Valdespartera, junto a Arco Sur y Rosales del Canal, es uno de los barrios más jóvenes de Zaragoza, en el que viven unas 20.000 personas en casi 10.000 viviendas de protección oficial, con presencia también de vivienda privada. Pero, el barrio que se proyectó y presentó como un barrio eficiente, ecológico y social se está convirtiendo en un barrio-dormitorio debido al abandono municipal.
El problema de base es la falta de equipamientos e infraestructuras. El proyecto inicial presentaba un barrio con múltiples solares de uso público destinados para equipamiento social, deportivo y público, pero a día de hoy no solo no se ha ejecutado lo planeado, sino que son solares en total abandono, que en muchos casos se han convertido en parquin al aire libre y en otro son pastos de maleza y basura. Hoy, Valdespartera tiene dos cicatrices, una transversal entre las vías del tranvía y otra longitudinal paralela a la Avenida del Séptimo Arte, de solares públicos abandonados que lo recorren de punta a punta y de lado a lado. No hay prácticamente nada ejecutado de lo inicialmente proyectado y, en algunos casos, lo que sí hay ejecutado no es lo planeado; como una iglesia o un restaurante de comida rápida. Respecto al uso dotacional público construido, es insignificante en comparación con lo previsto.

No será por necesidades y peticiones vecinales. Espacios deportivos, espacios de ocio, una biblioteca acorde al tamaño del barrio y de sus habitantes, guarderías públicas, un parque grande integrado en el barrio y con una buena dotación de infraestructuras, un Centro Cívico propio... No hay equipamientos municipales, administrativos, salvo la oficina de Correos, o institucionales. Y por faltar, faltan hasta fuentes en los pequeños parques que jalonan el barrio.
El transporte es otro de los problemas no resueltos en Valdespartera. Si bien el tranvía articula la práctica totalidad de las conexiones con Zaragoza, no hay otro medio de transporte público para acceder a los barrios, como las Delicias por ejemplo, a los que no llega el tranvía. El día que el tranvía queda cortado por accidente o incidencia, el barrio queda prácticamente aislado del transporte público. Por no haber no hay ni servicio Bizi del Ayuntamiento. La movilidad interna dentro del barrio también genera grandes deficiencias.
Y tema aparte es la terrible contaminación acústica que sufre el barrio con los vuelos militares, y en menor medida los comerciales, que transitan a diario sobre las viviendas saltándose de manera sistemática los límites de niveles sonoros.

Valdespartera tampoco se libra de las “chapuzas, errores y olvidos” arquitectónicos. Chapuzas, con calles que no tienen continuidad tras los cruces, semáforos y pasos de cebra y que obligan a cruzar una y otra vez de lado a lado, con la grave dificultad que supone para las personas con problemas de movilidad reducida o con carros de bebé. Errores, como invertir el sentido de la circulación, tras las obras del tranvía, de las dos calles que enmarcan la plaza Mary Poppins invalidando de esta manera la salida y cambio de sentido de los vehículos de garajes de calles adyacentes y provocando con ello un sinfín diario de coches circulando en dirección prohibida. Olvidos, como no diseñar y crear una plaza sin tráfico y con espacios de ocio y restauración en un barrio diseñado como un ejemplo de convivencia social, como las que hay en barrios también de reciente creación como Rosales del Canal. Estas situaciones serían fácilmente subsanables si hubiera interés municipal.
Y a todo este abandono y falta de soluciones por parte del Ayuntamiento de Zaragoza, el barrio se encuentra con una dejadez inaudita. Desde uno de los dos lagos de “Penélope Cruz” que nunca se ha llenado, ya sea por falta de mantenimiento, acumulación de basuras o la mala calidad del agua y al que, además, le falta la arboleda prometida a sus orillas, a espacios infantiles rotos que tardan en repararse años. Grandes socavones que quizá en un primer momento fueron el proyecto de un pequeño lago pero que hoy en día se han convertido en grandes agujeros frente a las puertas de los colegios, acumulando maleza, basura y desperdicios. Pérgolas de jardín que nunca han llegado a albergar ninguna planta en los maceteros que las circundan y hoy yacen abandonadas y oxidadas, con sus maceteros reconvertidos en papeleras. Casetas de intercambio de libros que una década después de haber sido reventadas en actos de vandalismo no han sido reparadas. Abandono y suciedad en las dos pequeñas zonas de pinar existentes en el barrio… Sirva como ejemplo del olvido municipal el plan de reforma integral del Ayuntamiento de Zaragoza, a ejecutar este 2025, con una dotación de un millón de euros para 16 parques infantiles, ninguno de ellos en Valdespartera. Y, aun así, los vecinos y vecinas tienen que estar de enhorabuena. Hace unos meses, y tras más de un año clausurados por malas condiciones, se han cambiado los contenedores de reciclaje subterráneo.

El barrio más sostenible y ecológico de la ciudad de Zaragoza se ha convertido en un barrio con multitud de solares vacíos y abandonados. En una isla de calor insostenible en verano, debido a las dobles fachadas de las viviendas que alcanzan los 50º en sus acristaladas terrazas y como consecuencia multiplican la instalación de los nada ecológicos aires acondicionados. En un barrio con una importante contaminación acústica. En un barrio poblado por un gran número de niños y niñas con espacios verdes y de ocio insuficientes, mal dotados y en muchos casos deteriorados. Y, en conclusión, en un barrio condenado a convertirse en un barrio-dormitorio a donde solo acuden los políticos, en nuestro caso Natalia Chueca, a hacerse la foto antes de las elecciones prometiendo el centro deportivo y piscina que llevan años esperando los y las vecinas, pero haciendo oídos sordos a las peticiones, protestas y quejas de los y las vecinas.

