Nuestro viejo país se enfrenta a dos modelos antagónicos: o más autogobierno y derechos humanos o más capitalismo y belicismo trumpista.
Como es obvio, Aragón no es ajena al contexto geopolítico mundial. Y la ola ultraderechista de alcance internacional golpea nuestro territorio con intensidad creciente. Al menos, por ahora. Los partidarios ibéricos de regímenes capitalistas, y cómplices de Trump y Netanyahu, ultiman un pacto de gobierno para la DGA que pivotará sobre el simplista, racista, y clasista “prioridad nacional”. Un término con claras reminiscencias del “Volksgemeinschaft” del partido nazi alemán (NSDAP), del “America First” del movimiento MAGA, o del más castizo “los españoles primero” acuñado por La Falange.
El término “prioridad nacional” ya fue empleado también por La Falange, y durante el régimen franquista aplicado como eje central de sus políticas genocidas, para enfrentar a “los españoles leales” contra las personas consideradas “disidentes” (marxistas, rojos, nacionalistas periféricas no españolistas, demócratas, anarquistas, disidentes sexuales, artistas incómodas, humanistas cristianos, y un largo etcétera). Un enfrentamiento artificial, provocado, y sobre todo desigual, pues mientras los partidarios de la “prioridad nacional” contaban con el ejército y todas las fuerzas policiales y judiciales, y todos los medios de comunicación (nada que ver con la actualidad), los partidarios de la democracia y los derechos humanos, las “disidentes” (o la “resistencia” o “warsies rebeldes” en terminología hollywoodense) solo contaban con su inteligencia, imaginación y resilencia para, literalmente, sobrevivir.
Este es el contexto ideológico e internacional en el que las franquicias del trumpismo en Aragón, PP y Vox, están cerrando un pacto para ocupar el Gobierno de Aragón con la “prioridad nacional” como eje de su programa y pacto de gobierno.
Pero, como decíamos y sin caer en el tecnoptimismo, el cientificismo salvador, o el historicismo mitificante, no hay mal que cien años dure, ni tormenta que no escampe.
Por un lado, la “disidencia aragonesa” ya ha dado numerosas muestras a lo largo de su historia de salir victoriosa, o al menos sobrevivir, a los ataques de tiranos, dictadores y regímenes autoritarios. La historia de Aragón no se entiende sin la lucha de sus gentes por la libertad. Baste recordar las palabras de José Martí “estimo a quien de un revés echa por tierra a un tirano: lo estimo, si es un cubano. Lo estimo, si aragonés”; o el juramento medieval de los reyes de Aragón: “Nos, que somos y valemos tanto como vos, pero juntos más que vos, os hacemos Principal, Rey y Señor entre los iguales, con tal que guardéis nuestros Fueros y libertades, y si no, no”. Gran parte de los Fueros de Aragón son claro germen de lo que hoy conocemos como Derechos Humanos. O las palabras de Joaquín Ascaso: “Aquella época en que las dificultades de la vida se resolvían o se atenuaban con disposiciones emanadas del pueblo. El Consejo de Aragón, surgido del pueblo y creado por el pueblo, era el pueblo mismo”.
Por otro lado, el trumpismo del PP y Vox no solo cabalga desbocado contra la historia de Aragón, los Derechos Humanos y el derecho (inter)nacional, sino que también choca contra el futuro más presente y la realidad incontestable. La tecnología y la ciencia experimentan una evolución acelerada mientras PP y Vox niegan y cuestionan sin criterio a la ciencia, la razón y siglos de pensamiento filosófico. Sin embargo, desde la “disidencia aragonesa” haríamos bien en comenzar a pensar cómo combatir al nuevo tecnofascismo, aliado del trumpismo (a pesar de su negacionismo), y comenzar a diseñar un mundo nuevo en nuestros corazones robóticos antes de que nuevos tiranos dominen toda la tecno-ciencia.
Mientras tanto, toca cuidarnos, resistir, organizarse y reagruparse para combatir la ola reaccionaria hasta que escampe, que lo hará. “Aragón la más hermosa, es de Europa y sus naciones, pues aquí se canta la jota y se lucha contra el tirano”, cantaría este 23 de abril en Nueva York el tenor Fleta ante Donald Trump, el jefe internacional de Jorge Azcón.

