruantes es tan difícil como encontrar los seis horrocruxes de Voldemort o descifrar quien pudo ser M. Rajoy para la Fiscalía Anticorrupción.

Por ello, resulta complejo hacer una comparativa en términos absolutos entre la vacuna contra el COVID-19 y los métodos anticonceptivos hormonales. Para hacernos una idea, la Guía del Ministerio de Sanidad apunta que 15,4 mujeres de cada 10.000 que utilizan desogestrel como anticonceptivo hormonal sufren eventos tromboembólicos venosos. De 9 a 12 acaban en muerte.

La doctora Carme Valls Llobet ha dedicado su vida a visibilizar la mirada androcéntrica de la medicina y su libro ‘Mujeres invisibles para la medicina’ no ha perdido vigencia cuando asegura que “está costando mucho aceptar que, a causa de los estereotipos culturales, sociales y psicológicos, estamos invisibilizando los problemas de salud de las mujeres, cometiendo errores en el diagnóstico, realizando exploraciones que no conducen a un fin eficaz y recomendando tratamientos que pueden enfermar o acelerar las enfermedades que pretendíamos tratar".

Al hilo de estas palabras, Erika Irusta asegura en su libro ‘Yo menstruo’ que “detrás de cada decisión clínica y farmacológica, está la mirada y la mano del cuerpo que ostenta el poder. Por este motivo, es fundamental que siempre, siempre, enfoquemos nuestra lente desde nuestras necesidades y deseos reales, más allá de lo que nos han contado sobre nosotras. Necesitamos cada gota de nuestra química”.

Algunos links

Este artículo se queda corto y apenas da algunos titulares, en los enlaces se puede consultar información más detallada sobre cómo afectan los métodos anticonceptivos hormonales en la aparición de trombos, el cáncer de mama o la depresión. Tener información es el primer paso para tomar una decisión consciente sobre los fármacos que se toman, por eso tampoco estaría mal pasarse por las webs de proyectos como Vulva Sapiens o Gynepunk.

Aquí no hemos venido a demonizar los métodos anticonceptivos hormonales, este artículo solo es un ejercicio de transparencia, de poner en el centro de la discusión que algunos cuerpos importan menos cuando hablamos sobre los peligros y beneficios del uso de fármacos.

Ahora nos asusta AstraZeneca, y es normal, pero por poner un ejemplo de muchos, actualmente hay unas 100 millones de personas que utilizan métodos hormonales anticonceptivos que juegan con tres papeletas a la lotería del trombo.

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