Llueve sobre mojado en el Huerva y su entorno, parece ser que al río lo vamos a volver como un calcetín, pero no precisamente en lo que realmente deberíamos reformar en el Huerva, que es la construcción sobre sus orillas desaforada, fruto de años de ambición especulativa y de desgobierno de todos los ayuntamientos que, cada vez que el Huerva toma la decisión de bajar con sus poderes bajo el brazo, nosotros nos enfadamos y reclamamos soluciones.
Pero es que ya está bien de lamentarnos sobre nuestras decisiones cuando nos vienen mal dadas, porque el río estaba ahí antes de que nosotros quisiéramos domesticarlo, reducirlo a la mínima expresión, y cuando el cielo y las circunstancias se unen nos dan sustos o disgustos que no nos hacen ninguna gracia, pero esto a día de hoy parece ser políticamente incorrecto, y poco apropiado de tratar con nadie, así que lo mejor es “calla y espera a nuevos tiempos” por si alguien puede resultar molestado en su fuero interno o en sus intereses.
Ser ecologista, y defender la naturaleza del río, denunciar la especulación y las obras desaforadas es totalmente un suicidio político, decirlo ante la prensa es ponerte en el paredón público y ser diana de quienes defienden a capa y espada sus intereses, pero hay que decir lo que hay en el fondo, y no solo lo aparente y que nos parece tan bien hecho.
Hemos reducido en las orillas del río, sobre todo en la Ribera Baja del Huerva los sotos, los bosques de ribera que actuaban de freno a sus crecidas, hemos incluso eliminado la huerta de sus orillas, cambiándola por el ladrillo y el cemento, en muchas ocasiones hasta el mismo borde del río. Y luego tememos lo peor cuando caen cuatro gotas, ni qué decir tiene que cuando cae con fuerza ya subimos los muebles al tejado si podemos.
Me dicen que en estos momentos está mal visto quejarse de las obras, que, a base de maquinaria pesada, se están haciendo en el río Huerva, no sólo en Zaragoza, sino en todos los pueblos afectados de la Ribera baja tras la riada de este pasado mes de septiembre. Esto no es cosa de hoy mismo, que ya llevamos un buen tiempo que estamos haciendo estas barbaridades de nuevo en el río, con la excusa de que de vez en cuando el Huerva nos saca la lengua para apoderarse de lo que es realmente suyo.
Las riadas de 2023, cuando en el Huerva se sintieron en Cuarte, Cadrete y María de Huerva, y no digo nada en el Barranco de la Muerte en Zaragoza, hicieron ponerse las orejas tiesas a más de uno, viendo como la fuerza del agua se llevaba sus pertenencias, posesiones o a ellos mismos incluso.
Ahora estos riesgos nos los va a resolver Microsoft de un plumazo, ya que en su proyecto de empresa va a colaborar para evitar que se inunden sus futuras instalaciones, financiando un colector de aguas que derive las aguas del Barranco de la Muerte al Huerva, bien pues, a quitar pajas de mi chistera para sacudirlas bien lejos y no verme afectado, además de ayudar a que las obras de la Z-30 y Z-40 no se inunden de nuevo, levantando diques si es necesario, de los que, si el agua los llena no saldrá al río de modo natural, sino que servirán de presa y nuevos problemas para alguien que aun desconocemos.
En 2024 se realizó un colector en el Parque Bruil que levantó las orillas del Huerva hasta los huesos, en pro de evitar que el agua nos entrase a las casas y a los garajes del entorno, domesticamos la fuerza de sus aguas pero no sacrificamos nuestros monumentos al ladrillo en sus orillas que eran parte de la huerta zaragozana, de nuevo cambiamos el entorno natural por el ladrillo.
Hablando de obras faraónicas sin contar con el río, mencionaré la Autovía Mudéjar, ejemplo vivo en estas inundaciones que en la Ribera del Huerva hemos padecido estos últimos años desde su construcción, y el ejemplo más reciente en este año 2025, que sirvió de represa a las aguas de lluvia que venían de la zona de La Muela y del Acampo de Valdespartera.
Antaño había 17 salidas al menos para que el agua de estos terrenos pudieran evacuar al Huerva, pero desde la construcción de la obra magna durante el gobierno del PP de Aznar, dejaron tan solo cuatro salidas de drenaje a semejante cantidad de terrenos, una de ellas sale directamente a Santa Fé, acumulando ingentes cantidades de agua que pasan con fuerza por el agujero bajo la autovía que le dejaron y que es la que provoca que Santa Fé se inunde y luego pase a Cuarte de Huerva una riada mayor que por el propio cauce del río.
El Ayuntamiento de Zaragoza, para ayudar a que el río Huerva deje de ser la mofa en canciones como las que cantaba La Bullonera, ha añadido a sus múltiples heridas a la dignidad del río, la tala indiscriminada de arbolado de ailantos de sus orillas, 1.600 son los que dijeron que eliminarían, porque son una especie invasora (que digo yo, que invasora será, pero la sombra de dichos árboles aliviaba en la canícula de verano a nuestra inmortal Zaragoza), y finalmente hemos perdido la cuenta de lo que han eliminado de otras especies como cañas, opentias, ágaves o cortadinas, otras muchas especies que poblaban las exiguas riberas.
El equipo de gobierno del PP-Vox quiere el Huerva como la patena, tanto el de Zaragoza como el de Cuarte como el de Cadrete y María de Huerva, por eso esta semana están metiendo las excavadoras en el propio río en la zona baja del parque Bruil a la desembocadura del Huerva con el Ebro, llevándose por delante lo que la pala encuentre. Pero no son los únicos, ya que en el resto de los pueblos de la Ribera del Bajo Huerva esas mismas palas excavadoras están descarnando sus orillas de arbolado, nuevo, viejo, invasor y lo que se ponga por delante, con la excusa de evitar las avenidas del Huerva, evitar que el agua entre en las múltiples propiedades que estrangulan sus orillas, levantando motas donde debería de haber sotos y huertas, queremos río bucólico para disfrutar del chalet lo más próximo a sus orillas, pero no queremos saber nada de las consecuencias de vivir en los límites de sus aguas, tan pacíficas e irrisorias la mayor parte del tiempo, nos reímos del Huerva cuando viene tranquilo y nos asusta cuando dicho río nos pide cuentas de nuestras acciones y actuaciones en sus zonas de expansión, queremos doblegarle, someterle y encauzarle, y si fuese posible lo encementaríamos para pasarle la escoba de vez en cuando, pero no se nos cae la cara de vergüenza cuando se dan licencias para construir viviendas, residencias, zonas deportivas o escolares en sus orillas y zonas de policía.
Las ratas ya se han cansado de aguantar que en sus casas no las dejen en paz, han hecho las maletas y se han trasladado a nuestras involutas viviendas, están hartas de que las excavadoras les tiren el techo, remuevan sus comedores y les levanten de la cama al punto de la mañana para crear un bucólico jardín de las hespérides en los sotos inexistentes ya del río Huerva. En vez de enfadarse y protestar por aquello que no es políticamente correcto en este momento han decidido convivir mejor con nosotros, y sumarse al progreso y el civismo, lo rustico no está de moda, viva el cambio y los nuevos tiempos.

