Masta Quba: "Como latina a veces me volteo y digo: 'hoy fui la cuota"

Música para hablar de lo importante, de lo urgente y de lo necesario. Con una pluma firme pero sin medias tintas. Esa es Masta Quba, una rapera que viene directa de México y una migrante que huyó de su país para salvar su propio cuerpo. Este fin de semana ha estado por Zaragoza.

Masta Quba.

Su nombre resuena junto al de muchas grandes que por aquí ya nos suenan, como Ana Tijoux, Rebeca Lane, Sara Hebe… Pero cuidado, porque una es de Chile, otra de Guatemala, otra de Argentina y como europeos a veces nos olvidamos de eso y metemos a todas estas raperas en el saco de “latinas”. Cada una tiene su habitación propia y hoy nos adentramos en la de Masta Quba.

Rapera, compositora y educadora hip hop. Y por si fuera poco, su Instagram es como leer un libro: información, denuncia, dudas, quejas, llantos, alegrías… Este fin de semana hemos podido disfrutar de su arte por partida doble: primero, en la Asociación de Trabajadoras del Hogar y Cuidados de Zaragoza, con un taller de rap para mujeres, y segundo, el sábado en el aniversario de La Causa.

Estuvimos hablando más de una hora y solo pude preguntarle la mitad de las dudas que tenía. Que quede esto de muestra de todo lo que tiene que decir, y solo es el inicio. Quién sabe si el resto de preguntas que se me quedaron guardadas se quedan para otra conversación.

Tu música surge de un lugar claramente posicionado, por ti, por tu vida -mujer migrante viviendo en Barcelona-, pero también una posición con respecto a todos los conflictos que existen ahora mismo. Lo mismo ocurre en tus redes sociales, donde hablas prácticamente todos los días de Palestina pero no solo, también te acuerdas del Congo, Sudán, todos los territorios colonizados. Cuéntame de donde surge Masta Quba, cómo llegas a ser lo que te hace ser tú.

Yo veo la música como una necesidad más allá de un lujo. No tuve las oportunidades que ha tenido muchísima gente de estudiar. Yo en realidad quería ser violinista cuando era niña, pero no se pudo invertir para una escuela o una academia porque al final la música clásica también es muy de gente blanca. Yo encontré el rap muy chica, tenía unos 14 años. Lo escuché primero desde la estética. El poder decir tanta información en tan poco tiempo. El rap no es solo un género como tal, sino es parte de una cultura, el hip hop. También viene de la poesía y la poesía no es como la prosa. Para la prosa necesitas un escritorio, una habitación propia -como decían Audre Lorde o Virginia Woolf-, pero para la poesía puedes escribir en el descanso en tu curro, puedes escribir en el baño, en la oficina, puedo escribir en un pedazo de papel donde te encuentres… Al final, la poesía es más para para la gente, para el pueblo.

Cuando conocí el rap, pues me di cuenta de que yo podía hacer eso, que en comparación con otras músicas que requerían instrumentos o una academia o tener ciertos conocimientos a los que yo no iba a tener yo ningún acceso, el rap y el hip hop me abrió la puerta. Porque solo tienes que contar tu historia con un papel y una pluma. Y así fue que empecé. Desde niña los primeros grupos que conocí tenían ciertos posicionamientos políticos, hablaban sobre  conflictos sociales y una de esas personas era Anita Tijoux, una rapera chilena. Yo estaba muy joven cuando la escuché, tendría 15 años o 16 la primera vez. Llevaba un tiempo escuchando rap, pero solo me aparecía rap de hombres. Yo entendía que era algo que estaba para mi disfrute, pero no que era algo que yo podía hacer por la falta de representación. Cuando vi que había una mujer, ahí entendí que también era para mí. El primer día que vi a Anita Tijoux, vi que era algo que podía hacer mío y reapropiarme.

