Vuelta 2020: apurando la emoción

“El ciclismo es el deporte más popular porque no se paga entrada” (Pier Paolo Pasolini) -45 años se cumplen de su salvaje asesinato-

Sobrarbe conquistado por el pelotón. Foto: Unipublic / @ Charly López

La 75 edición de La Vuelta también pudo disputarse, empezando un martes 20 de octubre, justo cuando el Giro afrontaba su tercera semana (Giro 2020: una generación que se abre paso), y alargando su pedaleo hasta noviembre, en pleno otoño. Un recorrido con muchas renuncias, como la salida en Utrecht y las etapas que recorrían Portugal. De las tres grandes vueltas, la que más modificaciones ha tenido que realizar, acortando su duración a 18 etapas y con su identidad definida, emoción y llegadas en alto desde el primer día (ocho en total, contando la contrarreloj), todo por el norte peninsular, con un paso suave por los Pirineos y dos etapas decisivas en Asturias (Farrapona y L'Angliru). Una crono compleja de 33 kms, parecida a la del Tour, pero a escala mini -con el muro de Ézaro-, para terminar de forma suave, al revés que el Giro, quedando la etapa de La Covatilla como última oportunidad antes de llegar al caótico Madrid ayusiano.

La participación ha sido más que interesante, ya que estuvieron en la salida de Irún muchos de los que habían completado el Tour. Empezando por Primož Roglič, en defensa de su victoria el año pasado y con ganas de resarcirse de ese Tour que se le escapó de las manos; a su lado, el equipo del año, Jumbo-Visma, con Tom Dumoulin como segunda baza -aunque terminaría retirándose en la primera semana por cansancio-. El destronado del cetro francés, Ineos, optaba con la baza de Richard Carapaz, sólido y con ganas de galones, con la tranquilidad de la victoria de Hart en el Giro y con un Chris Froome despidiéndose de la escuadra donde ha ganado cuatro Tours, un Giro y dos Vueltas. Por presupuesto e historia, Movistar emergía como otro gran bloque, con Enric Mas de líder -tras su buen rendimiento en el Tour- y un gris Alejandro Valverde; el equipo navarro, más allá de estar formando ciclistas, necesitaba sumar alguna victoria, sólo tenía un parcial, en el lejano febrero por tierras mallorquinas. A partir de aquí, el chorreo de aspirantes, variado, en una temporada tan comprimida en la que el sálvese quien pueda ha imperado. Con Guillaume Martin, 11º en el Tour, liderando el Cofidis. Y las incógnitas que se abren sobre Thibaut Pinot, Esteban Chaves, o Dan Martin, entre otros. Bloques como Astana o UAE optaban a cazar etapas y disputar una buena general, los kazajos con Vlasov y el equipo de Matxín con David de la Cruz. Wout Poels liderando una gran vuelta al frente de Bahrein, y poco más. La discusión de si era mejor la calidad de los ciclistas en el Giro o en la Vuelta. Muy similar, más allá de los nombres están los estados de forma. Hablamos de finales de octubre y noviembre, cuando los ciclistas están disfrutando de vacaciones en un año normal.

La Vuelta empezó exigente e intensa, con una etapa con final en Arrate, casi a balón parado, donde los elegidos ya estaban ahí, disputando en esta clásica ascensión a los pies de Eibar. Y por supuesto el esloveno Roglič, ganando etapa con su potente rush y llevándose el primer maillot rojo. Carapaz al acecho e imágenes de Chris Froome quedándose en un puerto previo. Pinot también llegaba a un mundo y la joya colombiana de EF, Daniel Felipe Martínez, se fue al suelo -ambos se retiraron en etapas sucesivas-. El final en Lekunberri tras 150 kilómetros por Nafarroa llevó el sello de Marc Soler (Movistar), un corredorazo que atacó en el momento justo, bajando, tras la subida a San Miguel de Aralar (9 kilómetros al 8% de pendiente media); el grupo de elegidos llegó parco de unidades. Y era la segunda etapa. Este tríptico inicial terminó al día siguiente, con un final en alto en la castellana Laguna Negra de Vinuesa, un paraje glacial espectacular, a 1.735 metros de altitud. Mientras el Giro enfilaba el Stelvio, Dan Martin (Israel Start-Up Nation), aprovechaba su explosividad para imponerse sobre Roglič y Carapaz. Pocas diferencias entre los gallos. El juego de las bonificaciones. La primera oportunidad para los velocistas llegó en la cuarta etapa, entre Garray y Exeya, el primer parcial por las confinadas tierras del antiguo reino de Aragón. No hubo abanicos y Sam Bennett (Deceuninck) se impuso sobre Philipsen y Marecko.

