Pilar Folk, el festival que Zaragoza nunca quiso cuidar

Entre el desdén institucional, la precariedad técnica y la dignidad de quienes siguen defendiendo la música tradicional, el Pilar Folk 2025 volvió a recordarnos que el folk sobrevive más por amor que por apoyo. El músico aragonés Miguel Ángel Fraile, de O’Carolan, voz autorizada por su extensa labor en la defensa y difusión de la música de raíz, lo resume con amargura: “Nos tratan como si fuéramos unos recién llegados a este mundo”.

Las Fiestas del Pilar siguen teniendo una deuda pendiente con su propia raíz. Mientras se multiplican los espectáculos de luces, los macroconciertos de radio fórmula o los montajes millonarios destinados a alimentar el relato oficial, la música tradicional aragonesa y el folk —esa mezcla entre memoria, territorio y contemporaneidad— continúan ocupando el espacio que sobra, los huecos, las sobras.

El Pilar Folk 2025, celebrado los días 6, 7 y 8 de octubre, volvió a ser ejemplo de ello: una muestra de talento y diversidad sostenida por artistas y público, pero ignorada por las instituciones que deberían protegerla.

Mercedes Peón: un akelarre feminista y político

El primer día arrancó con Mercedes Peón, una de las grandes figuras de la música gallega contemporánea. Su concierto fue una experiencia casi ritual: un akelarre de mujeres que, entre panderetas, loops y electrónica, llevaron la tradición gallega al siglo XXI.

En el escenario, Peón definió su propuesta como “música de autoestima cultural” y defendió abiertamente el transfeminismo, los derechos LGTBI y la necesidad de mantener vivas las lenguas y los saberes populares.

También hubo espacio para otras reivindicaciones: la artista mencionó explícitamente a Palestina —“igual para parar o xenocidio habería de parar o mundo”, dijo— y mostró su apoyo a las luchas ecologistas en Galiza con su ya célebre “Altri Non”, contra el macroproyecto contaminante de la multinacional portuguesa.

En un Pilar que abre escenarios a curas antiabortistas pagados con dinero público, escuchar a Peón fue como encender una hoguera de dignidad y memoria.

Folk en los huecos

El martes el protagonismo fue para los grupos aragoneses, con Araboas, Vegetal Jam y O’Carolan, pero el día acabó convertido en ejemplo perfecto de cómo el Ayuntamiento de Zaragoza trata al folk: como algo prescindible.

La actuación de O’Carolan tuvo que cortarse de forma brusca, pese a que la banda tenía preparada una sorpresa de cuatro minutos con músicos y músicas de distintas formaciones (y de paso, transmitir parte de este mal estar) y había tiempo más que suficiente para que comenzase el espectáculo de la Orquesta Reino de Aragón (3/4 de hora).

Fue Miguel Ángel Fraile, miembro de O’Carolan, quien tomó el micrófono para denunciarlo: reclamó “el espacio que el folk merece en las Fiestas del Pilar”, y criticó que se les concedan apenas los huecos que dejan otros espectáculos más mediáticos. “Nos tratan con mala educación, y muy poco respeto a los trabajadores de la música. Sin pruebas de sonido en condiciones y una regiduría que deja mucho que desear- No se puede tocar con alguien que te está recordando cada cierto tiempo cuanto falta para que te vayas del escenario-. Es una falta total de respeto”, contaba después a AraInfo.

Por la noche, relató también, Ana Alcaide fue expulsada apenas quince minutos después de terminar su actuación, cuando todavía estaba descansando después de un magnífico concierto “para cerrar el garito”, en sus propias palabras. “Estaban avergonzados con la falta de sensibilidad”. Sin entrar en detalles, siempre hablarán de que el folk aragonés está en la mejor plaza de la ciudad que es la del Pilar, pero la realidad es que no es así- Ni es la más idónea para los grupos que se programan, ni por supuesto son los horarios correctos para estas músicas. Las razones son otras bien distintas como aprovechar equipos montados para otras manifestaciones- en este caso, las Jotas- añade.