Mis primeras canciones, pues fueron canciones donde hablé de mi propia historia. La primera canción que escribí fue sobre un abuso sexual que tuve cuando era adolescente. Me di cuenta de lo sanador que era el ejercicio de poder nombrar, de poder decir. Primero empezó como un ejercicio de sanación hacia mí, una necesidad de poder contar mi historia y después fue cuando me di cuenta de que frente a muchas personas se volvía un ejercicio de sanación colectiva. Por un lado, al contar mi historia me daba cuenta de que había muchas más personas y mujeres que habían vivido lo mismo lo cual me hacía sentir acompañada hasta cierto punto, lo cual me hacía saber que mi historia no era un caso aislado. Nunca los abusos que he vivido han sido mi culpa, sino que es una violencia estructural, una violencia sistémica. Pues también para las personas que me escuchaban era lo mismo, saber que también alguien más lo había vivido y que estábamos en resiliencia y seguíamos sobreviviendo a pesar de las cosas que nos han tocado vivir. Y mi camino siempre ha sido ese, siempre ha sido irme a la parte social.

Ya cuando fui grande, cuando tuve mi propio trabajo, cuando pude salir de casa de mis padres, seguí viviendo violencia, seguí viviendo abusos porque hasta cierto punto no tenemos mucho control sobre las violencias que nos atraviesan. Pero sí que es verdad que empecé a tener un poco más de autonomía, sobre todo, de la información. Ahí empecé a ejercer el ejercicio de la autonomía. Tal vez hay muchas cosas que las personas que hemos vivido una violencia, estructural, los que venimos del Tercer Mundo, como le llaman, o las personas racializadas, las personas que venimos de Abya Yala, a veces no tenemos muchos términos académicos o no podemos explicar las cosas desde un lado muy rimbombante, pero no hay mayor explicación que un testimonio, más allá de los libros y la ciencia, pues lo nuestro son testimonios.

Me considero una persona política. Soy una persona anticolonial, porque creo que si no lo fuera sería traicionar la propia historia de dónde vengo; me considero una persona también antirracista. Tengo claro lo que está mal en el mundo, es una estructura totalmente racista, patriarcal, colonialista, que sigue perpetuando este mito que se inventaron hace tantos años.

Poco a poco he interiorizado mi propia memoria histórica, buscar en mis ancestras, buscar a mis abuelas. Buscar toda la historia me ha ayudado a reafirmar mi camino político. He entendido que las personas que nos dedicamos al arte, que somos visibles, tenemos una responsabilidad muy grande que no podemos evadir. Hablo de los artistas, las personas que son figuras públicas o que al final de cuentas tienen cierta influencia hacia otras o que somos referentas, porque está bien auto nombrarnos referentas a veces.

Las personas racializado tenemos mucho miedo a referirnos a nosotras mismas como si fuéramos personas que pudiésemos ser un ejemplo, pero la verdad es que desde que estoy aquí en Europa me doy cuenta de la necesidad que hay de representación. Está muy cabrón de repente prender la tele y nunca verte ahí. O sea, la representación de alguien como tú y eso en realidad está en contra de la vida. Está en contra de la vida digna para absolutamente todas las personas. Entonces procuro usar mis medios, tanto en el escenario como en mis redes sociales. También yo misma en lo cotidiano intento, todo el tiempo dirigir mis conversaciones con la gente que me rodea hacia esos lugares, hacia un lugar de reflexión, hacia un lugar de continua descolonización, de continua transformación y creo que nunca es suficiente

El no hacer nada también, el no decir nada es también un posicionamiento. Este sistema es alimentado mucho desde el individualismo, “mientras yo esté bien que el mundo se vaya al carajo”. Yo trato en mi día a día pues ir intentando esa mejor versión de mi persona y de tratar de construir, aunque sean espacios pequeños, esos imaginarios de estos nuevos mundos que queremos que existan.

También parte de tu trabajo son charlas y talleres, el acercar a la gente a la música, al hip hop. Has dado estado en escuelas pero también en prisiones, que parecen sitios totalmente opuestos. ¿Cómo fueron las experiencias?

Toda la parte educativa fue algo muy fuerte para mí, porque también es entender que no hay que tenerle miedo a nombrarnos de ciertas formas. Yo lo digo mucho, soy educadora hip hop porque el hip hop es una cultura más allá de la música, es una cultura, un sentir y pensar diario. Me ayudó a sentarme y entenderme, no solo como una persona que provee o que comparte conocimiento, sino sentarme frente a personas.

