Día Internacional de las Mujeres por la Paz y el Desarme

La Coordinadora de Organizaciones Feministas de Zaragoza conmemora, como cada año, el Día Internacional de las Mujeres por la Paz y el Desarme. Desde octubre de 2000 tras la aprobación de la resolución 1325 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas sobre Mujer, Paz y Seguridad se reconoce por parte de la comunidad internacional el sufrimiento adicional de mujeres y niñas en los conflictos armados y post-conflictos, así como en todos los contextos de violencia. El papel de las mujeres es clave en la prevención y resolución de los conflictos para lograr construir sociedades justas e igualitarias. Ese es el …

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Foto: @fesmcugtaragon.

La Coordinadora de Organizaciones Feministas de Zaragoza conmemora, como cada año, el Día Internacional de las Mujeres por la Paz y el Desarme.

Desde octubre de 2000 tras la aprobación de la resolución 1325 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas sobre Mujer, Paz y Seguridad se reconoce por parte de la comunidad internacional el sufrimiento adicional de mujeres y niñas en los conflictos armados y post-conflictos, así como en todos los contextos de violencia. El papel de las mujeres es clave en la prevención y resolución de los conflictos para lograr construir sociedades justas e igualitarias.

Ese es el momento en el se incluye la perspectiva de género en la prevención de conflictos armados, en operaciones de mantenimiento de la paz así como en las etapas post-conflicto. Así se puso en marcha la Agenda de Mujer, Paz y Seguridad.

Pero aún queda mucho por hacer.

La inclusión de la perspectiva de género en la prevención, gestión y resolución de conflictos y post-conflictos es aún marginal. Se necesita que muchas más mujeres refuercen su capacidad de decisión política y económica y, a su vez, la implicación total de los hombres en la Agenda de Mujer, Paz y Seguridad.

Veintiún años más tarde y numerosas resoluciones posteriores de la ONU la realidad es que las mujeres y niñas siguen sufriendo discriminación y violencia en todo el mundo, pero su situación en países en conflicto armado y post-conflicto empeora significativamente.

Los conflictos armados que tiene lugar ahora mismo están siendo en países que ya de por sí son complejos para las mujeres, con elevados índices de violencias machistas, violencia sexual, violaciones de derechos humanos o pobreza endémica, la desigualdad que soportan mujeres y niñas en estos contextos se aumenta considerablemente porque a la discriminación estructural de género, dificultad de acceso a la educación, a la sanidad, a los trabajos cualificados y mejor remunerados y a la menor presencia en puestos con capacidad de decisión política y económica, a todo ello se une su condición de víctimas de conflictos y violencia. Estamos viendo como sigue siendo la población civil el objetivo principal de las hostilidades, de los bombardeos en los conflictos armados, la vulnerabilidad y desprotección de mujeres y niñas es utilizada.

La violencia sexual es usada como táctica de guerra para humillar, dominar, amedrentar o reubicar a comunidades o grupos étnicos y otras circunstancias relacionadas con el crimen organizado, los embarazos forzados o la explotación son algunas de las vulneraciones a sus derechos humanos que, por desgracia, sufren mujeres y menores en zonas de conflicto y post-conflicto. Es especialmente preocupante la vulneración de derechos humanos que sufren menores atrapados en esas zonas, donde se incrementa el número de niñas forzadas al matrimonio infantil.

La paz es un requisito previo para la salud, la igualdad y la seguridad humanas. A pesar de la pandemia, 2.000 millones de personas viven en países afectados por conflictos. En esos países, las mujeres están trabajando contra corriente a fin de consolidar y mantener la paz. Lo hacen incluso en medio de la pandemia de COVID-19, pero siguen estando al margen. En los países afectados por conflictos, la representación de las mujeres en los grupos de trabajo de COVID-19 es de apenas un 18 por ciento.

Tenía sentido que en un año de pandemia mundial, los conflictos se paralizaran y los esfuerzos se destinaran a la lucha común contra el virus, y que así en este sentido, se optara por el desarme, control de armamentos y transferencia del gasto militar a la inversión social. Pero esto no ha sido así, ya que si hay algo que ni una pandemia global es capaz de parar son las guerras ya que no parece que la crisis sanitaria global influyera en el rumbo de los grandes conflictos, ni en Afganistán, ni en Libia, ni en Siria, ni en Yemen ni por supuesto en Palestina o Colombia.

En Colombia

A pesar de la creciente condena nacional e internacional, la respuesta militarizada y la represión policial en Colombia de las protestas contra las políticas económicas y sociales que se quieren implantar, en su gran mayoría pacíficas, continúa en diferentes ciudades. La policía ha hecho uso de la fuerza de manera indiscriminada y desproporcionada, y se reportan alarmantes cifras de violencia sexual y de personas dadas por desaparecidas, asesinadas y heridas. La desaparición forzada y la violencia sexual perpetrada por autoridades son crímenes de derecho internacional que cualquier Estado está facultado a investigar y perseguir.

Se quiere estigmatizar la protesta social para continuar con la represión y las violaciones de derechos humanos. En un país como Colombia, con el conflicto armado interno más largo del continente, debería saber que la solución solo será posible estableciendo canales de diálogo que respondan a las demandas ciudadanas. Desde la Coordinadora de Organizaciones Feministas mostramos nuestro apoyo a la ciudadanía que se mantiene en la calle ejerciendo su legítimo derecho de protesta y exigimos la condena de nuestro país a estas actuaciones gubernamentales

En Palestina

A pesar de la desfiguración geográfica y demográfica impuesta por Israel, el pueblo palestino resiste y está unido en su lucha contra el colonialismo israelí. Lo que está sucediendo en Jerusalén, Gaza o con la comunidad palestina en Israel forma parte de una limpieza étnica a cámara lenta contra el pueblo palestino ante el que no podemos mantenernos impasibles. No es una guerra sino un genocidio y esperamos que así rinda cuentas ante la Corte Penal Internacional y acabe el silencio internacional que nos hace cómplices de este. ¡Viva Palestina libre!

Y queremos terminar como empezamos, con el final del texto de Julia Ward, Proclama del Día de las Madres de 1870.

“Desde el seno de una tierra devastada, una voz se alza con la nuestra y dice ‘¡Desarma! ¡Desarma!’ La espada del asesinato no es la balanza de la justicia. La sangre no limpia el deshonor, ni la violencia es señal de posesión”.

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