Un festival que nació de la pasión y del trabajo invisible

Las palabras de Fraile no son una queja puntual. En realidad, son la continuación de una historia que él conoce bien: la de un festival que durante dos décadas ha sobrevivido gracias a la pasión de sus artistas y a la fidelidad del público, pero que nunca ha recibido el reconocimiento institucional que merece.

En un texto escrito hace años, Fraile ya advertía de esa falta de visión cultural. Recordaba cómo en 2002 el Pilar Folk surgió para ofrecer un espacio coherente y digno a la música de raíz, en una Zaragoza donde la música tradicional se relegaba a plazas pequeñas, sin criterio y sin medios. Durante los primeros años, trabajó en la programación y coordinación con grupos aragoneses, estatales e internacionales, siempre desde la precariedad, pero con el apoyo de los técnicos municipales, logró llenar la plaza San Felipe noche tras noche.

“La respuesta del público fue enorme, pero la prensa no se hacía eco, y el Ayuntamiento de Zaragoza jamás permitió que el festival se consolidara fuera de las fiestas. Nunca se le dio el tratamiento de festival”, recordaba entonces.

Aquel texto ya contenía todas las claves del presente: la falta de respeto institucional, los recortes, los cambios de criterio político y la desvalorización de la cultura popular frente al entretenimiento de escaparate.

Dos décadas después, la denuncia de Fraile sigue siendo clara. “Jardín de Invierno: una gozada, con gente programando con talento y condiciones técnicas y económicas más que óptimas. Estación del Norte, lo mismo. Circo, malabares, teatro… todo con criterio y conocimiento. Pero el folk se queda en un escenario pensado para otros tipos de manifestaciones de las fiestas”.

El músico insiste en que el problema es estructural. La culpa no tiene que recaer en los técnicos del ayuntamiento. “La realidad es que envejecemos y no hay relevo, porque las nuevas generaciones no tienen un espejo claro donde mirarse. Si los grupos aragoneses tuvieran más visibilidad, surgirían otros nuevos con gente joven”.

Fraile plantea una propuesta concreta: una reunión con el Ayuntamiento para crear un espacio propio para el folk, con dotación económica suficiente y un equipo artístico con conocimiento real del sector. “En todos los festivales importantes del país hay alguien que sabe lo que programa específico en este tipo de músicas. Aquí no. Zaragoza se merece un festival al margen de las fiestas. Este año ha desaparecido Música en las Nubes, que aunque no era exactamente folk, era lo más parecido. Y siempre con nula ayuda institucional directa, pasando por un retorcido sistema de subvenciones donde cada año la ayuda era menor”, denuncia.

Las prioridades políticas del actual consistorio

Y su comparación final deja en evidencia las prioridades políticas del actual consistorio: “Mientras recortan en cultura popular, se gastan 500.000 euros en espectáculos de luces o 50.000 en un cura antiabortista. El agravio comparativo es demasiado grande”.

El miércoles, el festival cerró con Joaquín Pardinilla Sexteto —con músicos imponentes, con Puritani, que contaba con las colaboraciones de varios músicos de Joaquín Pardinilla así como de otras como el líder de Bladimir Ros— y con Ana Alcaide junto a Bill Cooley, en un viaje entre lo sefardí y lo nórdico.

Pese a los horarios imposibles, el público fiel volvió a llegar a la plaza, demostrando que hay ganas de otra forma de vivir las fiestas: más cercana a la tierra y al sonido que nos pertenece.

Porque el folk, en Aragón, sigue siendo eso: resistencia cultural, memoria viva y música hecha desde abajo. Y porque, aunque Zaragoza parezca haber olvidado sus raíces, el Pilar Folk sigue ahí, recordándole a esta ciudad que sin respeto por lo propio, por lo aragonés, no hay identidad que valga.


Más sobre los Pilars 2025 aquí.

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