La importancia de los cuidados y el valor de la profesionalidad resultan claves en la lucha contra el coronavirus

Las residencias de mayores y el personal del servicio de limpieza en los hospitales: ambos sectores protagonizan esta tercera, y presumiblemente última entrega, en la que desde AraInfo hemos pretendido dar voz y conocer de primera mano el estado anímico y las condiciones laborales en las que los y las profesionales de la salud han desarrollado su labor contra la COVID-19.

cuidados
Foto: Pixabay

El COVID-19 ha provocado en las residencias de personas mayores un gran número de fallecimientos. De hecho en Aragón, más de 600 de los 870 fallecimientos (a fecha 2 de junio) se han producido en este tipo de instalaciones, lo que se traduce en alrededor de un 75%. Con estos datos, el pasado 8 de mayo diferentes colectivos y organizaciones sociales presentaban una queja ante el Chusticia d’Aragón en la que solicitaban a la Institución que realizara una investigación sobre la actual situación de algunas residencias de la tercera edad de Aragón.

Según el Instituto Aragonés de Estadísticas (Datos Básicos de Aragón, 2019), en 2018 el IASS únicamente disponía de un 11% de las plazas residenciales para dependientes propias, y un 7,4% concertadas, es decir, 18,4% de plazas “públicas” a efectos de la Ley de Dependencia; mientras un 42% son mercantiles de empresas capitalistas.

Además de las residencias de personas mayores, otro de los sectores que se ha visto involucrado de lleno en la lucha contra la pandemia ha sido el de los y las trabajadoras del servicio de limpieza en los hospitales. Considerado “de manera irresponsable” como personal de bajo riesgo, las limpiadoras y limpiadores de las subcontratas se han entregado a combatir el virus “a puerta gayola conscientes de nuestra importancia en ello”.

Ambos sectores protagonizan esta tercera, y presumiblemente última entrega, en la que desde AraInfo hemos pretendido dar voz y conocer de primera mano el estado anímico y las condiciones laborales en las que los y las profesionales de la salud han desarrollado su labor. Una labor que ha puesto de manifiesto la importancia que tiene una sanidad pública y universal, aunque la derecha y la extrema derecha se empeñen en desprestigiar y aprovecharse de ella para lucrarse económicamente a costa de la salud de las personas.

“Hay gente que no se involucra en nada, pero hay personas que se involucran en muchas cosas”

Laura trabaja como auxiliar en una residencia, y quien mejor que ella para explicar cuál es –o era, a mediados de abril- la situación en uno de estos centros en Aragón. Obviamente omitimos su nombre. Nos cuenta que desde el principio de la pandemia se intentó evitar los contagios prohibiendo a las familias que visitaran a sus familiares, ya que podía establecerse un foco de transmisión muy fácilmente.

El miedo a lo desconocido –nos explica- es uno de los condicionantes a la hora de trabajar frente al coronavirus. “Te da apuro, claro, pero hay que echarle valor y pensar que las personas dependen de nosotras y hay que atenderlos como siempre, o mejor todavía, con más cuidado y más precaución”.

En cuanto a los equipos de protección, Laura asegura que los primeros días fueron “duros porque no estás acostumbrada a llevar mascarillas constantemente, las batas, entrar con pantalla… Los pobres cuando entras no te conocen, no saben quién eres. Al rato de estar oyéndote hablar, porque la voz se distorsiona con las mascarillas, te dicen ‘ah, ya sé quién eres’, y eso que intentas siempre pues hablarles o preguntarles cómo están”. Y añade que en los ocho años que lleva trabajando “jamás habíamos entrado con alguien en aislamiento”, lo que da buena cuenta del grado de dificultad y de incertidumbre a la hora de afrontar esta tarea.

Reconoce que la manera de trabajar también se ha visto modificada por culpa del COVID-19. “La forma en como trabajábamos a como estamos ahora ha dado un giro, porque nuestros residentes salían de las habitaciones y ahora les hemos dicho que permanezcan en las habitaciones por precaución y seguridad para ellos”. Rutinas como salir a desayunar, a comer y a cenar, han dado paso a un mal llamado servicio de habitaciones para evitar el contacto entre las personas residentes.

Para Laura, la falta de personal no ha sido un problema a la hora de desarrollar su tarea. “Nosotras sí que nos mantenemos todas en nuestros turnos, pero nos han puesto en algunos momentos refuerzo. Han contratado a otras auxiliares para que vengan a ayudarnos. La supervisora cuando nos tenemos que poner todos los EPIs para entrar en las habitaciones viene para facilitarnos lo que necesitamos. Si hay algún material que no tenemos nos lo trae para que nosotras no estemos entrando y saliendo”.

Apunta que “hasta que todo esto no pase seguiremos igual, teniéndolos separados unos de otros para que el ‘bicho’ no entre. Queremos cuidar a nuestros residentes, pobrecicos. El día que llegue su hora que sea por las causas que sean, pero no porque nosotras hayamos descuidado con esto”. Sin duda, una muestra de su profesionalidad.

