Recientemente se ha dado a conocer el "Estudio de prevalencia de juego 2022-2023" presentado por el Ministerio de Consumo. Los datos no son esperanzadores: las apuestas presenciales siguen en aumento, las y los más jóvenes continúan consumiendo y la estrategia de quienes a costa de la salud del resto llenan sus bolsillos es cada vez más agresiva.
Por mucho que intenten ocultarlo, por más que escuchemos al lobby del juego y las apuestas ladrar, por más que tergiversen los datos: el trastorno por juego es una realidad que afecta a la juventud, a los barrios más populares y al futuro de la sociedad.
Mientras conocimos a través del reciente Estudio que aproximadamente la mitad de la ciudadanía española juega habitualmente a juegos de azar, el lobby del juego, quienes mueven solo en Aragón más de 50 millones de euros, se mofaba de las cifras anteponiendo sus premisas derechistas a la ciencia y la investigación llegando a tildar al Ministro de Consumo, cuyas funciones también se centran en tal ámbito, de loco mentiroso, signo de su poco respeto hacia la salud mental en general y a quienes viven o conviven con un dolencia ocasionada por las apuestas en concreto. Un 12% de la población joven que se encuentra en la franja de 18 a 25 años apuestan de forma online llegando a desarrollar problemas de juego, algo tan serio que sin embargo ha causado la carcajada en el propio lobby, lo cual también denota su falta de humanidad y degradación en términos de empatía.
La realidad, y así lo demuestra la investigación, es que la afluencia a locales de juego y apuestas, junto con las loterías instantáneas (rascas) siguen siendo la vía de entrada a una espiral de problemas que afectan a la salud mental, pero también generan daño a la vida social y al futuro de gran cantidad de nuestros jóvenes. Hablamos de un 97% de personas que apuestan de forma presencial y de que uno de cada diez jóvenes menores de 25 años presentan síntomas de sufrir trastorno por juego, una enfermedad que llega rápida, silenciosa bajo el tabú que suele versar las enfermedades mentales y que acompaña a la persona afectada y a su entorno de por vida.
En la modalidad online la población que consume juego es menor (6,6%) pero el de adicción de las tragaperras, las ruletas o el póker se encuentra al alza entre menores de 25 años. Continuando con el reciente Estudio, en la modalidad telemática, presentan síntomas de trastorno por juego el 18% a causa de las apuestas, más del 52% de estas personas consumen habitualmente máquinas tragaperras, el 32% ruleta, el 30% cartas, principalmente póker, siendo el 29% en el caso del bingo.
Son las máquinas de azar (tanto en la modalidad presencial como online) las que, para el conjunto de la población, elevan el riesgo de sufrir problemas con el juego. No en vano, el 21,27% de quienes las usan en locales físicos y el 52,56% de quienes juegan a través de Internet presentan síntomas de juego problemático. Bien sea una modalidad u otra, lo que no podemos obviar es que, tanto en lo material como en lo digital, son exactamente las mismas operadoras y sus dueños quienes están detrás de estos negocios; la banca que siempre gana aumentando las cifras de sus cuentas corrientes a costa de las pérdidas y del sufrimiento de las y los más vulnerables, de jóvenes y sus familias, mermando la vida y el desarrollo en los barrios más populares. Y es que, como el propio estudio revela y venimos advirtiendo, el juego de azar y las apuestas son un producto que se ceba con los que menos tienen.
Las cajas botín son lamentablemente la nueva incorporación al Estudio recientemente publicado, mecanismos online que permiten pagar o realizar micropagos habitualmente en videojuegos orientados a la población más joven. Preocupante que siga siendo permitido tal nicho de negocio en menores pero es una realidad, ya que el 23,7% de los menores de 15 a 17 años que juega a videojuegos tienen acceso a las conocidas como "loot vox". Un 20,6% de la población que las consume presenta juego problemático.
El resultado del estudio viene a reafirmar la necesidad que había en el Estado español de forjar un muro para frenar el avance de esta epidemia silenciosa, y desde el Ministerio de Consumo se han dado de una vez pasos firmes para poner coto al bombardeo de publicidad de apuestas en los medios de comunicación y especialmente en el deporte con la aprobación del Real Decreto 958/2020, de comunicaciones comerciales de las actividades de juego, así como medidas de control y monitorización de las webs de juego de azar, junto con la limitación del gasto compulsivo y barreras para evitar el acceso de menores y personas inscritas en los registros de prohibición con la modificación de la Ley 13/2011 de regulación del Juego estatal.
