Apocalipsis de un valle

El proyecto del trazado norte de la variante A-21 y A-23 a su paso por Jaca / Chaca rompe el modelo de sostenibilidad y respeto por el medio ambiente además de suponer una desproporcionada inversión pública para convertirse en una infraestructura que alterará el tejido social y urbano de nuestra ciudad. Si Jaca / Chaca carece de capacidad para soportar el volumen de circulación en ciertas épocas del año existen otras soluciones bastante más sensatas que calmarían el tráfico de la ciudad sin perjudicar al valle del Aragón que tanto interés y atractivo tiene. Por ello sería necesario replantearse este …

El proyecto del trazado norte de la variante A-21 y A-23 a su paso por Jaca / Chaca rompe el modelo de sostenibilidad y respeto por el medio ambiente además de suponer una desproporcionada inversión pública para convertirse en una infraestructura que alterará el tejido social y urbano de nuestra ciudad.

Si Jaca / Chaca carece de capacidad para soportar el volumen de circulación en ciertas épocas del año existen otras soluciones bastante más sensatas que calmarían el tráfico de la ciudad sin perjudicar al valle del Aragón que tanto interés y atractivo tiene. Por ello sería necesario replantearse este proyecto, actualizarlo según la normativa vigente y las necesidades reales, además de considerar otras alternativas más sostenibles, económicas y menos impactantes que evitaran el desalojo de familias, la demolición de viviendas y construcción de viaductos o los inconvenientes de una obra larga en tiempo y tan cercana a la ciudad.

Y si Jaca / Chaca tiene suficientes redes de comunicación para descongestionar el tráfico, no tiene sentido seguir invirtiendo más dinero público en un proyecto que rompería el paisaje de nuestro valle, afectaría al Barrio Norte y de paso arruinaría parte de una vía histórica considerada como Patrimonio de la Humanidad y cuyo valor cultural no va aislado sino unido a la reconocida importancia paisajística de la vega del Aragón.

El campo de Jaca / Chaca no necesita de políticas que apoyen la destrucción y la devaluación de un paisaje natural, pero sí requiere de acciones que ensalcen su valor estratégico para fijar población, mantener el medio rural vivo y garantizar la producción agrícola y ganadera local.

No sería ni tan complicado ni tan costoso proteger nuestro valle de este tipo de agresiones si se cumplieran las directrices marcadas por organismos europeos en el ámbito medioambiental y si se continuara el ejemplo de otros países con mayor conciencia y arraigo con su entorno, porque nuestro valle bien merece propuestas en las que predominen la cordura y un enfoque práctico para prevenir un desastre permanente.

Por tanto es injusto que una parte de la población de Jaca / Chaca se preocupe por preservar los bienes culturales, históricos y medioambientales de las tierras que baña el río Aragón, por elaborar estrategias para defender el sector primario y reactivar el Camino de Santiago que tanto ennoblece al valle y que tanto se valora para su promoción turística, mientras existan políticas que no defienden el uso del suelo agrícola ni respetan su singularidad paisajística, apostando más por una vía de transporte de alta capacidad que modificará de forma indefinida la forma natural y el valor de un valle y que tan solo reducirá los tiempos de viaje.

Reconsiderar las posibles alternativas serviría para gestionar y eludir los riesgos que supone tan exagerada infraestructura por el norte de la ciudad y para evitar convertirnos en cómplices de una reforma integral de un valle irreconocible en un futuro no muy lejano como no sigamos defendiendo nuestros pastos, huertas, senderos, linderos y naturaleza viva que quedarán enterrados en la memoria a cambio de colonizarlo con asfalto, ruido y destrucción de su biodiversidad.

Un desolador futuro le espera a nuestro valle que dejará de ser una de las muchas maravillas de las que, en buena parte vive y presume Jaca / Chaca, para convertirse en una pesadilla futurista.