Vayamos a esos datos, son claros: de los 46 modelos autorizados de máquinas destinadas al uso y abuso de juego, 30 tragaperras nuevas se han autorizado en Aragón, siendo 826 el total de este tipo de máquinas que se distribuye por todo el territorio aragonés. Máquinas que gracias a sus efectos lumínicos y sonoros, al tintineo de monedas al caer de ganancias que incitan a la pérdida y a los premios insignificantes para quienes se lucran de ello, hacen crear para quienes las consumen un aislante social peligroso, una desconexión emocional y una pérdida de salud.
De acuerdo al Estudio de prevalencia de juego 2022-2023, elaborado por la Dirección General de Ordenación del Juego del Ministerio de Consumo a partir de 20.000 encuestas, el 49,29%, juega a juegos de azar lo cual supone que alrededor de la mitad de la población es mas vulnerable a padecer un trastorno de juego.
Como psicóloga cada vez encuentro más en terapia a jóvenes que intentan escapar de la soledad, la tristeza o las piedras de su propio camino, asustados por su propia incertidumbre recurren a ese canto de sirena presencial o telemático para dejar simplemente de pensar, de sentir y en definitiva de vivir su propia vida. Una adicción sin sustancia cuyas repercusiones son similares a otros adictivos como el alcohol o la cocaina. Atractiva situación para empresarios del juego que solo desean lucrar sus bolsillos a costa de la salud de adolescentes que pierden no solo las vueltas del café, el tiempo, los amigos, deterioran las relaciones familiares, disminuyen el rendimiento educativo al ritmo que generan un ciclo de mentiras para esquivar cualquier barrera hacia la apuesta pero qué en definitiva, es una perdida de algo tan valioso como su propio presente. Las empresas del juego solo hacen más que aumentar sus beneficios, 11.610.016,04 euros concretamente a lo largo de todo el 2023 siendo 36.895.872,48 euros los ingresos tributarios solo en máquinas tragavidas, “los ingresos tributarios derivados de máquinas de juego en 2022 han tenido un importante incremento, superando cifras alcanzadas en 2012” indica el Informe.
Los salones de juego no dan datos alentadores, solo lo serían de cerrarse todos debido a la nula demanda, pero lejos de la realidad, desde el año 2008 no han hecho más que aumentar. Tal y como se recoge en el propio Informe: el número de locales que cuentan con apuestas se situó a 31 de diciembre de 2023 en un total de 140 establecimientos, de los cuales, 120 eran salones de juego, 12 bingos, 7 locales de apuestas y 1 casino. Estos datos reflejan que un 86% de los locales de juego que contaban con apuestas en esa fecha eran salones de juego, a través de las zonas de apuestas que existen autorizadas en ellos. Locales que invaden los barrios más populares con la finalidad de que aquellas personas más vulnerables recurran a endeudar su vida, eliminar sus relaciones sociales, aislar sus emociones y cavilar entre apuestas que solo merman la salud de quien los frecuentan.
De todos los datos, mucho más extensos en el documento en cuestión, si hay algo de lo que congratularse es el aumento año tras año de autoprohibidos, personas que recurren a censurarse la entrada a locales, bingos, casinos o plataformas online donde no harían otra cosa que continuar endeudando su tiempo. El Registro de personas autoprohibidas al juego supone la prohibición de acceso a los locales de juego y en consecuencia para ayudar a los solicitantes inscritos a prevenir los trastornos por juego y contribuir a la rehabilitación de las personas afectadas por alteraciones derivadas del juego, cuestión clave que figura en el propio Informe. Y es que el número de personas inscritas en el REJUP, siglas del propio Registro, aumenta cada año situándose a cierre del año 2023 en 4.529 personas, siendo únicamente el 16% mujeres, lo cual muestra la invisibilidad y estigma que todavía existe en ellas al momento de reconocer y abordar una problemática en materia de salud mental, en este caso de juego. Hablamos pues de un incremento de un 7,7% de autoprohibidos, mayoría hombres de entre 26 y 35 años aumentando la tasa de aquellos de 18 a 25 años, datos alentador si tenemos en cuenta que el pronóstico mejora si el diagnóstico es más temprano pero ellos no deja de ser el reflejo de que el juego y las apuestas calan cada vez en edades más tempranas lo cual es una lacra que, de nuevo, podemos comprobar, afecta a jóvenes, a poblaciones más vulnerables. El grupo de Investigación de Salud Mental de Aragón del Instituto de Investigación Sanitaria de Aragón y Universidad de Zaragoza liderado por Yolanda López del Hoyo y Javier García Campayo, que actualmente se encuentran trabajando en diferentes proyectos de juego y apuestas ya lo señalaban de forma muy clara: Uno de cada cuatro jóvenes podría desarrollar patología ante el juego, lo cual es simple y crudamente un auténtico drama.
Como dato al margen de los ya señalados, es reseñable que cuesta encontrar referencias en el Informe a la propia Ley del juego de Aragón aprobada en el mismo año 2023 y qué gracias a la cual se puede regular la actividad de todos los aspectos señalados con anterioridad. Una Ley que supone tres puntos claves, novedosos y pionero en toda España en relación a la prevención multidisciplinar (sanidad, educación, servicios sociales, interior) del trastorno de juego (anteriormente denominado como ludopatía) qué incrementa elementos de control y mayor restricción de la actividad, junto con mejora en las herramientas de inspección y defiende la ayuda y tratamiento a través del sistema público para universalidad y acelerar la propia atención a la sociedad. Ley que de aplicarse en su totalidad reduciría sin duda muchos de los datos recogidos en el Informe sobre el juego en Aragón cara al próximo año. Habrá que estar pendientes, generando conciencia social desde Asociaciones, universidades, grupos de investigación y la sociedad en general, que esto al final va de eso: de salvar, otra vez, lo social frente a empresas que solo ganan dinero a costa de la salud de quienes buscan acabar con la precariedad, la incertidumbre, la soledad o la tristeza en este caso en Aragón. Nos sigue yendo la salud ello.

