Voces de la sanidad: "Ha tenido que venir una pandemia para darnos cuenta de la gente que está sola”

Personal de enfermería, personal médico, celadores y celadoras, conductores y conductoras de ambulancias, servicio de limpieza, auxiliares… todas y cada una de estas personas que forman parte de la estructura sanitaria han demostrado no solo estar a la altura de las graves circunstancias, sino que sin ellos y ellas las consecuencias de la pandemia hubieran sido todavía más devastadoras.

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Foto: Pixabay

Una sanidad pública, universal y de calidad. Si un mensaje nos tiene que quedar claro, tanto a la clase política como a la sociedad civil, es que la crisis social, económica y sanitaria provocada por el COVID-19 ha puesto de manifiesto la importancia de uno de los pilares que sostiene el estado de bienestar: la sanidad pública.

Personal de enfermería, personal médico, celadores y celadoras, conductores y conductoras de ambulancias, servicio de limpieza, auxiliares… todas y cada una de estas personas que forman parte de la estructura sanitaria han demostrado no solo estar a la altura de las graves circunstancias, sino que sin ellos y ellas las consecuencias de la pandemia hubieran sido todavía más devastadoras. De hecho, en muchas de las ocasiones han realizado esta ardua tarea sin los equipos de protección adecuados, poniendo la salud de los y las pacientes por delante de la suya.

En AraInfo hemos intentado a través de esta pieza -de la que habrá una segunda entrega- dar voz a estas personas que trabajan en la sanidad pública aragonesa. Conocer de primera mano sus impresiones y, en la medida de lo posible, animar a que sigan desarrollando su labor como lo han hecho hasta ahora: con una dedicación plena y con una profesionalidad fuera de toda duda. Los y las profesionales sanitarias suelen rechazar los calificativos de héroes y heroínas, pero su implicación -pese a la pésima gestión realizada por la clase política- es sinónimo de grandeza. Al final, la historia pondrá a cada uno en su sitio.

Estas breves entrevistas se realizaron a mediados de abril, y aunque la situación en cuanto a cifras de fallecimientos y de personas contagiadas por el coronavirus ha mejorado, las críticas hacia la Consejería de Sanidad no han parado. De hecho, este pasado martes -12 de mayo-, Pilar Ventura, presentaba su dimisión al frente de dicha cartera. Los motivos, las innumerables críticas recibidas por su gestión. El detonante, unas declaraciones realizadas por la consejera en las que afirmaba que “para las plantillas era un estímulo poder confeccionarse sus propios equipos de protección individual con bolsas de basura”. La suerte para la consejera estaba echada.

Sanidad pública y sanidad privada

Emma es enfermera y trabaja en el Hospital Miguel Servet y en la Clínica Quirón. Nos cuenta que, en ocasiones, al menos en Quirón, “el material ha sido mejor que en el Salud”. “Al igual que en el Salud ha habido personas que han tenido que entrar con bolsas de basura, esas situaciones sí que se han dado en la privada, pero creo que la sobrecarga de pacientes es infinitamente menor y se ha dispuesto de más medios”, añade. La sensación general es que se han encontrado “un poquito mejor, pero tampoco puedo decir que haya sido una situación privilegiada”.

Asegura que en cuanto al personal en la sanidad privada siempre ha habido “muchísimo menos”. “Sí que es verdad que han transformado un poco y se ha derivado personal de otras plantas a las zonas COVID para tener menos sobrecarga en esa zona, pero la realidad es que en otras plantas ha habido una sobrecarga de pacientes brutal porque los medios se han destinado a esas zonas, y creo que en cuanto a personal sí que se ha estado mejor en el sistema público”, continúa explicando Emma. Aunque reconoce que este hecho “es de siempre, es la base”. Habitualmente, el ratio de pacientes que ingresan “es infinitamente mayor en la privada que en la pública”. Y esto ocurre en uno de los centros sanitarios mejor considerados dentro de Zaragoza a nivel privado, es decir “que otros tendrán una situación peor”.

Al parecer, en la Clínica Quirón no se ha superado el número de 24 pacientes COVID, “si se ha superado será por unos pocos y no ha habido muchos pacientes derivados del Salud”. Hay que recordar que en la unidad de COVID en esta clínica hay 24 camas más 8 posibles en UCI y no ha sido necesario abrir más. “Han estado mejor, pero a nivel asistencial, las zonas que no han sido COVID no han sido reforzadas y obviamente se han encontrado con panoramas feos, de mucha sobrecarga de trabajo y poco personal”, reconoce.

