Altavoz

Europa ¿Nació en 1980?

¿Parece de locos verdad está idea? Pues tiene su pistoletazo de salida cuando Margaret Thatcher y Ronald Reagan iniciaron lo que se llamó la “Revolución Conservadora”, y este último, preso de euforia que se salía, comunicaba la prensa que estaban tirando el Marxismo al basurero de la historia
| 5 enero, 2016 13.01

Desde entonces para acá los referentes filosóficos, como Jean Paul Sartre y Albert Camus serán substituidos por charlatanes que conjeturarán sobre esto o aquello indiferentes al atropello y expolio de pueblos, como si esas minucias cifradas en 100.000 muertos por inanición al día, y la reaparición de jornadas de 14 horas y niños explotaos (más de 210 millones según la OIT), no fueran con ellos. Su sacrosanta devoción por la filosofía, los situará en un plano suprahumano, desconectado del sufrimiento de la gente, desde donde no obstante, con la ayuda de numerosos resortes y cajas de resonancia, conseguirán que otros muchos, se fabriquen su propia filosofía, que no por ser de bolsillo dejará de ser cósmico-global, y les empujará a proclamarse Ciudadanos del Mundo como si al hacerlo con una estúpida sonrisa de oreja, desapareciera toda la maldad de la humanidad.

Desde entonces para acá las personas que vivían y vibraban con la cultura, que se alimentaban de ella y la compartían con entusiasmo porque hacían suya implícitamente la premisa “no solo de pan vive el hombre” serán progresivamente substituidas por consumidores. Consumidores voraces, compulsivos que a menudo ni escucharán la música que eligen porque la utilizarán como etiqueta, referente, alrededor de la cual juntarse “con los suyos”; la cultura será substituida por la cultura-basura (que empezó con la telebasura) y los buscadores de la excelencia y la continuación de las utopías quedarán dispersos e incomunicados entre sí por un maremágnum cultural abarrocado como nunca se ha visto y en que la pocas perlas que habrá, habrá que rescatarlas de entre centenares de cagarros de todo tipo. Claro. Sin brújula (la brújula de cuya necesidad alertaba JM Sampedro) no hay criterio. A todo esto alguien dirá “no hay maravillas ni cacas, solo hay me gusta o no me gusta”. Entonces ¿Por qué existe un apartado bien definido en la mayoría de los periódicos que se dedica a la crítica de la música, la danza, el arte, el cine, las series…? Esa crítica llamada especializada es la que encumbró por ejemplo “Todo en un día” película con cuya mención cerraré este artículo.

Cuando los poemas profundos, las melodías sublimes, las secuencias memorables de las pelis, no pueden unir a un grueso considerable de la población en un sentimiento superior que perdure y cree comunión, y todo se reduce a un simple entretenimiento cultural que no tiene más fin que matar el aburrimiento, o a emociones transitorias, eventuales, esporádicas, sin solución de continuidad, como por ejemplo gritar “gol!” al unísono, la cultura recreativa y porque sí, deja de tener una función transformadora porque es ella misma la que ha sido transformada en algo inocuo, en un juguete con el que no nos podamos hacer daño en el patio de recreo donde la gente que aún disponemos de derechos jugamos a ser libres. (lo de “aún” lo explico más adelante) ¿Si fuera el patio de un presidio nos darían picos y palas para que nos entretuviéramos en las horas libres? Podríamos salvar con ellos los muros ¿no? Pues por la misma razón se nos brinda una cultura sin utopías. Solo que al borrarlas han borrado con ellas buena parte de nuestra identidad como explico en los dos párrafos siguientes.

