Participación es esquiva. Todos la quieren, la llevan entre dientes o entre labios, dependiendo de su sensibilidad. En tiempos fue democracia, asamblea, revolución. Ahora cualquiera ondea su bandera, llena documentos, encabeza misivas. Hay quien la quiere libre, sin ataduras; mientras, otros intentan asirla, sujetarla, poseerla. La polisemia es infinita y los más ceñudos por estos lares la limitan al voto cada cuatro años y al aplauso entregado al ritmo de estridente o marchosa música. Sonrisas perfectamente blancas en dientes carniceros, como si no quisieran dejarla escapar después de pronunciarla. Crean servicios y consejerías. Cuentan que existe una en la antigua …