Asaari Bibang: "Las cómicas no somos champiñones, somos currantas"

Asaari Bibang, actriz y humorista, viene a Zaragoza con su espectáculo “Humor negra” en el que pretende hacer reír desde su esencia, desde las cosas que le inquietan y le hacen reflexionar. Aprovechando su paso por la ciudad, AraInfo tuvo la ocasión de hablar con ella sobre sus experiencias, su trabajo y la situación de la comedia ahora mismo.

Asaari Bibang pasará por el Teatro de las Esquinas de Zaragoza el viernes 16 de julio con “Humor negra”, espectáculo con el que reafirma su compromiso con la comedia pero desde una posición incómoda: sus propias experiencias como mujer negra. También acaba de publicar un libro ("Y a pesar de todo, aquí estoy") sobre sus propias vivencias como mujer guineana en el Estado español, actriz y monologuista.

Asaari lleva desde los 15 años actuando en teatro, televisión y cine. Desde hace hace unos años ha decidido subirse al escenario para hacer stand up y ya ha pasado por programas como Riot Comedy, La Resistencia, Las que faltaban o Comedy Central. También participó en la última gala de los Premios Feroz y escribe para Pikara Magazine y El País.

En esta entrevista nos habla de por qué no le quedaba otra que hablar del racismo que vive en sus carnes, de las relaciones entre mujeres en el mundo de la comedia o de cómo está cambiando, aunque poco a poco, el panorama cultural en el Estado español.

¿Ves mucho cambio de venir de Madrid o Barcelona a ciudades más pequeñas como Zaragoza?

Cuesta un poco más porque no son las ciudades en las que suelo moverme, en las que suelo hacer más espectáculos. Todo lo que es la publicidad y el marketing cuesta más pero generalmente se compensa porque las ganas de la gente de ver espectáculos y ganas de atender ofertas, shows y espectáculos que normalmente no están en la ciudad. Yo tengo muchas ganas.

¿Crees que los podcast, Instagram o en general internet, se están cargando el formato físico?

No tiene nada que ver. Soy de las que pienso que hay espacio para todo y que cada uno tiene su sitio, sus matices. Hay personas que pueden estar haciendo algo que a priori parece parecido pero cada uno le da su toque y su carisma. Creo que hay espacio para todos. Todo el mundo tiene derecho a hacer sus propuestas. Es legítimo que todos queramos estar ahí con nuestros contenidos, con nuestro arte y hay público para todos. Siempre abogo por la diversidad y cuantas más propuestas y con más matices sean, mejor.

También has escrito un libro, que lo estás presentado ahora.

Sí, ahora empezamos con las presentaciones físicas en librerías. Se me hace raro eso de presentar un libro pero me hace mucha ilusión poder entrar en contacto con el público que lo está leyendo y ampliar un poco lo que pone en las páginas. Me apetece mucho el contacto con el público.

¿Crees que tener diferentes formatos te hace llegar a más gente?

No tiene absolutamente nada que ver un libro con hacer stand up o salir en la tele, y a la par todo tiene que ver porque todo tiene que ver con las emociones. En mi caso, hay una línea conductora y muchas similitudes de temas, preocupaciones, emociones, que se pueden encontrar en el libro, en cualquier entrevista que haga y en el stand up. Es que es la única forma que tengo de comunicarme con el público, ya sea mi público del libro, de escena o de la televisión. Hay una esencia común.

Respecto a la polémica que hubo hace poco sobre la Chocita del Loro, ¿qué opinas tú sobre las mujeres que hacen humor ahora mismo? Porque parece que ha habido un boom ahora y que de repente hay muchísimos artículos sobre cómicas “que hay que conocer” pero en realidad siempre han estado ahí.

Exacto. Yo una cosa que me gusta decir es que no somos champiñones, no hemos brotado de la nada. Todo lo que la gente está viendo ahora es el trabajo que llevamos años y años haciendo de pico y pala. Los nombres que están sonando ahora llevan trabajando tres, cuatro años, subiendo a escenarios, haciendo open mic, proyectos que no llegan a ningún sitio, sin remunerar, yendo gratis a muchos sitios, haciendo kilómetros muchas de ellas, yo incluida… Me gusta mucho dejar claro que ni estás desaparecida porque no sales en la tele, ni lo estás mega petando porque salgas en la tele. Eso se tiene que empezar a poner en valor porque no somos champiñones, somos currantas.

Lo bueno de esto es que ha servido para visibilizar lazos de unión muy fuertes entre mujeres.