El primer fin de semana de La Vuelta tenía dos jornadas de montaña por el Alto Aragón. La 5ª etapa, unía Uesca y Samianigo, en un precioso recorrido de media montaña, perfecto para escapadas. De hecho, se ascendían dos puertos inéditos, Vió y Fanlo, en el corazón del Sobrarbe, el Ballibió. Tres habitantes por kilómetro cuadrado es la densidad poblacional de este territorio, ahora La Vuelta le pone el foco con luces y taquígrafos, con un helicóptero que nos muestra un paisaje sobrecogedor, al pie de las Tres Serols. Que faltan servicios esenciales en estas zonas ya lo sabemos y las pintadas y pancartas de “Luz Sercué Ya” nos lo recordaron. Así estamos en pleno siglo XXI. Ganó Tim Wellens (Lotto), corredor potente, clasicómano, en la fuga que cuajó, junto a Guillaume Martín y el jovencísimo Thymen Arensman (Sunweb). La línea de meta en la capital del Alto Galligo estaba situada en La Corona, una subida explosiva en la que Wellens hizo lo que quiso. Los favoritos tuvieron su juego de tronos, ya que Jumbo filtró a Sepp Kuss en otra escapada; el norteamericano, a menos de un minuto en la general, era un corredor peligroso. Al Ineos de Carapaz le tocó trabajar. Pero el plato fuerte llegaba el domingo 25 de octubre, a pesar de que nos quedábamos sin Aubisque ni Tourmalet, la jornada deparó una etapa preciosa, entre Biescas y Formigal, con final en la zona de esquí de Sarrios. Un buen recuerdo del 2016, cuando Contador y Quintana tiraron de épica y un despiste para hacer sucumbir a Froome. Un día feo y lluvioso el de este año, que nos dejó una merecida victoria para Ion Izagirre (Astana), en una fuga numerosa y de calidad, con galgos como Woods, Rui Costa, Valgren o Cattaneo, entre otros. El hermano de Ion, Gorka hizo un trabajazo para tensar la escapada y llegar con opciones a la zona dura del último puerto. Y así fue. La climatología cuenta y mucho, a Roglič, en cierta manera le costaría el liderato, ponerse un chubasquero con frío es tarea complicada, se descolgó lo suficiente para que sus rivales olieran la sangre, tuvo que gastar fuerzas en los primeros pasos del Portalet, y ya en el momento decisivo no pudo seguir el ataque de Carapaz, que fue remontando posiciones hasta aventajar en 43 segundos al líder esloveno. El ecuatoriano del Ineos daba un golpe en la mesa, recogiendo el liderato, y Hugh Carthy se colocaba segundo. Diferencias pequeñas en una vuelta en la que las ganancias marginales se mostrarían más decisivas que nunca.

En este recorrido aragonés, Fernando Barceló tuvo que despedirse prematuramente de la carrera. Justo uno de los días que eligió para filtrarse en la fuga, en la etapa de Samianigo. El prometedor escalador oscense empezó a tener problemas cardiacos (sus pulsaciones se dispararon a 230 por minuto en momentos de esfuerzo medio), tuvo que descolgarse y llegó a la meta. Pero los médicos recomendaron su retirada. Podemos decir que todo ha salido bien, fue intervenido de su dolencia y podrá volver a pedalear. Eso sí, la aseguradora privada que tenía contratada no quería hacerse cargo de las pruebas pertinentes, aunque luego rectificó. Como para que renunciemos a una sanidad pública universal y con recursos suficientes... ¿Cuántos PCRs se están denegando a personas que confiaron en un seguro privado? Son buitres, y da igual que seas deportista de alto nivel o un operario de embalaje.

Tras el descanso del lunes, la séptima etapa salía de Euskadi, con un recorrido entre Gasteiz y Villanueva de Valdegovia, con doble paso por Orduña, un puerto duro cuyo último paso quedaba a 19 kilómetros de la meta. La fuga del día fue numerosísima, casi cuarenta corredores, con dos invitados peligrosos para la general, George Bennett y Alejandro Valverde. Esto obligó a trabajar duro al Ineos del líder. En Orduña, se quedaron en cabeza, Valverde, Peters, Fraile, el infatigable Guillaume Martin, y Woods. El más listo fue este último, con un ataque a falta de poco más de un kilómetro, en una resolución que en otros tiempos hubiera sido para el Bala. Gran triunfo para el canadiense de Education First. La jornada del miércoles 28 nos deparaba un recorrido riojano entre Logroño y el Alto de Moncalvillo, una preciosa subida de 8 kilómetros al 9% de pendiente media, ideal para atacar, que sólo se había ascendido en la Vuelta a La Rioja de 1994. Lógicamente era un perfil unipuerto, lo que nos permitió disfrutar de las imágenes del paisaje, como los conglomerados de Islallana, que por su mismo origen, tanto nos recuerdan a los Mallos de Riglos. Sesteando excursiones futuras, la subida a Moncalvillo sirvió para vivir otro duelo Roglic-Carapaz, en el que Primož  volvió a demostrar su potencia para esfuerzos de un kilómetro en subida, ganando la etapa y acercándose a escasos 13 segundos del ecuatoriano. A Enric Mas le faltaba ese punto de forma y se dejaba casi un minuto con el esloveno. Otros como Vlasov volvían a la pugna por los puestos nobles.

