El Partido de los Trabajadores de Kurdistán (PKK) pone fin a casi medio siglo de lucha armada con la quema simbólica de sus armas y anuncia su disolución como guerrilla. El movimiento, siguiendo el último llamamiento de Abdullah Öcalan, apuesta aún más por la vía de la política democrática y el autogobierno comunitario, mientras Ankara reacciona con la creación de una comisión parlamentaria para supervisar el proceso de paz.