Regular el juego y las apuestas es clave para reducir el consumo. Con ello no nos referimos al acceso al juego no autorizado, más de un 99% de los encuestados reconocen que siempre consumen a través de webs o lugares legalizados, en este caso no hay detectado un problema del que alertar, hacemos referencia a la creación de mecanismos y al avance de los mismos que pongan coto a los locales de juego y apuestas. Y para ello hace falta valentía y un poquito de arraigo por cuidar nuestro entorno a la hora de hacer políticas desde la institución que coaliguen con las propias del tejido asociativo.
Aragón con su Ley 9/2023, de 23 de marzo, de modificación de la Ley 2/2000, de 28 de junio es ejemplo de ello donde se logró aprobar casi por mayoría límites desde la localización de los locales de juego hasta la acotación del uso de las máquinas conocidas como tragaperras, pasando por la eliminación de la publicidad y la prohibición del uso de tarjetas de crédito o préstamos con los que tantas deudas se venían generando.
La normativa aragonesa marca la distancia de 500 metros entre un local de apuestas y lugares frecuentados por menores aumentando el control de acceso en la propia entrada. Siendo necesario el control de acceso riguroso en los locales de juego contando con un libro de registros de visitantes. En relación a las máquinas tipo B o conocidas popularmente como tragaperras éstas por ley deberán permanecer apagadas en caso de no usarse eliminando el sonido y las luces que tan llamativas y perjudiciales son para quienes se inician en la enfermedad adictiva o la sufren. Del mismo modo la ley garantiza a los usuarios conocidos como autoprohibidos en el Rejup (Registro del Juego de Prohibidos de Aragón) que no podrán usarlas y en estas aparecerán mensajes informativos orientados a la propia prevención. Con todo ello, la creación de una "comisión técnica de coordinación interdepartamental" para mejorar y continuar con las políticas de protección de los jóvenes es una de las prioridades que también recoge la vigente normativa aragonesa, siendo igualmente imprescindible la ampliación de los medios de control e inspección de estos locales por parte de todas las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad de forma coordinada.
No son propuestas revolucionarias si no reguladoras que parten de la premisa de acotar la actividad legal pero perjudicial para la salud para que paso a paso se puedan dar la vuelta a las últimas cifras del reciente Estudio publicado por el propio Ministerio de Consumo. La Ley aragonesa viene amparada por profesionales de la salud de todos los ámbitos (profesionales de la psicología, el trabajo social o la medicina, por poner algunos ejemplos), por educadores, plataformas que luchan en pro de la salud mental y contra el avanzar de los locales de apuestas, profesionales de la investigación que siguen estudiando y generando mecanismos desde una visión preventiva de salud o padres y madres de alumnos que preocupados no quieren cerca de los colegios de los menores a su cargo un local que solo impregna de desesperanza el futuro de aquellos que deberían estar lejos de un lugar que solo genera ruina.
Lamentablemente, las apuestas llegan a todas las edades, a todas las clases sociales y a todos los barrios pero según las últimas cifras quien menos sustento económico presenta más ve en las apuestas la salvación a su posible futuro aunque sea de forma falaz. Los ricos apuestan menos que las personas pobres. Alrededor de un 10% de las personas que apuestan no tienen ingresos y un 24% no llega ni al salario mínimo interprofesional.
Otro de los datos donde debemos de mostrar preocupación es en los referentes a las mujeres, quienes se van aproximando a las cifras de consumo de los hombres, que suelen ser habitualmente mayores. El 30% de las personas que apuestan de forma habitual son mujeres. La perspectiva de género se ha convertido en algo fundamental al estudiar el consumo de apuestas, mientras la masculinidad tinta el tipo de consumo en varones, ellas buscan evadirse y escapar de situaciones que atormentan su vida siendo únicamente un 15% de estas quien llega a solicitar ayuda a profesionales.
El trastorno por juego no ha de dejar a nadie indiferente, puede afectar a cualquier tipo de persona. El 29 de octubre se celebra el Día sin juego de azar, momento oportuno para concienciar sobre ello. Generar una sociedad empática, donde defendamos unos recursos públicos que alcancen a toda la ciudadanía, donde el acceso a los mismos no genere diferencias, una sociedad que tienda la mano, que ayude, que alerte y prevenga sobre los peligros de toda sociedad a padecer un trastorno por juego es la mejor lucha que podemos hacer contra empresarios de las apuestas, lobbys del juego envenenado y vampiros de la salud, en definitiva, quienes demuestran que podrán tener un alto beneficio a costa del resto pero son plenamente carentes en dignidad, sin escrúpulos.