El factor emocional por supuesto también influye a la hora de trabajar. “Hay momentos en que a lo mejor una está crispada, pero es lo que hemos hablado entre nosotras: en estos momentos tenemos que ser un equipo, si alguien suelta un improperio en un momento dado no hay que tenerlo en cuenta porque estás un poco más nerviosa”. “Estás enfrentándote a una cosa que te es desconocida, porque por mucho que hablen los científicos, ni ellos saben lo que es este bicho. Entonces, hemos decidido que, aunque estemos un día un poco crispadas, no lo vamos a tener en cuenta, vamos a intentar centrarnos en apoyarnos”, matiza.

La labor que realizan los y las profesionales en las residencias, al igual que en los hospitales, se ve recompensada –en parte- por las palabras de agradecimiento que los y las residentes tienen hacia ellas. “Hay algún residente que lo ves un poco irascible. Vas te sientas un ratico con él, hablas con él y te dice: ‘Ay, si no fuera por ti, que mal me encontraría’. Cuando les hablas te lo agradecen, y no puedes darles un abrazo, pero te ven en los ojos que les estás sonriendo y te lo agradecen”.

Y para finalizar, Laura reflexiona y lanza un mensaje. “Igual esto es un escarmiento porque estábamos en una sociedad de tal consumismo y tal egoísmo que no pensabas en el de al lado, sino que ibas a lo tuyo. Entonces, ahora todo el mundo está pensando en hacer las cosas de otra manera. Hay gente que no se involucra en nada, pero hay personas que se involucran en muchas cosas”.

“Lo hacemos por profesionalidad, pero sobre todo por principios”

“Durante esta ‘virulenta’ (y perdonen el chascarrillo) crisis que estamos atravesando, algunas personas anónimas, trabajadores de oficios humildes, los últimos de la fila en cuestiones de derechos, los más explotados y peor pagados, han adquirido una dimensión inimaginable”.

Así comienza Ana –trabajadora en el servicio de limpieza del Hospital Clínico- un artículo de opinión en el que retrata, desde su propia experiencia, la situación que han vivido –y lo siguen haciendo- las personas que realizan las labores más invisibles en esta pandemia y que se están “dejando la piel en puro hueso por salvar vidas sin recursos necesarios, exponiendo con frecuencia la propia o comprometiendo la de sus seres queridos”.

“En esta historia hay muchos héroes y heroínas que no ganan cifras estratosféricas jugando al fútbol o que no se forran especulando con dinero ficticio en los templos bursátiles. Sin embargo –continúa-, ni el futbolista, ni el cantante de moda, ni el pirata financiero representan actividades esenciales para vencer a una pandemia. Ellos y todo su glamour son totalmente prescindibles”.

En cuanto a la parte que le toca, Ana dice tener la obligación de “poner en relieve el excelente trabajo de las plantillas de limpieza sanitaria”. “Sin apenas formación, considerándonos de manera irresponsable ‘personal de bajo riesgo’, las limpiadoras y limpiadores de las subcontratas nos hemos entregado a combatir el virus a puerta gayola conscientes de nuestra importancia en ello”.

Recuerda que, durante décadas, “los servicios de limpieza sanitarias se han privatizado y, paulatinamente han caído en manos de grandes empresas afines al poder político de turno”. “Evidentemente, ninguna de estas corporaciones piensa perder dinero en este business. Y con la complicidad, o la burricie, de las consejerías correlativas los presupuestos eran cada vez más exiguos, tan temerarios que no garantizaban el número de trabajadores imprescindibles”.

En su opinión, la consecuencia lógica fue “una reducción brutal de plantillas y un aumento surrealista de las cargas de trabajo”. Afirma que las condiciones de los trabajadores y las trabajadoras “se han ido deteriorando, pero lo que más deterioro ha sufrido es la limpieza de nuestros centros sanitarios”. “El listón de exigencia se rebajó ostensiblemente y si no se produjo una crisis higiénica fue porque las plantillas asumieron sobre sus costillas la responsabilidad de mantener unos mínimos que no comprometieran la salud de los pacientes. A menudo a costa de la nuestra”. recalca.

De hecho, argumenta que “ahora que la sociedad empieza a comprender que la limpieza sanitaria es ‘un servicio esencial’ para la seguridad pública, quizás haya llegado el momento de replantearse la privatización de este gremio. ¿Qué sentido tiene que esté en manos de unos bucaneros que solo quieren hacer negocio con la salud?”, se pregunta.

Ella, y todas las personas que realizan esta labor, agradecen “entrañablemente” todas las muestras de afecto que están recibiendo. “Lo hacemos por profesionalidad, pero sobre todo por principios. Aunque siempre estuvimos ahí: limpiando el quirófano donde le operaron a usted o a un familiar, desinfectando las zonas oncológicas, intentando que nadie pague por nuestra precariedad en falta de personal. Como ahora”.

Hoy reciben ese abrazo de la gente y quieren devolverlo con toda su fuerza. “Pero cuando esto acabe, que lo hará. Sería justo que se dignificaran todas esas actividades esenciales que marca el decreto, como la nuestra. Esa sería la mejor recompensa. Mientras tanto, como decía el jotero: ‘Nadie le teme a la Fiera…’ porque entre todos nos la vamos a cargar. Aunque sea mocho en ristre”, concluye Ana muy acertadamente.

Autor/Autora

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de nuestra política de cookies, pincha el enlace para más información.

ACEPTAR
Aviso de cookies