El sábado 3 de mayo se inaugurará en el Parque Europa de Leciñena el memorial en recuerdo de sus once vecinos deportados al campo de Mauthausen entre los años 1940 y 1941. La iniciativa por parte de las familias de los deportados ha sido finalmente ejecutada por el Ayuntamiento de esta localidad monegrina, sumándose así a la red de pueblos aragoneses con monumentos en recuerdo de las víctimas de los campos nazis, y a la que ya pertenecen Alcañiz, Alcorisa, Calaceit, Canfranc, Exeya, Ejulve, Fraga, Gallur, Uesca, Magallón, Mequinensa, Pina de Ebro, Sariñena, Torres de Berrellén y Zaragoza.
Según las familias, este acto tiene “gran relevancia” ya que el próximo 5 de mayo se cumplen 80 años de la liberación de este campo de exterminio. El mismo día se produjo la liberación de Gusen, un subcampo de Mauthausen donde se produjeron la mayoría de muertes de deportados, entre ellos cinco de los once de Leciñena.
Al homenaje asistirán, además de autoridades, familias de los deportados venidas de Nueva York, Frankfurt, Colonia, Francia y Zaragoza. Acto seguido habrá una entrega de un cuadro sobre el exilio, por parte de un familiar, en el Ayuntamiento de Leciñena.
El exilio de los once deportados de Leciñena en Francia
En 1939, tras la derrota en la guerra de España, medio millón de hombres, mujeres y niños cruzaron la frontera hacia Francia huyendo del avance del ejército de Franco. Entre ese medio millón que cruzó la frontera se encontraban los once deportados de Leciñena.
El primer objetivo de las autoridades francesas era que ese medio millón de exiliados y exiliadas retornasen al Estado español, y debido a las calamitosas condiciones de los campos franceses, en agosto de 1939 ya habían conseguido que la mitad lo hiciese. Los que se quedaron terminaron, presionados primero, y obligados después, alistándose en las filas del ejército francés. Se estima que fueron más de 100.000 republicanos y antifascistas de los diversos territorios del Estado, de los que algo más de 60.000 constituyeron las llamadas Compañías de Trabajadores Españoles (CTE), una invención del gobierno francés para explotar laboralmente a los exiliados.
En las CTE no portaban armas, vestían uniforme civil, realizaban trabajos estrictamente manuales de construcción, fortificación e incluso colaboraban en tareas agrícolas y forestales. En mayo de 1940 Hitler invadió Francia provocando una desbandada del ejército francés, y también de las CTE. La mayoría de los once deportados de Leciñena estaban integrados en las CTE, y por tanto fueron capturados por los nazis en esa desbandada. Al final, todos, los once, fueron enviados a los stalags o campos de prisioneros de guerra.
Antonio y Pablo Solanas Escartín fueron a parar al Stalag VD de Estrasburgo. Pedro Sancho Marcén y Antonio Solanas Franco fueron conducidos al Stalag XI B Fallingbostel. Carlos Maza Albero y Juan y Pascual Orús Murillo pasaron por el Stalag VIII C Zaguán y el Stalag XII D Trèves. Francisco Franco Escanero y Joaquín Maza Letosa terminaron en el Stalag XI A Altengrabow junto con Francisco Bailo Mata. Finalmente, Félix Sieso Pisa fue conducido al Stalag XVII A Kaisersteinbruck.
A finales de septiembre de 1940, agentes de la Gestapo se presentaron en los stalags para localizar a los republicanos. Tras ser interrogados y fotografiados, se les dijo que iban a ser puestos en libertad, pero pocos se creyeron esa historia. Efectivamente, la realidad era totalmente contraria, ya que su destino no era otro que el trabajo esclavo y el exterminio.
Los once deportados de Leciñena nunca coincidieron todos juntos en Mauthausen
En cada stalag los alemanes organizaron convoyes para trasladar a los prisioneros a los campos de concentración nazis. Los primeros en llegar a Mauthausen fueron los hermanos Antonio y Pablo Solanas, el 13 de diciembre de 1940. Poco más de un mes después, el 25 de enero de 1941, llegaron Carlos Maza y Juan y Pascual Orús. Dos días después, el 27 de enero, lo hicieron Pedro Sancho y Antonio Solanas.
Mientras siete de los once de Leciñena ya estaban en Mauthausen, los restantes cuatro, Francisco Franco, Joaquín Maza, Francisco Bailo y Félix Sieso, permanecían en los stalags y aún tardarían unos meses en ser deportados a Mauthausen. Tiempo suficiente para no coincidir con algunos de sus vecinos leciñenenses deportados, ya que Juan Orús y los hermanos Pablo y Antonio Solanas fueron trasladados en febrero al subcampo de Gusen, un auténtico infierno en el que las condiciones de trabajo y la brutalidad empleada por los guardias de las SS acabaron con la vida de miles de deportados.
Así, Juan Orus falleció en el campo de Gusen el 6 de marzo de 1941, con 31 años de edad.
Un mes después, en abril de 1941, ingresaron en Mauthausen Félix Sieso, Francisco Bailo, Francisco Franco y Joaquín Maza. Por tanto, en abril de 1941, de los once deportados de Leciñena ocho permanecían en Mauthausen, dos estaban en Gusen y uno de ellos había fallecido.
Enviados a morir a Gusen y Hartheim
Carlos Maza fue trasladado a Gusen el 30 de junio de 1941, y un mes después, el 31 de julio, murió a los 34 años de edad. Antonio Solanas Escartín llevaba en Gusen desde febrero de 1941, y murió ocho meses después el 9 de octubre de 1941 con 24 años de edad. Once días después, el 20 de octubre, llegó a Gusen el leciñenense Francisco Franco, que murió apenas unas semanas después, el 12 de noviembre de 1941, día en el que cumplía 34 años. Finalmente, el 18 de diciembre de 1941, Pascual Orús falleció a los 37 años de edad en el Castillo de Hartheim, uno de los seis centros de eutanasia nazis en los que fueron asesinadas casi 30.000 personas.
La liberación y la vida después de los campos
Gracias a los testimonios y notas biográficas recogidas por asociaciones memorialistas en diversas páginas web, como Aragoneses deportados a los campos nazis de Amical Mauthausen y Con Nombre y Apellidos de ARMHA, podemos conocer cómo continuaron algunos de ellos sus vidas. Francisco Bailo, por ejemplo, continuó en la resistencia contra Franco y se mantuvo activo, junto a su hermano José Bailo, que fue asesinado de un tiro por la espalda, como relata Elsa Osaba. Pablo Solanas se casó en 1947, tuvo tres hijos, y terminó instalándose en Francia, donde falleció en agosto de 2019.
La historia de estos deportados también ha sido objeto de creaciones literarias y audiovisuales, como el libro Francisco Franco era republicano, y su familia también de su bisnieta Elena Rubio Viu, y el documental sobre el mismo, con guión de Clara Bescós y dirigido por Paula Blesa.

