El maltrato cotidiano

La semana pasada se promulgaba una ley para que los condenados por maltrato, violencia de género o violencia vicaria no pudieran ejercer como docentes o formadores en la educación pública o concertada. Seguro que a muchas les chocará ¿Pero es esto habitual? ¿No existía un control sobre este asunto? Por lo visto no. Y no saltó la liebre hasta que hace un par de años alumnas del IES Goya de Zaragoza descubrían que un profesor suyo estaba condenado gravemente por violencia de género y vicaria. Un maltratador que está dando clase ahora mismo y que llevaba años, tras ser condenado, …

La semana pasada se promulgaba una ley para que los condenados por maltrato, violencia de género o violencia vicaria no pudieran ejercer como docentes o formadores en la educación pública o concertada.

Seguro que a muchas les chocará ¿Pero es esto habitual? ¿No existía un control sobre este asunto?

Por lo visto no. Y no saltó la liebre hasta que hace un par de años alumnas del IES Goya de Zaragoza descubrían que un profesor suyo estaba condenado gravemente por violencia de género y vicaria. Un maltratador que está dando clase ahora mismo y que llevaba años, tras ser condenado, ejerciendo de profesor.

Poco después se tenía conocimiento de un caso similar en Ballears y, además, en la intrahistoria está las no-medidas tomadas por la Inspección educativa y el pasar de puntillas sobre el asunto por algunos padres/madres y profes. Quitar hierro al asunto.

Lo mismo de siempre. El no es para tanto. Y si nos seguimos metiendo por esa pendiente resbaladiza terminamos en mi marido me pega lo normal.

La lucha tenaz de colectivos de madres y alumnas, apoyadas por organizaciones feministas, ha conseguido poner luz al asunto y la cosa se ha traducido en ley.

No estamos hablando simplemente de que se impida a hombres agresores trabajar con la infancia, la ciudadanía más vulnerable, al igual que se da por hecho que un delito sexual impide el trabajo educativo de cualquier tipo.

Hablamos de que, en este caso, como en otros, si se trata de violencia de género o vicaria parece que sea como un asunto algo menor. Parte de lo cotidiano.

Esa misma semana se actualizaban los estudios sobre mujer y discapacidad y se confirmaba la terrible cifra de que un 80% de las mujeres discapacitadas han sufrido algún tipo de violencia de género. Una violencia que, en muchos casos, deja secuelas y, en muchos otros, ni tan siquiera se denuncia.

De este asunto tampoco se habla. De hecho algunas de sus víctimas ni tan siquiera están en disposición de denunciar y muchas de esas agresiones provienen del ámbito más cercano.

Una noticia más que se pierde en la marea de las informaciones pero que es una actualización de un estudio de 2019 tras el que el panorama sigue igual.

Otro asunto que resulta incómodo para los medios y del que rara vez se habla.

Que se ha avanzado en el asunto de la percepción de violencia de género y sexual es indudable. Que para buena parte de la sociedad, también hombres, ningún maltrato o agresión es tolerable.

Aún así, sigue habiendo una parte de la población callada, que incluso hace de menos el asunto. Tanto más preocupante cuando se trata de personas adscritas al sector de la formación de nuestras menores o cuando las agresiones suceden contra personas que no pueden defenderse. Dos aristas de un prisma muy complejo en el que la violencia contra las mujeres es lo común.

No es cuestión de condenar o castigar solo. Es dejar de mirar el maltrato como algo cotidiano, que sucede y que se arregla con un poco de buena voluntad.

Consiste en que desaparezca de todos los ámbitos, que tenga reproche social y que, al igual que se tiene claro que un padre que agrede no es un buen padre, alguien que pretender formar desde el maltrato, no puede ser un buen educador.


Acratorial semanal del programa El Acratador de Radio Topo, radio libre de Zaragoza.

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