Sí, obviamente no somos una chupipandi, cada una tiene su carácter, cada una es de su padre y de su madre y cada una tiene sus afinidades, más con unas que con otras, pero ciertamente yo en mi experiencia personal es un mundo en el que he encontrado muchísima sororidad. Además, en momentos difíciles. Es un mundo inestable, que un día estás arriba, otro abajo y otro te estás comiendo la mierda, creo que son importantes las amistades en este sentido y a mí en el momento que lo necesité no me fallaron.

Me llamó mucho la atención algo que sueles decir en los monólogos que es que como actriz solo te llamaban, o te llaman, para hacer papeles de negra, muchas veces de puta, ¿crees que eso está cambiando aunque sea poco a poco?

Sí y me gusta mucho decirlo porque como he sido públicamente tan crítica con eso, creo que también es correcto decir que, aunque me parece que todo va excesivamente lento, porque me parece increíble que todavía estemos hablando de estos temas a estas alturas de la vida. En las pruebas que me están llegando últimamente no hay ningún personaje que esté dentro del cliché. Son personajes muy distintos entre sí con muchos matices, muy distintos a lo que se me había estado ofreciendo hasta ahora. Estoy muy contenta en ese sentido aunque de momento no haya salido nada pero es bastante buena noticia que estemos abriendo un poco el espectro. También veo a compañeras y compañeros de repente haciendo obras de teatro y personajes en ficción en serie que antes que jamás en la vida se nos hubieran ofrecido. Hablo por ejemplo del compañero Boré Buika, que va a estar en la serie ‘Élite’ haciendo de teniente de la Guardia Civil. Qué maravilla, ¿por qué no? Claro que sí. Yo siempre he sido muy crítica con esto pero no se trata de mí, ni siquiera de los actores afrodescendientes en particular. La misma tendencia se lleva con los actores de origen árabe, los actores latinos haciendo de pandilleros… Ya tenemos una sociedad multicultural, diversa, que se tiene que mostrar en la ficción y creo que vamos por buen camino, lento pero se van haciendo cosas y hay que reconocerlo.

En alguna entrevista que he leído dices que siempre estás trabajando y escribiendo. Parece que si no estás en redes sociales publicando todos los días no existes, cuando puedes estar en tu casa currando un montón.

Sí, se escuchan mucho la frase de “este está desaparecido, hace mucho que no le veo”. Pues igual está haciendo teatro, ha escrito un monólogo nuevo, se va de gira… O está enfocado en el proyecto de un libro del que todavía no ha escrito ni una palabra pero ya en su cabeza está en ello. Tenemos que quitarnos la idea de que si no estás en la tele o en lo mainstream no existes porque allí es donde se fragua lo que tú al final ves. Me cuesta pensar que nadie acaba en un proyecto grande si todo lo invisible no está y no está bien hecho, además.

Respecto a tu trabajo como actriz, entiendo que es difícil pero, ¿qué prefieres, humor o actuación?

¡Esto es una pregunta trampa! Es imposible. No me voy a mojar. Además, no tiene nada que ver lo uno con lo otro. Hay actores y actrices brillantes, que no pueden hacer stand up, porque es otra cosa totalmente distinta. La gente se piensa que como subes al escenario también, ya lo tienes hecho y no tiene nada que ver. Sí que es verdad que se retroalimentan. A mí en el stand up la interpretación me ha dado muchas tablas, mucha seguridad, eso me ha dado el poderme poner en un personaje en algún momento dado que lo he necesitado. Pero la interpretación, al hacer stand up, también me ha dado muchas cosas. Seguridad, templanza, me retroalimento mucho del ritmo. En stand up el ritmo tiene muchísimo que ver, cuando sueltas los chistes lo tienes que hacer en el momento oportuno, porque si no se te va. No me veo soltando ni una cosa ni la otra porque ambas se retroalimentan y ambas me dan cosas totalmente distintas.

Respecto a los temas que tratas en tu libro y en tus monólogos, hay muchas activistas de movimientos antirracistas que hablan del momento en el que se dan cuenta de que son negros o racializados, que es brutal, un momento de despertar. Yo no sé cuándo me di cuenta de que era blanca, seguramente cuando alguna persona racializado me dijo que era blanca. ¿Cómo crees que te afectó a ti?