Prácticamente siempre nuestros talleres son en círculo porque entendemos que no venimos a mostrar las cosas verticalmente, venimos a hacerlo más horizontalmente y a entender que la mayor parte del tiempo la que termina aprendiendo más soy yo. Yo entiendo el hip hop como un pretexto o una excusa para poder conversar. A veces es necesario escucharnos entre nosotras, entre mujeres y disidencias, porque esos espacios son siempre muy sanadores, es donde nos damos cuenta de lo peligroso que es vivir en el silencio. Nadie nos puede decir que no es importante o no es válida nuestra propia historia.

El sistema nos ha educado siempre con una historia, la historia occidental europea, ha estado en todos los libros de historia. Te enseñan mucho de historia, pero no te alientan nunca a contar tu propia historia o a entender también quiénes son tus antepasados, quién fue tu abuela o tu bisabuela.

Los talleres los uso como un pretexto para conocer otras experiencias, para conocer otras realidades y he aprendido mucho. Muchas de las herramientas que yo he aprendido para nombrarme, las comparto. Al escuchar, me terminan dando lecciones muy grandes.

En los talleres en prisiones en México, ¿qué les vas a decir a las chicas en la cárcel? O sea, te quedas en shock, las primeras veces me quedaba en blanco. Entendí que iba más allá de lo que yo pudiera preparar para las chicas de la cárcel. O sea, en la cárcel hay sobre todo gente pobre y racializada. Para mí, el sistema penitenciario también es cómplice de esta estructura, alimenta esta estructura racista. Rara vez dejaban entrar a gente como nosotras para dar un taller de rap, un taller de baile. Lo que hacíamos era ocupar una o dos horas con ellas para pasar un buen rato, para gozar, porque no hay nada que les pueda decir que las vaya a hacer sentir mejor, claro.

Lo dice Lorena Cabnal, que es una activista comunitaria indígena, que hay que rescatar la alegría sin perder la indignación. Creo que mucha de nuestra tarea es tratar de rescatar la alegría, de saber que también nuestra venganza es ser felices. Entender que también dentro de la cárcel podemos tener gozo. Al final todas terminan rapeando, terminamos haciendo una canción juntas, pero mucho desde un desde el juego, desde entender que no soy mejor o peor persona por estar fuera, y reafirmar la mierda que es el sistema penitenciario. Pero es muy fuerte la experiencia, no importa cuántas veces vaya, siempre me quedo en la misma desnudez.

También me dedico a dar talleres para adolescentes junto con mi compañero que es P. Jaguar. Tratamos de reflexionar con ellos mucho: sobre las redes sociales, nos hablan de suicidios, de trastornos alimenticios. Intentamos reflexionar en conjunto con ellos, contando primero nuestra historia, vulnerándonos frente a ellos nosotros como adultos. Al hacer eso se quedan con cara de “wow, estos no nos vienen a regañar ni a decirnos que hacer”. Es algo raro, las escuelas deben realmente escuchar a los chavales y reflexionar en comunidad con estas pequeñas semillitas o abriendo pequeñas ventanas, y entender que tal vez hay una opción más de cómo vincularte con alguien, como vivir en el mundo.

"Les vengo a que reflexionemos en conjunto porque creo que la música es un espacio importante para hacerlo"

He flipado con las listas de Raperas de Abya Yala que has ido haciendo: el curro de digging que se dice en el hip hop, de búsqueda, de selección, de cariño que le pones, y las portadas que son preciosas. Además, ahí se ve claramente que otras raperas no son tu competencia, no te van a quitar a ti likes o visitas, sino que son puras compañeras. ¿Cómo empiezas este proyecto?

Nació de una necesidad. Spotify - Yo lo llamo Explotify- tiene una playlist que se llama Equal, que es internacional. Esa lista se supone que es de mujeres. Yo tuve oportunidad de hablar con la gente que trabaja para Spotify, que supo de mi existencia y me pusieron en varias listas, me hice más visible. Una amiga mía, una artista de México, fue portada en esta playlist de Equal. Cuando yo la vi en la portada dije “bueno, pues si ella es, pues yo también puedo, todas podríamos”. Pero me dijeron que no, porque mis números no eran suficientes. Fue entonces cuando quise hacer una portada donde estemos todas, donde me venga valiendo verga qué números tengas. El único requisito para entrar a mi portada era ser mujer o disidencia y ser de Abya Yala, es todo. Y así empezó.