Las dos siguientes etapas fueron de transición para la lucha por la general. La novena, llana, entre Castrillo del Val y Aguilar de Campoo se resolvió al sprint, por mucho que Caja Rural (Aritz Bagües) y BH-Burgos (Juan Felipe Osorio) lucharan en la escapada. Es una Vuelta cara para los equipos modestos. Bennett no pudo repetir victoria, sus malas maneras sobre Emils Liepins (Trek) le llevaron a la descalificación. Así que Pascal Ackermann (Bora) se llevaba la volata. La décima jornada tuvo algo más de vidilla, con 185 kilómetros entre Castro Urdiales y Suances, aunque el desenlace fue igual que en Aguilar de Campoo. Cambiaron los nombres y aquí, el todopoderoso Roglič aprovechó ese repecho de meta para engalanar más su palmarés y de paso, empatar a tiempo con Carapaz en la general. Ni Grosschartner ni Bagioli pudieron con su impresionante pedalada. Se puso de líder, con polémica, tres segundos en el corte tuvieron la culpa. Se preveía esprint masivo y no fue así. La UCI lo dejó muy clarito al día siguiente, aplicando el criterio de final en alto, a pesar del intento de motín por parte del Ineos.

L'Angliru y sus rampones imposibles. Foto: Unipublic / @ Charly López

Todo quedaba perfecto para una dura batalla en la doble jornada montañosa asturiana. Pero los aficionados al ciclismo somos en exceso idealistas. Y eso que la jornada del sábado 31 se las traía. Cuatro puertos de primera entre Villaviciosa y el Alto de la Farrapona, terreno suficiente para atacar desde lejos y endurecer la carrera. El enlazado de San Lorenzo y Farrapona invitaba a ello. Pero no fue así. Jumbo puso su ritmo, dejó que la fuga cogiese tiempo, y esta fue la película de la etapa reina de esta edición. Cero ataques de los favoritos. La victoria del parcial fue para David Gaudu (Groupama), gran escalador y gregario de Thibaut Pinot en las buenas y en las malas. Exhibió su calidad ante Marc Soler en el sprint final, y por detrás llegarían otros sospechosos habituales en las escapadas (Michael Storer, Mark Donovan o Guillaume Martin). Lo de guardar las piernas para la etapa de L'Angliru, con las diferencias tan escasas que se manejaban, resultó ser una pésima idea. El ascenso a la montaña imposible, el símbolo de La Vuelta en los últimos años, esos seis kilómetros con rampones sostenidos al 20%. Retorcerse y se acabó. Eso hizo Hugh Carthy (EF), tipo ágil, flacucho, que emerge para llevarse la victoria y de paso auparse al tercer puesto del podio. 30 segundos le separaban de Carapaz, nuevo líder, en la agonía de escalar metro a metro esta pared que toca el cielo asturiano. 10 segundos le bastaron al ecuatoriano para batir a Roglič. También lo intentó Enric Mas, pero flaqueó ante Carthy. Me gusta esta subida, pero sería funcionaría mejor como puerto de paso -tipo Mortirolo-, ya que condiciona mucho la ambición de los ciclistas. Subir a 11-13 km/h no da para más, y este año, con el puerto despejado de público se comprobó perfectamente. Cada uno, con sus watios medidos, el desarrollo perfecto y a minimizar. Las diferencias fueron pírricas.

Pasado el segundo día de descanso, y con la triste noticia de los dos ciclistas atropellados en Pozán de Vero, cerca de Balbastro. Álex y David. El primero falleció. Un conductor que dio positivo en drogas y alcohol tuvo la culpa. Una vez más. Una gran consternación en el mundillo ciclista de la capital del Somontano, tal y como sentía su referente profesional, Sergio Samitier. Una mierda, da igual como lo veas o leas.