En el libro, hay un capítulo que se llama “El despertar negro” que habla de esto, de cuando alguien te espeta, generalmente de malas formas, que eres negra. Al final la raza es un concepto social, es una asimilación social. Hasta que socialmente no se te concibe como persona negra con todo lo que ello conlleva con toda su discriminación, sus prejuicios y sus clichés, tú no eres consciente de que eres negra en el concepto social, no como etnia, no como color, si no todo lo que implica ser negra socialmente hablando. Para mí fue una hostia muy grande. Realmente no tuve ese despertar hasta que fui bastante más mayor, como 23 o 24 años, cuando rodé mi primera película. Supongo que porque me fui de casa, me fui a vivir a Madrid, hubo muchos cambios en mi vida que propiciaron que de repente me empezara a poner en contextos en los que antes no había estado y ver cómo reaccionaban esos contextos. Lo tenía tan asimilado e interiorizado. En el momento que te ponías un poco a analizar las cosas, el haber entrado también en contacto con otras personas afrodescendientes… Por eso es tan importante la comunicación. El no silencio. Para mí el poder juntarme con gente afrodescendiente fue maravilloso porque vi que todas esas cosas que empezaba a ver no eran cosas subjetivas ni cosas de Asaari, si no cosas que un montón de compañeras también sufrían todos los días, que se podían teorizar, se podía hacer pedagogía de ello y de alguna forma intento hacer esa pedagogía desde mi humor, desde mi arte. No me considero activista pero sí una persona activa en el antirracismo. Me gusta hacerlo desde el humor, desde mi arte, porque considero que el humor rompe muchas barreras que de otra forma nos limitan y nos separan.

Sí, se llega a otros sitios que igual desde la teoría pura y dura es más difícil. También te quería preguntar sobre cómo ves la relación ahora mismo entre feminismo y racismo.

Cualquiera que me conozca y haya hablado dos segundos conmigo sabe que hay muchas cosas en las que soy muy crítica. Pienso que hablar de esas pequeñas diferencias no tiene absolutamente nada de malo. Todo lo contrario. Creo que hay que ponerlo sobre la mesa, hay que hablar, acercar posiciones, entre el feminismo y el afrofeminismo. Sin embargo, también abogo siempre por hacerlo desde la comprensión y la sororidad. Si tú hablas de ser mujer pero no hablas de ser mujer negra dentro del feminismo, obviamente yo entiendo que se me está excluyendo porque para mí son dos cosas que van de la mano, son dos cosas que no me puedo dejar en casa cuando salgo. Cada vez hay más conciencia, cada vez hay menos temor de ponerlo sobre la mesa, de discutirlo pero siempre siempre desde el compañerismo, desde la comprensión, las ganas de entendimiento y desde la sororidad.

Tu forma de ser activa es desde el humor para llegar a la gente, ¿cómo ves la respuesta del público ante lo que expones en los shows? Muchas de las cosas que expones son actitudes racistas muy cotidianas, el racista que llevamos dentro.

Se ríen porque para eso está hecho. Yo cuando me subo al escenario a hacer stand up, no me subo al escenario a comerle la cabeza a nadie. Yo siempre digo que si termino un monólogo y la gente cuando se acerca a mí me dice que me quiere comentar una cosita… Entonces, es que lo he hecho mal, porque es un monólogo cómico, no es un coloquio. Lo que ocurre es que lo hago desde mi esencia y desde aquellas cosas que a mí me inquietan, me hacen reflexionar, me tienen la cabeza fresca y activa. Creo que “caca, pedo, culo, pis” está muy bien pero a la gente le gusta que te metas en berenjenales y yo me meto hasta el fondo. ¿Si no para qué? Te brindan la oportunidad de soltar todo, tírate a la piscina, porque además son cosas que en cualquier otro contexto te tirarían tomates y en el escenario te tiran aplausos. Yo lo aprovecho al máximo para reírme, para desestresarme, para desconectar. En la risa y en la emoción todos somos iguales. Ahora vienen muchos afrodescendientes a ver mi espectáculo, cosa que me tiene super feliz. Eso significa que el mensaje está bien escrito. He conseguido de alguna manera ese consenso en que afrodescendientes, latinos, blancos, españoles, no españoles, se sientan en una misma sala y todos se sienten representados, todos se pueden sentir desde el humor. Así que invito a todo el mundo a que venga a reírse porque es para eso, para descojonarnos y pasarlo bien y para todo el mundo.

Hablemos un poco de salud mental, y es que en cuanto al racismo, muchos activistas ponen encima de la mesa el peso que conlleva luchar todo el rato contra algo tan cotidiano. ¿Crees que hablar tanto de este tema afecta a tu salud mental?

