Nadie está mejor sin derechos seas puta, marica o una bisexual embarazada

Este año mucha gente va a tomar decisiones por miedo a que nos tiren al cubo de basura y es que lo cierto es que la violencia institucional llama a la puerta de las personas LGTBQIA+ cada cuatro años. Indagamos en algunas de las mejoras más invisibles que Irene Montero introdujo en la Ley Trans y LGTBI.

cartel que pone fight the cystem en referencia a la normatividad del género
Orgullo de 2022 | Foto: Rocío Durán Hermosilla

Hace unos días una amiga nos daba la noticia de que ella y su novia habían entrado en el proceso de reproducción asistida del Salud. Una inyección de presupuesto para este 2023 en el Programa de reproducción asistida de once millones de euros había reducido la lista de espera de unos dos años a tan solo tres meses. Una muy buena noticia para quienes deben planear con años de antelación un proceso que suele ser largo y cargado de prejuicios y malestares.

Este aumento presupuestario junto con las modificaciones en el Código Civil introducidas por la Ley trans y LGTBI han resuelto muchos de los problemas a los que se enfrentaban las personas no heterosexuales en torno a la maternidad o paternidad. 

Mis amigas llevan meses (¿años?) preparándose para este momento pero lo cierto es que no querían empezar tan pronto. 

El auge de la ultraderecha, el miedo a volver a las políticas lgtbfóbicas del pasado, los recortes en los servicios públicos y a ese cubo de basura donde quieren llevarnos a todas las personas que desbordamos su concepto de familia ha precipitado su decisión. La ONU defiende que los derechos humanos son inalienables y no se puede privar a nadie de su disfrute. Sin embargo, en un Estado tan democrático como es el español cada cuatro años los derechos de las personas LGTBQIA+ se ponen en juego. 

El lema “tus derechos no deberían de depender de quien gobierne” es solo eso, un eslogan. En este tiempo, hasta que se conformen los gobiernos y se resuelva quien va a gobernar en el Estado español, muchísimas personas van a tomar decisiones por miedo.

La experiencia nos dice que cuando llegan ciclos conservadores las derechas (todas ellas) aprovechan para recortar derechos, presupuestos y modificar leyes que empeoran la calidad de vida de quienes no forman parte de su adorada familia tradicional española. No podemos olvidarnos de que lo primero que intentó la derecha al llegar al gobierno fue paralizar la Ley de Memoria Democrática, tratar de eliminar la Ley del aborto (al final acabó eliminado Gallardón) y poner a circular autobuses transfóbicos (¿os acordáis cuando la transfobia era una cosa de ultrarreligiosos y no de feministas?).

No es necesario cambiar o eliminar una ley para dejarla sin efecto. Mariano Rajoy se enorgullecía de decir sobre la Ley de Memoria Democrática aquello de: “La dotación presupuestaria ha sido cero. La media es cero y fue cero todos los años”. Esto supuso años de paralización de procesos de recuperación y dignificación y supuso, también, que cientos de personas fallecieran sin que se hiciera justicia con ellas y sus familiares. Entre ellas, mi abuela Emi.

En estos cuatro años de derechas en el Ayuntamiento de Zaragoza varias han sido las experiencias de cómo es posible retroceder en derechos sin necesidad de cambiar las leyes. Por ejemplo, el sector de la cooperación en Zaragoza ha sido uno de los objetivos a eliminar clave de la ultraderecha. Si no hubiera sido por el rescate presupuestario de la Diputación de Zaragoza, el tejido asociativos y solidario de la ciudad habría desaparecido. 

También lo sabe bien el movimiento feminista, pese a que se ha mantenido la concejalía de igualdad cara la galería lo cierto es que en estos cuatro años no ha habido consenso en el consistorio para lanzar declaraciones en contra de la violencia machista, se ha tratado de cambiar el concepto de violencia machista o de género por el de intrafamiliar o, incluso, se cuestionaron agresiones sexuales durante algunas Fiestas del Pilar y se retiraron campañas que cuestionaban las agresiones.

Además, se han concedido convenios y se ha derivado presupuesto de igualdad para asociaciones antiabortistas. En efecto, no podían eliminar la Ley del aborto o ignorar las leyes contra la violencia machista pero sí promocionar a quienes siguen intentando cambiar el discurso social en torno a los derechos de las mujeres.