Desde la década de los 80 para acá esa Europa que quiere nacer de la nada, hacer tabla rasa de la historia encontrará la manera ideal de hacerlo zambulléndose en el paradigma Mad-Max, en que un escenario de tribus armadas y enfrentadas en tierra de nadie nos brindará la maravillosa oportunidad de re-aprender la libertad al estilo EE.UU. La realidad escandalosamente cruel de lo que ocurre en los lugares del planeta donde ese futuro ya se ha hecho cierto debería ser suficiente para denostar esa idea, esa cultura y ese futurible pero Europa es hoy día a EE.UU lo que un padre sin referentes culturales propios ni autoestima es a un hijo educado por la tele y preso de una atosigante inercia cultural invasiva. Por lo tanto esa bochornosa realidad seguirá delante de la misma manera que fueron para atrás en el aparador cultural las distopías de Haldous Huxley, George Orwell y Bradbury-Triffaut en que se nos alertaba de un “exceso” de “socialismo”, con la diferencia fundamental que si estas distopías invitaban desde la reflexión a una rebelión moral contra un destino opresivo, Mad-Max al hacer de la post-apocalipsis un simple escenario que no se discute donde el bueno, como siempre zumba a los malos, certificará ese final como inexorable (no invitará en modo alguno a su conjetutar sobre él) y vaciará la sociedad de la parte de reflexión inherente a este tipo de género cinematográfico, que hasta entonces no hacía sino engordar el caudal intelectual de la gente, en la medida que dotaba las conversaciones de ese punto de profundidad y elucubración gratuitas que elevaban las conversaciones por encima de lo evidente, simplemente por el placer de pensar fuera de lo cotidiano. Es decir por el placer de catar esa libertad de la cual pretenden liberarnos no dotándonos nunca de la herramientas que nos permitan mirar o saltar al otro lado del muro y escapar a la cotidianeidad, a lo de siempre, que es el bueno zumbando a los malos.

Cuando el pésimo actor Ronald Reagan en pleno orgasmo ideológico echó el marxismo al basurero de la historia, dejó a Europa oficialmente sin historia, porque nuestra historia es indisociable de la Revolución Francesa; es indisociable del posterior siglo de revoluciones que ésta engendró (también conocido como “Primavera de los Pueblos”) y de las utopías que florecieron en él; de su culminación en la Revolución Bolchevique; de la concreción de ésta en la URSS; y de la efervescencia cultural, ideológica y artística subsiguiente, de la cual forman parte tanto la literatura y cinematografía futurista que presidio el siglo XX hasta los 80, como el texto que me permito exponer a continuación, en que J.P Sartre expresa su opinión sobe el Marxismo.

“El marxismo es y será la filosofía insuperable de nuestro tiempo mientras se mantengan las circunstancias de explotación, de fetichismo hegemónico de las mercancías y de predominio de un capitalismo cada vez más salvaje e indiferente respecto del sufrimiento e iniquidades humanas, que le dieron origen”

El problema no es solo cultural (que no es poco) porque una vez abolida la herencia de la historia, o, en versión neoliberal: “liberados de su peso” ¿Qué freno puede haber a la acumulación ilimitada de riqueza y poder de los que tienen los medios de producción? Mermado el poder expropiador de las democracias, limitado el papel del estado, muertas las utopías que en esa dirección apuntaban y criminalizadas las experiencias políticas que las concretaron y concretan ¿Qué impedirá a los que son poco hábiles, o poco listos, o no han recibido una buena educación quedarse tirados en la cuneta si es eso precisamente lo que está haciendo Occidente con el resto del mundo?

Aún disponemos de derechos, como dije unos párrafos arriba ¿Pero hasta cuándo?

Un buen día alguien dijo “hay que trabajar más y cobrar menos” y ese día perdimos unos cuantos derechos sin rechistar.

Con el viejo truco de tres pasos para atrás y dos adelante lo iremos perdiendo todo.

