Se nos han acabado los recursos (administrativos) y hemos aportado a las arcas municipales una contribución involuntaria, léase multa, de 601,00 euros, más 30,05 euros de un recargo inexplicado, relata este grupo de vecinos y vecinas. La cena, realizada en la calle, se produjo el 10 de junio de 2023, en plenas fiestas del barrio de Torrero.
La cena se celebró en la calle Esperanza, que "tiene poco más de tres metros de anchura" y que no es peatonal, pero que está señalizada como de uso exclusivo de acceso a fincas y urgencias. Desde hace más de 15 años, coincidiendo con las fiestas del barrio y "retomando una antigua costumbre de cuando éramos pequeños y las calles eran nuestras", relatan, las vecinas y vecinos de esta calle se juntan para cenar y charlar un rato a la fresca. "Nos sentimos comunidad en el sentido amplio de la palabra y entendemos que la calle es parte nuestra", añaden.
"En las fiestas del año 2023, pasada la pandemia y unas obras (esa es otra historia), quisimos retomar la cena", rememoran. Ángel Martín, una de las personas que reside en la calle, explica, cargado de honestidad, que llegaron tarde "para incluirla en la programación de la Comisión de Festejos como habíamos hecho otras veces, y simplemente se me ocurrió comunicarlo con una instancia al registro general (mal hecha, que todo hay que decirlo), en la creencia de que con esto bastaría. En la comunicación hacía constar que ocuparíamos el tramo de la calle que afecta a dos garajes particulares cuyos propietarios estarían en la cena". Ya en agosto de 2024, el propio Martín escribió un Altavoz en AraInfo con el título ‘¿De quién es "mi" calle?’, en el que relataba de forma pormenorizada lo acontecido.
Al poco de empezar llegó un coche de la policía local, según explican a AraInfo. "Nos dijeron que no tenían constancia de que existiera permiso para cortar la calle y preguntaron por el responsable. Les enseñé la comunicación presentada en el registro, fechada cinco días antes. Nos contestaron que tendríamos que haber esperado a la resolución de la petición, si procedía. A instancia de los agentes, retiramos las mesas y pasaron. Seguimos con la cena, de pie, en lugar de estar sentados a la fresca", relata de nuevo Ángel. Según continúa su explicación, "en ningún momento nos dijeron que se nos iba a sancionar. Pero, habiendo infracción y ‘responsable’, trece meses después llegó la multa".

"Mano dura" contra una bonita tradición vecinal
"Nos parece excesivo que, durante las fiestas del barrio, salir a cenar a la puerta de tu casa se considere una infracción administrativa grave por no haber solicitado el permiso en tiempo y forma", claman los vecinos y vecinas de la calle Esperanza.
Después de más de dos años y tres escritos de alegaciones, "no sabemos si la multa se ha mantenido por la inflexibilidad de la interpretación de la norma del agente sancionador o por la insensibilidad de la corporación hacia un hecho tan irrelevante como que unos vecinos, un día de fiestas en el barrio, salgan a la fresca a echar un bocado", lamentan.
En tono de sorna añaden que "si hubiéramos montado las mesas en el garaje y sacado el coche a la puerta (algún año que ha llovido lo han hecho así), la multa hubiera sido por mal estacionamiento, lo que supondría entre 60 o 100 euros, a lo que habría que restar el descuento por ‘pronto pago’, ya que no habríamos recurrido la sanción".
Como hemos adelantado, este grupo de vecinos y vecinas reconoce con honestidad el error a la hora de comunicar y pedir el permiso para realizar su ya tradicional cena comunitaria, en la que participan unas 20 personas. Pero con la misma honestidad, cualquiera de nuestros lectores y lectoras reconocerá lo desproporcionado de la sanción para un pequeño evento de encuentro y amistad vecinal que se viene realizando sin problemas desde hace más de 15 años.