Llevo casi 20 años rapeando en México, apenas un año aquí, pero me ha dado el privilegio de conocer a muchísimas mujeres allá y siempre me he aferrado mucho como oyente al rap que me representa en las letras. Para mí es complicado escuchar raperas de aquí, porque no siempre me siento representada. Sí, hablan de feminismo, pero es un feminismo muy blanco donde nunca se atreven a hablar de raza y clase. Lo mismo con los raperos, que todo bien, pero de repente son todos muy académicos, muy poetas, pero poesía de la Academia, de estas palabras que a veces una no sabe ni pronunciar y eso a mí no me representaba.

Para hacer la lista me puse a buscar a todas, primero las que yo conocía, que son muchísimas, y luego empecé a preguntar a las compras o a mis amigas artistas. Cuando tuve todas empecé a hacer la playlist con tres canciones por cada una y para la portada va cambiando para que todas podamos ser portada sin ninguna presión de números.

Es el ejercicio de entender que aquí cabemos todas. No nos podemos esperar como morras o como mujeres que la industria nos acepte a todas. Es un ejercicio de voltear entre nosotras. Para mí la otra no es mi competencia, o sea, porque yo como oyente nunca escucho la misma artista todo el día, toda mi vida. Es una playlist que yo misma me la pongo para hacer ejercicio, para limpiar la casa, o sea que yo misma me consumo a mis propias compas, a mis propias colegas o a quienes no conozco.

Algo de lo que me he dado cuenta aquí es que mucha gente no consume la música de allá. No quiero generalizar, pero es lo que yo he visto. Es más fácil que un artista de aquí llegue a Latinoamérica, a que vengamos nosotros con las mismas condiciones que ellos hacia allá. Trato de hacer el ejercicio de que nos escuchemos. Hay música muy valiosa más allá de la que te pone el mainstream. Hay muchísima música muy bien hecha y la única forma de que podamos las artistas independientes seguir en esto es que la gente entienda la importancia de poner un play, de pagar una entrada para ir a un concierto, de comprarte un disco.

Masta Quba.

Yo creo que en los últimos años, y hablo desde una perspectiva española, hemos vivido precisamente el boom de las raperas que venís del otro lado del charco: Ana Tijoux, Rebeca Lane, Sara Hebe, Miss Bolivia, por nombrar a algunas de las que hemos hablado. Por un lado entiendo que estar en la misma lista que gente tan guay es un orgullo, pero a la vez creo que desde el Estado español al final se os mete a todas en el mismo saco como latinas. ¿Crees que ocurre eso?

Es muy fuerte, es muy real, nos meten a todos en el mismo lugar y de repente somos iguales, todas comen lo mismo, todas hablan lo mismo, todas viven lo mismo. También hay mucha cosificación hacia nosotras en Europa, mucha exotización, hasta mucha sexualización también. De repente te dicen algo de que “las latinas tan calientes siempre”.

Rebeca y Sara son amigas, tengo muchas amigas que respeto mucho su camino y son mis amigas, pero musicalmente a veces una va para un lado y otra va para el otro. Se ve muy claro la onda que traen aquí con los migrantes, de que entren unos pocos pero no todos pero no somos racistas. O sea, que bien una o dos latinas, como para la cuota, pero hasta ahí. A veces me volteo a ver y digo “hoy fui la cuota”. Ha sido muy fuerte para mí reflexionar toda esta parte racista porque me doy cuenta hasta con colegas de aquí. Muchas traen este discurso como muy político, a veces muchas raperas de aquí con una posición política muy clara, “somos obreras o feministas”, pero no dejan de ser racistas. Nunca las veo en el escenario con gente racializada, invitan a todas sus amigas y te das cuenta de que sus amigas, su círculo más cercano, es gente blanca. Hay que hacer un ejercicio para la autocrítica y darte cuenta si eres racista. O sea, voltear en tu círculo de amistades, porque si tus amistades solamente son gente blanca como tú, perdón, pero es que eso es racista, no hay forma para mí.

También sé que hay un interés sobre lo que hago, sé que hay una forma más humana y con muchas más reflexiones interiorizadas que comparten conmigo y ha sido muy bonito poder conectar con las personas. Pero ha habido de todo y el público de acá es también complicado, como que no se mueven.

Masta Quba.