La única contrarreloj dictaría sentencia, 33 kilómetros entre Muros y el Mirador de Ézaro, costa gallega pura y esos 2 kilómetros de subida final al 14%, en los que Primož Roglič demostró que la lección del Tour la tenía perfectamente asimilada. Ejecutó el plan a la perfección, de forma progresiva y dándolo todo en el muro final. Su tercer parcial, que le robó por un segundo a Will Barta (CCC), un croner norteamericano que busca equipo para la temporada que viene. Carapaz hizo una buena crono (7º a 49 segundos), igual que Carthy. El caso es que Roglič recuperaba el maillot rojo y ya no lo soltaría hasta Madrid. Y casi podríamos saltar hasta La Covatilla, la última semana de carrera fue lánguida, ya con frío otoñal, y sólo las fugas animaron la competición en las tres etapas siguientes. Tin Wellens (Lotto) alzaba los brazos por segunda vez en esta Vuelta, gracias al repecho final en Ourense, en una jornada de más de 200 kilómetros, rompepiernas, con inicio en Lugo, y que dejó chance a la fuga. Ganó Wellens, a gente muy buena como Woods, Stybar, Van Baarle, Soler y Arensman. La etapa siguiente, la más larga de esta edición (230 kilómetros), entre Mos y la bella Puebla de Sanabria, nos dejó unas emocionadas lágrimas de su ganador, Jasper Philipsen (UAE), 22 años, tirando de una potencia descomunal, para batir en el sprint a Ackermann y Steimle. Antes, Cattaneo echó un buen pulso al pelotón en un terreno pestoso de media montaña. Y en la 16ª etapa (Salamanca-Ciudad Rodrigo) pudimos observar el inquietante paisaje de Las Hurdes, y otro sprint, en un pelotón reducido, en el que el trabajo de Movistar no hizo lucir a Alejandro Valverde. Victoria para Magnus Cort Nielsen (EF), por delante de Roglič -que volvía a bonificar- y Dion Smith. ¿Estaremos ante el lento entierro del campeón murciano? Este parcial también nos dejó la fascinante lucha contra un pelotón de Rémi Cavagna, engullido a menos de dos kilómetros del final, quiso hacer la exhibición del año pasado en Toledo, pero el potente rodador francés sucumbió. Este deporte también aplauda estas derrotas.

Y todo se dejó para ese último final en alto, en La Covatilla, una estación invernal situada en la Sierra de Béjar, en el antiguo reino de León, en la que ya ocurrieron cosas raras allá por el 2002, en ese duelo entre Roberto Heras y Aitor González, con la extraña ayuda de la grupeta de Aitor a su favor; de hecho, se llevaría el triunfo final. El recorrido de 2020, deparaba más de 4.000 metros de desnivel, con un paso inédito por el Alto de la Garganta. Carapaz pudo ganar la Vuelta en esta subida, atacó tarde y se vio que tenía piernas. Lo hizo en una zona en la que la pendiente ya declinaba, el resto es pura especulación. El ecuatoriano del Ineos le sacaría a un Roglič sufridor, 21 segundos. Por detrás, Movistar aparecía para asaltar la cuarta plaza de Dan Martin, el esloveno quedó protegido por el viento en esos dos kilómetros hasta la meta. Carapaz no salió de la mejor manera de Movistar, ¿hubo vendetta? Siempre habrá una excusa. Y de paso, esta historia pasará a la mitología de las eternas historias ciclistas. Por delante triunfó la fuga, con un David Gaudu espectacular, etapa y se metía en el 8º de la general. Atacando y atacando, como debería ser. Ni Gino Mäder ni Ion Izagirre pudieron hacer mucho más. No estuvo mal la etapa, y soy de los que piensa que Roglič hubiera salvado sin ayuda el liderato, no había distancia ni dureza. Y el domingo 8 de noviembre, el paseo por Madrid, donde Pascal Ackermann (Bora) volvía a mostrar su fortaleza.

Una Vuelta sin positivos en la burbuja deportiva, y con un Roglič que dobla triunfa de manera consecutiva. Una situación que no se repetía desde los tiempos de Roberto Heras. Y ha llovido mucho desde aquello. Richard Carapaz confirma que es un ciclista para grandes vueltas. Lo del Giro no fue algo puntual. Le queda que perdió por no haber bonificado. Y en el tercer puesto, Hugh Carthy, la gran sorpresa, muy regular, y que confirma el año de los grimpeurs flacos y sufridores. A partir de allí, un merecidísimo cuarto puesto para Dan Martin y un Enric Mas que vuelve a quedar quinto, como en el Tour -constante, pero sin brillar-. Poels, De la Cruz, Gaudu, Grosschartner y Valverde completan el top ten. La montaña para Guillaume Martin, totalmente merecida. Y la regularidad, para Roglič, muy habitual que el maillot verde recale en uno de los hombres fuertes de la carrera. Sin público en las cumbres y con un paisaje que emociona, las victorias han estado carísimas, casi como nunca, 10 etapas de las 18 se las llevaron Roglič, Ackermann, Wellens, Gaudu. Eso significa que muchos equipos se fueron de vacío. Una Vuelta espressa, bebida de sorbo rápido y que nos deja un sabor intenso para hibernar plácidamente. Sin olvidarnos de una pandemia que sigue removiendo salud y conciencias.

Podio final: Roglič, Carapaz y Carthy. Foto: Unipublic / @ Charly López

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