El ‘sorpasso’ de Luisa Fernanda: nunca nadie se perpetuó tanto como Rudi en cargos electos

La exdirigente conservadora supera los 38 años de permanencia ininterrumpida en las instituciones con sueldo a cargo del erario, un historial que supera al de cualquier otro político aragonés, que apenas nadie iguala en el Estado y que pone en entredicho los niveles de renovación de la cosa pública

Luisa Fernanda Rudi (PP) ha destrozado la histórica marca de José Ángel Biel (Par) en tiempo de permanencia en las instituciones democráticas para establecer una asombrosa marca de perpetuidad que sigue agrandando.

Luisa Fernanda Rudi (PP) acaba de dejar desfasada la expresión “los de siempre” en el contexto de la política aragonesa: sus recién cumplidos 38 años en cargos públicos de dedicación exclusiva y remuneración con cargo al erario obligan a plantear variantes inclusivas, e incluyentes, como “los y la de siempre” o “la y los de siempre”, ya que la expresidenta y exalcaldesa acaba de batir todas las marcas anteriores de perpetuación en las instituciones, cuyo nivel de renovación, por otro lado, queda en entredicho.

La expresidenta del Gobierno y exalcaldesa de la capital ha batido el récord que hasta hace unas semanas ostentaba José Ángel Biel, el veterano expresidente del Par y exvicepresidente del ejecutivo autonómico, que se quedó a menos de un mes de alcanzar la actual longevidad institucional de su exsocia de coalición al dejar su escaño en las Cortes en junio de 2015, paradójicamente cuando tuvo lugar la irrupción en la cámara de los partidos de la denominada ‘nueva política’ (Podemos y Ciudadanos), con la que Rudi lleva más de un lustro conviviendo sin mayores problemas.

Biel, que juró su primer cargo de parlamentario el 13 de julio de 1977 para formar parte de las Cortes constituyentes como diputado turolense de la UCD (sería senador en la siguiente legislatura) y dejó el último el 18 de junio de 2015, cuando traspasó la presidencia de las Cortes de Aragón a Antonio Cosculluela (PSOE), recibió el apodo de ‘bielosaurio’ por haber formado parte de todas las cámaras autonómicas hasta esa fecha, con una legislatura de ventaja por la cola sobre Paco Pina (PSOE), que también había llegado el 20 de mayo de 1983.

En ambos casos, como Rudi; la cual, motes al margen, lleva ahora años viéndolos por el retrovisor en lo que se refiere a prolongación de la vida laboral en la política.

La diputada de la AP posfranquista que rompía ‘techos de cristal’

Rudi entró en la política por las Cortes de Aragón en las listas de AP, aquella Alianza Popular de Manuel Fraga precursora del actual PP y cuyos diputados se habían dividido a la hora de votar la Constitución (ocho a favor, cinco en contra y tres abstenciones). De ahí viene ella, que antes había sido, sin éxito, candidata al Congreso por el partido postfranquista en las elecciones del 28 de octubre de 1982, las del ‘huracán Felipe’ previo al referéndum de la OTAN y a otros jalones de la desacomplejada deriva neoliberal en la que sigue el antiguo socialista.

No acabó la legislatura, ya que se trasladó al Congreso tras resultar elegida diputada estatal por AP en las generales de junio de 1986, acta que mantendría durante una década, como cabeza de lista desde 1989 y compaginando el cargo entre junio de 1995 y marzo de 1996 con el de alcaldesa de Zaragoza, puesto al que renunciaría en abril de 2000 para dejar a José Atarés como sucesor al frente de una coalición PP-Par.

Rudi, que había roto uno de sus primeros ‘techos de cristal’ al convertirse en la primera alcaldesa de Zaragoza, rompería otro en abril de ese año al ser elegida como presidenta del Congreso por los diputados de la mayoría absoluta de Aznar, cargo en el que estaría cuatro años, haciendo tándem con Esperanza Aguirre como ‘chicas PP’ del aznarismo al frente de las asambleas parlamentarias antes de pasar otros cuatro (2004-2008) como eurodiputada previos a su regreso a la cámara baja hasta la primavera de 2011.

En ese periodo, Rudi, sevillana de nacimiento y cuya gestión como alcaldesa dejó como iconos aquellos maceteros del centro de la ciudad y una retahíla de reventones de tuberías que ponían en entredicho el plan de renovación de la red de agua, tuvo una posición que resultó clave para la última etapa de su carrera política: la salida de la alcaldía le permitió ponerse de perfil, o cuando menos más que muchos de sus conmilitones, en el conflicto desatado por los planes de macrotrasvase del Ebro al arco mediterráneo que impulsaron su jefe José María Aznar y su ministro Jaume Matas.

Iconos: tras los maceteros y los reventones, recortes y deuda pública

Eso resultó clave para su regreso a la política local cuando, con el ‘crash’ postburbuja baqueteando al PSOE en la práctica totalidad de los territorios, Mariano Rajoy la designó para liderar un PP aragonés en convulsión al que las tensiones internas llevaban camino de hacerles dejar pasar la oportunidad que les ofrecían la retirada de Marcelino Iglesias (PSOE) de la primera línea, el viento de cola de la crisis y el comienzo de una maniobra de viraje a estribor en el Par.