Y bien lo saben las personas LGTBQIA+ que han visto como con el aumento de la ultraderecha, ha aumentado la violencia sobre ellas. Según el informe del Observatorio Nacional de Crímenes de Odio, las mujeres trans son las que más delitos de odio sufren. Y la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa, en su estudio sobre los delitos de odio, asegura que la violencia en 2021 creció un 28,61%. Entre las causas de estos delitos, la orientación y la identidad sexual fueron la segunda causa de estas agresiones (la primera el racismo).

Los datos y la experiencia nos preceden y no podemos ignorarlos, si volvemos al caso inicial sobre la reproducción asistida podemos ver que una simple reducción presupuestaria puede marcar la diferencia entre tener a tu criatura dentro de los límites del embarazo seguro y uno de riesgo.

Muchos de estos ataques a nuestros derechos los tenemos interiorizados y asimilados y, por suerte, hemos elaborado estrategias al margen del Estado. Por supuesto que las mujeres lesbianas y bisexuales que han querido ser madres lo han podido hacer sin necesidad del Estado pero como explican quienes se encuentran en estos procesos, la garantía no es la misma, y los riesgos se multiplican.

Además, después de décadas donde la violencia a veces es muchísimo más extrema, estas operaciones opresivas casi ni las percibimos como lo que son, actos de violencia institucional. Nadie puede decir que esté mejor sin derechos, esto dicen los colectivos de trabajadoras sexuales, y tienen razón.

La Ley trans y LGTBI, impulsada a pesar de muchas por la ministra de Igualdad Irene Montero, ha supuesto que miles de personas igualen sus derechos a los de quienes los asumen como inherentes. No hace falta entrar en el detalle de la Ley trans y en este artículo no compramos otro marco de discusión que no sea el del respeto por los derechos humanos de todas las personas que habitan el planeta.

Pero sí, en relación a la maternidad y paternidad cabe destacar que esta ley ha cambiado el Código Civil para que cuente con un lenguaje inclusivo y así, por fin, miles de personas han pasado del margen a la letra.

La norma explica que lejos de consistir en una modificación meramente formal, la sustitución del término “padre” en el artículo 120.1.º por la expresión “padre o progenitor no gestante” supone la posibilidad, para las parejas de mujeres, y parejas de hombres cuando uno de los miembros sea un hombre trans con capacidad de gestar, de proceder a la filiación no matrimonial por declaración conforme en los mismos términos que en el caso de parejas heterosexuales, en coherencia con las modificaciones operadas sobre la Ley 20/2011, de 21 de julio, del Registro Civil por la disposición final undécima.

También la disposición final segunda modifica la Ley 21/1987, de 11 de noviembre, por la que se modifican determinados artículos del Código Civil y de la Ley de Enjuiciamiento Civil en materia de adopción con el fin de especificar que las disposiciones sobre la capacidad de los cónyuges para adoptar simultáneamente a una persona menor de edad serán también aplicables a los integrantes de una pareja unida de forma permanente por relación de afectividad análoga a la conyugal, incluyendo también, por ende, a las parejas homosexuales, pues hasta ahora se contemplaba únicamente a las parejas formadas por un hombre y una mujer.

Estas reformas no son profundas y, por desgracia, nada de lo que haga el Estado cambiará radicalmente nuestras vidas. Esto es algo que debemos tener siempre presente. Este no es un artículo para pedir el voto de Yolanda Díaz y, en absoluto, para pedir el voto de Pedro Sánchez. Debemos construir redes de cuidado y de apoyo, estrategias que nazcan desde unos movimientos sociales fuertes que nos protejan de los vaivenes de la política institucional.

Pero sí me gustaría que hoy, 28 de junio, Día del Orgullo LGTBIQIA+ y con las elecciones estatales tan cercanas, recordemos que, como otras muchas cosas, el voto tiene un halo de privilegio del que debemos ser conscientes.

La abstención activa es una forma legítima de expresar tu desacuerdo con el sistema político actual pero no es cierto que nada cambie o que todos los partidos políticos sean iguales. Sí, son todos reformistas y alienantes pero otros lugares comunes como los mencionados nacen en gran parte del privilegio de tener unos derechos humanos asegurados al nacer dentro de la norma.

Vota o no votes, acepta el juego o rómpelo todo pero hazlo siendo consciente de que tu decisión conlleva, como casi siempre, un privilegio.

Y por favor, milita aunque sea en tu grupo de amigues porque este, como todos, debe ser también un Orgullo crítico, que ponga patas arriba todo, donde los monstruos salgan del cubo de basura para destruirlo todo, incluida, la sagrada familia.

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