La editorial Doce Robles nos trae, de la mano de Esteban Navarro, un significativo acontecimiento que sucedió en las calles de Zaragoza un 7 de noviembre de 1972 y que es desconocido para la gran mayoría de la ciudadanía aragonesa. Nos referimos a la acción de protesta contra el consulado francés ubicado en la calle La Salle que llevaron a cabo tres activistas antifranquistas del Colectivo Hoz y Martillo. Lo que iba a ser una acción pacífica y llamativa contra el apoyo del gobierno francés a un franquismo moribundo se convirtió en una tragedia que acabó con la muerte del cónsul Roger Tur.
La novela "El cónsul infiltrado" (2019), que en un primer momento se centra en la preparación y desarrollo de la protesta y la posterior persecución de los activistas, se centra en la figura del cónsul, porque Roger Tur era algo más que un simple cónsul. Si, la sorpresa vino años después con la desclasificación de los archivos secretos de la Segunda Guerra Mundial por parte de Estados Unidos, gracias a estos papeles salió a la luz el papel de Roger al servicio del Gobierno norteamericano como espía de los nazis afincados en Zaragoza.
El autor hace un recorrido por la vida de Roger centrándose en sus años destinados en Zaragoza, en especial aquellos años en que los nazis campaban a sus anchas por la capital aragonesa. Aunque es por todos y todas conocida la relación de amistad y tolerancia del gobierno franquista con el gobierno nazi, sorprende ver la presencia e importancia que tenían en ciertos círculos de la capital aragonesa. Empresas como Maquinistas y Fundiciones del Ebro S.A, dieron cobertura a cientos de soldados nazis que entraron en Aragón buscando refugio al igual que las minas de Parzán cerca de Bielsa, el Colegio Alemán de Zaragoza, verdadero nido de nazis con simbología nazi incluía, la sede del Partido Fascista italiano en las calles, el colaboracionismo de fábricas como Tudor o la red de evasión ToS y los grupos “88” uno de ellos ubicado en Zaragoza, que ayudaban en la evasión de los jerarcas nazis, red en la que jugó un papel destacado el cónsul alemán de la capital aragonesa, Gustav Seegers… Los y las lectoras se sentirán realmente descolocadas cuando descubran una Zaragoza impregnada de nazismo. Y en esa Zaragoza Roger Tur desempeñó su papel de espía gracias a la cercanía que, gracias su trabajo diplomático, le había llevado a relacionarse con el cónsul Seegers.
La validez histórica de este trabajo es innegable aunque quizá como novela flaquea en no centrarse en alguno de los muchos acontecimientos que narran la vida de Roger Tur. La novela acaba siendo una sucesión de hechos cuando la importancia de alguno de ellos, como la labor de espía, merecía la pena centrarse en ello.
La protesta desarrollada por el Colectivo Hoz y Martillo y el contexto de lucha antifranquista en las calles de Zaragoza también merece una novela. Por cierto, es cuando menos curioso leer los nombres de gente conocida en la protesta contra el consulado francés.