Bajo un escenario de pandemia, también se dan situaciones positivas. Emma nos cuenta que ha sido testigo del lado humano de toda esta tragedia, de la reacción de sus compañeras en el trabajo, y del orgullo que ha sentido de ellas. “Me transmitieron la sensación de que sigue habiendo un poco de humanidad dentro de todo esto, porque una de las mayores quejas por parte de la población ha sido que, claro, al haber un número de EPIs y de material de protección concreto, las entradas y salidas tienen que ser controladas porque cada vez estás gastando un material entonces entras para lo justo y necesario, y eso el paciente lo percibe como un abandono emocional, asistencial. Se le intenta explicar y comunicar, pero no deja de crear desconfianza, ya que al fin y al cabo es una persona encerrada en la habitación y no sabe lo que está pasando ahí fuera”, asevera.

Emma destaca la unión existente entre compañeras. Considera que “en el grupo de amigas de enfermería también ha habido muchísima comprensión entre unas y otras”, y cree que la unión también les ha hecho “más fuertes”. Sin embargo, reconoce que en atención primaria están “increíblemente peor porque es la primera barrera”, están muy expuestas y “muchísimo menos provistas de material que en otras áreas”.

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Cierre UCI Hospital Miguel Servet. Foto: DGA.

“Te llegas a encontrar con gente que ni te dirige la palabra”

Nicolás trabaja como celador en el Salud, y aunque lleva relativamente poco tiempo desempeñando su labor –“un par de contratos de vacaciones y ya”-, viene de un sector muy precarizado como es la geriatría privada, “con mucha carga de trabajo, escaso sueldo y menos medios”. Recuerda que la primera vez que trabajó en un hospital no se creía que lo que él hacía solo en las residencias, allí lo hicieran entre dos o tres personas. “Como comprenderás me parecieron geniales las condiciones de trabajo. Todo depende de dónde vengas para valorar un nuevo trabajo, no tendrá la misma opinión alguien que venga de una cadena de montaje que otro que haya salido de un despacho”, matiza.

Es la primera vez que trabaja en una UCI, así que no distingue si la situación es normal, mejor o peor de lo habitual. “De entrada, box (habitaciones) individuales para cada uno, cosa que viene muy bien para contener contagios, la intimidad del paciente y su tranquilidad (ver a alguien entubado, con traqueotomía, conectado a muchas máquinas enfrente de ti no debe de ser muy relajante en caso de que te despiertes)”. Apunta que no han tenido problemas con los EPIs. “Ahora hemos notado una bajada en la calidad de las mascarillas y se están recogiendo firmas para presentar una queja”, recalca.

Como celador, Nicolás asegura que no se puede quejar, accede a los mismos materiales de protección que los y las Técnicos en Cuidados Auxiliares de Enfermería (TCAE), que el personal médico y que el personal de enfermería. “Del resto del hospital no podría decirte lo mismo. Creo que les dan una mascarilla quirúrgica para toda la semana. En Sanidad hay mucha jerarquía y nosotros somos el último mono en personal, te llegas a encontrar con gente que ni te dirige la palabra, somos invisibles para ellas”, confiesa.

Hay que recordar que celadoras y celadores no son considerados personal sanitario pese al estrecho contacto que tienen con los y las pacientes. Nico detalla los peligros que entraña su labor: desde la admisión de pacientes en Urgencias “donde el primer tosido nos lo comemos nosotras, como quien dice; al traslado a la habitación y a distintas pruebas o rehabilitación; realizar cambios posturales, ayudar a movilizar en aseos y cambios de pañal”. Por eso, que no se les quiera dar las mismas protecciones que al resto en planta le parece “indignante”.

Las situaciones familiares de cada trabajador y trabajadora también forman parte del día a día en los centros sanitarios. “Hay quien ha dejado a sus hijos con los abuelos y no los va a ver en dos meses por no poner en riesgo a sus padres. Quien te dice que no han renovado el contrato de su pareja cuando se han enterado que ella empezaba a trabajar en el hospital. O mi caso, que me he ido de casa y veo a mi hija menos de una hora al día, tras cambiarme, ponerme mascarilla y tener que decirle que no puedo besarla o abrazarla mientras esté trabajando aquí”.

En cuanto a la relación directa con los y las pacientes, Nicolás nos explica que la mayoría están medicados y dormidos, “los que han despertado suelen estar poco tiempo”. Y reconoce que la comunicación es complicada con tanto EPI, “apenas nos oímos entre los que trabajamos como para poder hablar con un abuelo al que encima igual se le ha quitado los audífonos”. “Aun así se les procura hablar, primero para explicarles qué vamos a hacer y ver si nos pueden ayudar, que nunca viene mal, y luego para comprobar el nivel de consciencia”, apostilla.