Te voy a preguntar por algún otro debate y polémica. Por ejemplo, en el Estado español se habla a veces que cuando los blancos hacemos música como reggaetón, cumbia, ritmos que a nosotros nos son más ajenos, que vienen de Latinoamérica, es una forma de blanquearlo y hacerlo más pasable para el resto de blancos. ¿Cómo ves esto?

Pues es apropiación, totalmente. Si entendemos la educación del privilegio como la educación del merecer, o sea, desde el privilegio te educan desde el yo merezco todo, yo puedo hacer todo, yo soy invencible, yo puedo lograr todo lo que me proponga en la vida. Eso es muy blanco y muy de blanquito, es muy del privilegio. Eso es lo que hace que después la gente blanca, simplemente porque algo le gusta crea que puede hacerlo. Y terminan cobrando los millones de dólares o de euros o de pesos robándose y expropiando, imitando y plagiando muchas veces lo que hacen la gente oprimida.

El reggaeton está súper demonizado y me parece súper clasista porque si nos vamos a las letras toda su música se cae. Si te pones a ver por letras, pues demoniza toda la música, pero demonizar el reggaeton que viene de las favelas, que viene de gente racializada, que viene de gente negra, pues es súper clasista. Y de repente viene Rosalía, que es una tía que se disfraza de latina y la gente blanca ve a la gente negra o racializada como un disfraz, algo que me puedo quitar y poner cuando me convenga. Los artistas también se terminan blanqueando, como Shakira, que tú la ves hace 20 años y ya no es lo que es ahora. O sea, físicamente se ha blanqueado. Por eso, la blanquitud va más allá del tono de piel.

Me da muchísimo coraje ver también a Nathy Peluso, como performando no sé qué mierdas, haciéndose no sé cómo, hasta exagerando, pareciera que está haciendo una sátira. Ahí está la Bad Gyal también, una tía catalana, que tampoco se trata de que solo puedan hacer sardanas o algo así, pero si vas a hacer algo, hazlo con respeto. Yo le tendría más respeto a Bad Gyal si en una entrevista dice “yo soy una plagiadora güey, me estoy haciendo millones de euros por robarme toda esta esta cultura”. Aparte el reaggaeton, el dembow, el dancehall  viene de una opresión, de una precariedad muy fuerte, es la música del pueblo, de los pobres. De repente viene alguien a darse cuenta de que lo puede imitar y ya tienes todo este circo que hay hoy en día, que son gente blanca disfrazada.

Se ponen tres tonos más con el maquillaje y al final mucha gente se traga este cuento, pero hay muchas personas para las que es un insulto ver eso. Tampoco se trata de que nadie pueda hacer nada, pero al final la interculturalidad es súper importante. Políticamente no se puede hacer esto abiertamente sin que se tomen estas interpretaciones de racismo y apropiación. Sobre todo, porque ves gente que solo triunfa y la ves cobrando, pero no les ves nunca el posicionamiento político de nada, son las que no están diciendo nada contra el genocidio.

En mi caso, pues simplemente yo no los consumo que puede ser un mínimo. Si quiero escuchar reggaetón, pues ya sé a quién escuchar. No voy a escuchar a alguien que lo está imitando. Si quiero escuchar un rap así bien de calle, pues tampoco me no me voy a escuchar el rap de aquí, me voy a escuchar un rap que realmente esté hablando de algo real. Porque aquí también se inventa mil historias y es como si no lo has vivido, cállate.

"Una nunca termina de llegar y siempre habrá alguien que te haga sentir que eres una extraña"

De una forma más personal, tú como migrante, ¿cómo dirías que es tu relación con tu país, con México? ¿Y con el Estado español?

Todavía estoy tratando de entender esto, es una pregunta que me hago. Todavía estoy en un duelo migratorio heavy, estoy tratando de entender todo. México fue conquistado, expropiado y saqueado por españoles. Se sigue extrayendo, es una conquista que después de 500 años sigue. México es un país súper precarizado en muchas cosas. Es un país feminicida, es un país que está acabando con los pueblos originarios, que están acabando con los indígenas de México. También es un país súper racista.