Rudi fue elegida presidenta del Gobierno de Aragón, en lo que supuso romper otro ‘techo de cristal’ al ser la primera mujer en ocupar ese cargo, a primeros de julio de 2011 con el apoyo de los diputados del PP (30) y el Par (7). Cuatro años después, su lista sería de nuevo la más votada, aunque dejándose nueve escaños (21) en un desplome que junto con el del Par, que caía de siete a seis, no llegaba a compensar la llegada de sus futuros aliados naturales de Cs (6).

Los recortes en los servicios públicos, que generaron continuas protestas en la calle, convivieron en un inédito ejercicio de cuadratura circular con un desmesurado aumento de la deuda pública, que en solo cuatro años (2011-2015) estuvo cerca de duplicarse al pasar de 3.403 a 6.930 millones de euros. Esa deriva provocó tensiones en su propio equipo de gobierno, por el que en solo cuatro años pasaron tres consejeros de Hacienda, una inestabilidad en una cartera clave que apunta a la que en realidad, más allá de los discursos oficiales, tenían en la práctica las recetas gestoras.

El PP designó entonces a Luisa Fernanda Rudi como senadora autonómica, cargo en el que repetiría en 2019 y en el que el pasado 20 de mayo cumplió sus 38 años en cargos públicos. Treinta y ocho que serán más de cuarenta si tanto Pedro Sánchez como Javier Lambán agotan sus respectivas legislaturas.

Luisa Fernanda Rudi y José Angel Biel firman el Acuerdo para la Gobernabilidad de Aragón 2011-2015. Imagen: Aragón Hoy,

Cuando Franco es un horizonte temporal

Si eso ocurre y Rudi sigue ahí, habrá superado no solo a José Ángel Biel en el ámbito territorial sino que su ‘vida laboral’ en la política habrá sido más prolongada que la del dictador Francisco Franco (39 años, un mes y 18 días) y la de su sucesor el errante Juan Carlos Borbón, que se quedó a menos de una semana de cumplir los 38 años y siete meses como rey y jefe del Estado.

Hay otra diferencia, como resulta obvio, ya que ni uno ni otro fueron nunca cargos electos como la exalcaldesa sino más bien impuestos: por las armas el primero y por este el segundo.

Las dimensiones de la vida política de Rudi no admiten comparación con las de otros veteranos de la escena política aragonesa que llegaron a las instituciones en la misma convocatoria electoral que ella, caso de Javier Lambán y de Carlos Pérez Anadón, que fueron elegidos concejales en Exeya y en Fuentes de Ebro en mayo de 1983.

El actual presidente del Gobierno de Aragón no accedería a cargos de dedicación exclusiva hasta que llegó en 1991 a la Diputación de Zaragoza, que dejaría en junio de 2011 para comenzar su etapa de diputado y, desde 2015, compaginarla con la de jefe del ejecutivo.

Su consejero de Hacienda estuvo en la Diputación Provincial de 1983 a 1988, cuando iniciaría una etapa de algo más de cinco años como delegado del Gobierno antes de un breve paso, de unos meses, por el Ministerio del Interior como director general en el último ejecutivo de Felipe González antes de quedarse fuera de las instituciones tres años, entre la primavera de 1996 y la de 1999, cuando comenzaría una etapa de 20 años en el Ayuntamiento de Zaragoza previa la actual como diputado autonómico y consejero.

O más tiempo o más seguido que los que más

De hecho, resulta complicado hallar a escala estatal casos de permanencia en instituciones de una duración similar a la de Rudi. Su compañera de militancias Soledad Becerril y el expresidente de Extremadura Juan Carlos Rodríguez Ibarra (PSOE) alcanzaron los 40, aunque la primera pasó los cinco últimos no como electa sino como Defensora del Pueblo y el segundo estuvo la última década en el Consejo de Estado.

José Manuel García Margallo (PP) lleva desde 1977 en cargos públicos, aunque con un hueco entre finales de 1982 y 1986, cuando se quedó sin acta de diputado mientras pasaba de UCD a AP, y con cinco años, de finales de 2011 a últimos de 2016, como ministro.

Y Luis de Grandes (PP) alcanzó los 42 años entre el Congreso, al que llegó en 1977, el Parlamento Europeo, del que salió en 2019, y las Cortes de Castilla-La Mancha, aunque con un ‘blanco’ de más de seis meses entre las generales de 1982 y las autonómicas del año siguiente y otro de casi dieciocho entre la convocatoria estatal de 1989 y la territorial de 1991.

Ni siquiera ‘dinosaurios’ como los socialistas Alfonso Guerra (37 años y medio como diputado) o Manuel Chaves (ídem, aunque en dos de ellos ‘solo’ fue ministro) llegaron a alcanzar los registros de Rudi, algo que, aunque su ficha parlamentaria recoge más de 360 iniciativas en este segunda legislatura senatorial, invita a abrir una reflexión sobre los niveles de renovación de la política aragonesa y de la estatal. O, cuando menos, sobre su relato.

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