El racismo es un maltrato emocional, psicológico. Vives con algo que no te puedes dejar en tu casa y que te afecta en todos los ámbitos de tu vida. Te afecta en lo laboral si solo me ofrecen papeles de puta, si ven mi fotografía y dudan de mis credenciales porque se está vendiendo todo el rato que no tenemos esa capacidad intelectual. Afecta en lo educativo, en lo pedagógico. Cuando inventan a especialistas o profesionales en la televisión, las personas negras solo hablan de racismo. ¿Cómo va a querer una niña negra ser doctora si nunca ha visto una doctora negra? Cuando las hay, yo tengo dos amigas que son doctoras. Enfermeras, ni te cuento. Tengo amigas negras en un montón de ámbitos profesionales. ¿Cómo no va a ser un maltrato emocional y psicológico si es algo con lo que tienes que convivir todos los días? Y te lo dice una persona que dentro de toda esa estructura me considero con muchísimas ventajas. No me gusta llamarlo privilegio porque tendría que ser lo normal pero, por ejemplo, puedo comunicarme de forma clara, concisa, rotunda. Olvidamos que hay personas afrodescendientes que esto no lo pueden hacer porque a lo mejor no tienen un control del idioma, no pueden comunicar lo que están pensando y sintiendo. Cuando abordo estos temas lo hago viendo lo que viven otras compañeras y compañeros pero me gusta también que la gente sepa que dentro de esto soy consciente de mis ventajas. Por eso es mi responsabilidad en cierto modo utilizar esos espacios y plataformas de los que yo dispongo para hacer llegar un mensaje, para ser la voz de muchas personas que no tienen esos espacios. No para darles voz, porque ya tienen su propia voz. Simplemente para utilizar esas ventajas que yo tengo para amplificar su voz desde los espacios que yo tengo.

¿Tienes tiempo para parar, para desconectar, poner los pies en el suelo, mirarte a ti?

A mí es que me gusta mucho el concepto de ser de calle. No de que salga mucho, no tengo tiempo porque entre otras cosas tengo un hijo de cuatro años. Pero me gusta saber qué se está haciendo en la calle, a nivel de gente, de tacto, de tocar. Es verdad que nos estamos centrando mucho en lo online, en las redes sociales, en lo virutal. Parece que fluye, creas contenido, la gente te sigue, pero a mí me gusta el cuerpo a cuerpo, saber lo que se hace en la calle. Es donde me siento cómoda y donde al final es donde llevo todas mis relaciones virtuales. Me gusta mucho la cercanía. Esa es la parte más divertida, cuando consigo que todo lo que parece más virtual y más subjetivo se vuelva más de carne y hueso. Ahí es donde yo me divierto y me lo paso bien aunque esté trabajando. El otro día, por el Día de África, estuve dando una vuelta por Lavapiés y al final estuvimos trabajando porque nos estuvimos encontrando con gente con muchas ideas. Al final, es trabajo pero es ilusión. Son proyectos que a lo mejor nunca ven la luz pero el simple hecho de que haya ganas de hacer cosas, que podamos compartirlo con ilusión, con una visión de futuro, a mí personalmente, no diré que es lo más divertido pero sí que me llena de sentimientos bonitos que me ayudan a seguir funcionando en lo estrictamente profesional, y pasar tiempo con mi hijo y mi familia también.

¿Eres feliz o estás feliz?

Sí, pero no porque lo profesional vaya bien. De hecho, creo que ahora mismo soy feliz y lo profesional va bien porque, en parte gracias al libro, en parte gracias a las tablas y la seguridad que me ha dado el monólogo, he conseguido estar en un buen equilibrio emocional y psicológico. Eso es lo que ha llevado a que todo lo demás gire y funcione bien. He logrado una estabilidad emocional y psicológica que ha hecho que todo lo demás empiece a funcionar. Lo he notado mucho. El libro me ha ayudado mucho en ese sentido. No sabía que la experiencia iba a ser así. Ha habido momentos malos porque alguno de los capítulos son muy íntimos, cercanos, duros. Son capítulos que ya pensaba que tenía reflexionados y no, con lo cual lo tuve que hacer en convivencia con la propia escritura del libro pero, al final, me ha ayudado un montón y me ha dado un equilibrio emocional y psicológico que he notado a la hora de escribir, de interpretar, de hacer cualquier casting. Lo he notado incluso en mi vida cotidiana, con mis amigos, con mi familia. Me doy cuenta de que estaba herida y ya no.

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