“El otro día llegó una carta de unos familiares- continúa-. Le pedían que apretara dientes como había hecho toda su vida y tirara para adelante. Que su hijo y sus nietos le necesitaban. Que este año se preveía una cosecha impresionante y necesitaban de él para sacar todo el trabajo. Leer eso te deja con media sonrisa y con ganas de seguir ayudando para sacar a todo el mundo de la unidad. Que todas las parejas, hijos y nietos recuperen a sus seres queridos y que pase esta situación”, concluye Nico.

Después de realizar esta entrevista, Nicolás fue despedido junto con otras 9 personas que trabajaban como celadoras en el Servicio CMA, habilitado como UCI durante la emergencia sanitaria. Cuatro días después la Mesa Sectorial de Sanidad acordó prorrogar todos los nombramientos eventuales efectuados con ocasión de la crisis sanitaria hasta la finalización del período ordinario de vacaciones, es decir, hasta el próximo 15 de octubre, pero no ha sido así con esta categoría profesional. Desde CGT han solicitado que este personal que ha estado en primera línea como el resto de profesionales también obtenga esta recompensa por su esfuerzo y dedicación.

“Ha tenido que venir una pandemia para darnos cuenta de la gente que está sola”

Andrea es enfermera en Centros de Salud, y nos relata que la organización durante la pandemia ha sido en cada centro un “sálvese quien pueda”. “Como ya de normal cada centro se organiza de una manera diferente, pues claro, tiene que adecuar ese mecanismo de normal a la situación. Las primeras semanas fueron horribles por eso, porque no teníamos ni idea de cómo hacerlo”, agrega.

En cuanto a los equipos de protección, Andrea subraya que “una mascarilla dura puesta ocho horas”, y ella la lleva tres días porque no les dan más. También carecían de batas de calidad, y las que tienen se las hizo “una modista amiga de una amiga de una amiga” con bolsas de basura. “Ahora empezaba a llegar material, pero los primeros días te veías muy expuesta. Si ya tenías el agobio de ‘qué he tocado con esto’ y ‘qué no he tocado con esto’, suma que el material que tienes no te protege como te tiene que proteger”.

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Foto: DGA.

Nos confiesa, asimismo, que mientras en los programas de televisión existía “mucho alarmismo” por el número de personas contagiadas y fallecidas por COVID-19, a los trabajadores y trabajadoras se les pedía que no actuaran de esta manera. “Los primeros días en nuestro centro de trabajo te miraban mal por llevar mascarilla. No te dejaban llevar mascarilla porque alarmabas a los usuarios”.

En cuanto al estado anímico, Andrea cuenta que acude al trabajo “mal porque para empezar, cuando llego a mi casa intento no ver la tele y me abstraigo, pero cuando llegas al trabajo es 24 horas y siete días a la semana hablando de lo mismo: tal persona se ha infectado, mi compañera de la UCI me ha dicho esto, del coordinador que te dice que se están acabando los EPIs y a ver cómo los utilizamos… y el decir tengo que ir a este domicilio porque esta persona es posible de coronavirus y no tengo una mascarilla decente con la que ir, te entra ese agobio”.

Respecto a las condiciones laborales en los Centros de Salud, desde las 15.00 hasta las 20.00 horas se llama atención continuada, y de 8.00 a 12.00 horas hay personas que están contratadas para esa función, “y se están utilizando esos contratos que no llevan ni turnicidad ni llevan noches ni llevan festivos para hacer contratos en residencias”.

Andrea asegura que tiene compañeros que “están con contratos de mierda haciendo turnos mortíferos”. “Esto nos sobrepasa a todo el mundo y ahí no los juzgo, pero en administración no se sabe quién está trabajando y quién no está trabajando. Tengo compañeras que no les han llamado para trabajar porque ni siquiera saben que están activas”, subraya. “No puedo estar más de 15 minutos en un domicilio, entonces la calidad asistencial baja un montón y también me afecta. Eso también les genera ansiedad”.

En referencia a la entrega de materiales, Andrea confiesa que como se encuentra sustituyendo a otra persona, a ella no le dan. “He conseguido yo que tenía de la carrera y lo que hago es llevarme la ropa con la que voy de aquí al centro de salud, la ropa con la que trabajo en el centro y la ropa con la que me voy de domicilios. Me he tenido que llevar un abrigo nuevo, unas deportivas nuevas, quiero decir, otras, solo para los domicilios”.

Por último, y para reflejar la importancia de los cuidados en estos tiempos tan convulsos, y ante la ausencia de estos por parte de la administración, Andrea pone como ejemplo una de las redes de apoyo que se han tejido en la capital aragonesa. “La red de apoyo que se está montando en el Gancho –barrio zaragozano- es muy guay y los abuelos lo agradecen un montón. Recibimos llamadas de abuelos llorando de la emoción porque se ha pegado el vecino de turno llamándole una hora o le ha bajado a hacer la compra. Ha tenido que venir una pandemia para darnos cuenta de la gente que está sola”.

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