Tradicionalmente, esto, Europa, lo soluciona con una Revolución, pero si víctimas de una idea hipnótica de libertad, nos cerramos el paso a nuestra propia tradición, a nuestra propia identidad, quedamos abocados a un caos, que es la solución final para la que EE.UU nos prepara ideológica y culturalmente a nosotros, y militarmente a todo el mundo. La diferencia es que en una revolución las cosas evolucionan y en un caos involucionan como lo demuestran los 1000 años de Edad Media posteriores a la caída del Imperio Romano (“el desorden es el mejor servidor del orden establecido… toda destrucción confusa debilita a los débiles, enriquece a los ricos, aumenta el poder de los poderosos” JP Sartre). Pero claro ¿Cómo vamos a saber eso? ¿Cómo vamos a sacar lecciones de nuestra propia historia si por reírle las gracias a ese pésimo actor nos hemos substituido a los filósofos por oportunistas y a la gente que vibraba con la cultura por la gente que la consume?

Nunca pensé que reírle las gracias a un payaso nos pudiera salir tan caro.

Uno cree que es el payaso el que ha de esforzarse en hacernos reír, pero después de tantos años de reír las mimas gracias acaba siendo el espectador, el público, el consumidor el que se esfuerza en amoldarse a una risa determinada, a un estilo determinado, a una cultura determinada, que por ser omnipresentes, si no son individualmente asumidas dejan fuera del rebaño, y pocos parecen dispuestos a soportar el ostracismo.

La verdad es que no hay metáfora más esclarecedora de lo que los medios hacen con la gente que no anda despierta: modelarla a su antojo.

Y ahora un fragmento del film “Todo en un Día” de 1986 que por su elocuencia ideológica implícita y explícita deja pocas dudas:

Imaginen a un adolescente de familia bien, convertido en eventual rey de la casa, que mientras se asea y ducha hace esta declaración de principios mirando a la cámara.

“¡Han picado! Una de las peores actuaciones de mi carrera y no lo han dudado ni un segundo ¿Cómo es posible que yo pudiera aguantar el colegio un día como este? (….) Llevo nueve días enfermo este semestre. Se está poniendo duro inventar enfermedades. La clave para engañar a los padres son las manos sucias. No es un síntoma nada específico pero yo tengo mucha fe en él. Mucha gente os dirá que una buena fiebre inventada no falla nunca, pero si vuestra madre es miedosa quizá acabéis en la consulta de un médico y eso es peor que le cole (…..) La vida pasa muy deprisa. Si no te paras y miras a tu alrededor te la podrías perder. Por cierto hoy tengo un examen y eso no es mentira: trata del socialismo europeo. La verdad ¿para qué sirve? No soy europeo. No tengo intención de hacerme europeo. ¿Y a quién le importa si son socialistas? Podrían ser fascistas o anarquistas y yo seguiría sin tener coche. Yo no justifico el fascismo o cualquier otro ismo. Los ismos en mi opinión no son buenos. Una persona no ha de creer en un ismo; ha de creer en sí mismo”.

¿Qué nunca han oído hablar de esta película? Natural porque en los tiempos que vivimos la siguiente tongada de producción sepulta la anterior para que no se generen clásicos. Sin embargo esta película fue un “clásico” en su década y la posterior y aunque nadie la recuerde ¿A quién no le es familiar la mentalidad subyacente al párrafo-discurso anterior? ¿Es negable que forma parte de la idiosincrasia mayoritaria, no ya de nuestros adolescentes, sino de la sociedad? Y si es así aún siendo la película desconocida ¿Qué quiere decir eso? Que otras tantas películas forjadas a la nueva, nueva moda se han encargado de ir reproduciendo y proyectando esta mentalidad a las sucesivas generaciones y a la sociedad en general.

¿Qué no nos sientan bien los años? ¿Qué le vamos a hacer? Es ley de vida. Aún nos sentará peor el paso del tiempo pretendiendo vivir congelados en los 80 sin pasado y con un futuro autorepertitivo. Porque el tiempo pasa igualmente y 35 años empiezan a dar a esta modernidad más la imagen de un adefesio sometido a quince mil operaciones fallidas que a la de la eterna juventud.

5 enero, 2016

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