En realidad, irme de México fue un ejercicio de fuga para salvarme a mí misma. Yo tuve la oportunidad porque mi pareja es catalana. El nivel de inseguridad que se vive allá siendo mujeres es tremendo. Son 11 feminicidios cada 24 horas. Cada tres horas se supone que hay una violación. Es el primer país más peligroso en abusos sexuales infantiles, la trata de mujeres está a tope, es un narcoestado.

Yo tuve el intento de secuestro unos meses antes de emigrar y cuando viví esta experiencia fue que decidí irme. Cuando yo llegué aquí, empecé a sentir mucha rabia. Por un lado me siento segura porque el nivel de violencia de género no es comparable. Puedo salir por la noche y no sentir que me van a secuestrar, me van a subir un carro, me van a violar. Me puedo subir al metro a las 2 de la mañana y alerta siempre tengo que estar, pero no con ese miedo. Eran sentimientos como de “qué guay poder vivir esto”, pero qué feo que no todas las mujeres podamos vivir esta paz. Y luego ver todas las comodidades que hay de este lado y entender que este primer mundo está sostenido por los terceros mundos. Entender que todas las comodidades que se viven de este lado, todos estos privilegios son sostenidos por las personas no blancas, por las personas racializadas por las personas negras y es muy fuerte.

Todo el primer año que no fui me sentía mal, extrañaba a mi familia, mis amigas, la comida. Al mismo tiempo me sentía bien porque estaba conociendo aquí gente nueva, mi proyecto está siendo muy bien recibido, pero en la calle al mismo tiempo ven como la otra, la extraña, la ajena, la intrusa; en el metro, en el supermercado, en el mismo edificio donde vivía. No había un solo día que no saliera a la calle y no me hicieran ver que yo no soy de ahí.

Ha sido difícil, he tenido círculos de trabajo con compañeros migrantes y así que me ha ayudado bastante. Sí que es verdad que la mayoría de mis amistades son migrantes, porque a veces la gente aquí es muy cerrada y son buena gente, pero que te dejen entrar a su círculo hay mucha diferencia. Uno nunca termina de llegar y siempre habrá alguien que te haga sentir que eres un extraño.

Yo estoy todavía en este limbo y este duelo migratorio, que no sé cuándo terminará, pero me queda claro que a México no regreso. Es que vivir allá es demasiado, termina con tu psique, con tu salud mental, es muy difícil. Me siento una persona privilegiada por estar ahora aquí, pero sí tengo la oportunidad de volver, no lo voy a hacer.

"Yo me gané mi lugar aquí en el escenario y la que tiene el micrófono soy yo"

Y en cuanto al mundo musical, digamos, artístico, festivo, ¿ves mucha diferencia entre estos dos lugares?

Sí, aquí les encanta la fiesta y tienen una cultura del bar muy fuerte. Aquí la gente está todo el tiempo muy borracha, les encantan las drogas, que no es algo que no pase allá pero lo he visto en muchos eventos. La gente no quiere pensar y eso también es parte del privilegio.

También es que no he tenido tanta oportunidad, a mí no me han invitado a festivales, cosa que no tampoco me interesa. Trato de ir siempre a eventos que sean autogestionados por colectivas, que sean más políticos, que no sean solo de fiesta porque ya me ha tocado estar en eventos y termino peleada con la gente, porque mi música no es para la fiesta. Tengo canciones que bailas y todo, pero no es tanto como para entretener, no, no vengo a bailar, les vengo a que reflexionemos en conjunto porque creo que la música es un espacio importante para hacerlo también.

He tenido varias que me han sucedido en fiestas que la gente está súper borracha y yo hablando de algo súper fuerte, la gente gritando. Me ha tocado dignificar mi espacio en el escenario. Es como, si no quieren estar aquí, salgase a fumar, a drogarse. Yo termino en 20 minutos y regresan, pero si van a estar aquí se callan güey, porque yo me gané mi lugar aquí en el escenario y la que tiene el micrófono soy yo. Eso también lo he vivido en México, o sea, la gente a veces vive de otras realidades. Cada público es diferente y si tocas diez veces en una ciudad, son diez veces diferente porque no son las mismas personas. Siempre es improvisado. Hay bastante diferente, sobre todo la energía. A veces es gente súper cálida y súper entregada y a veces no sabes qué quieren. Te digo que no me gusta generalizar, es dependiendo en cada lugar. Ha sido un poco complicado pero bonita la experiencia.

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