Tour 2020: La alegría de ver pedalear tantas ilusiones

El diseño del Tour de 2020, sigue la tónica de los últimos años. Un recorrido nervioso, de etapas quebradas, con mucha llegada en alto (seis en total), pocas etapas por encima de los 200 kms y una tercera semana muy exigente. Con una cronoescalada el penúltimo día, en la cima de La Planche des Belles Filles.

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El pelotón camino de la Alta Provenza. Foto: ASO / Alex Broadway

Si estás leyendo esta crónica, ya han pasado diez días desde que empezó el Tour de Francia 2020. Y es un milagro, aunque sea septiembre. Quedan lejos aquellos días de marzo, con la pandemia del coronavirus cerrando todo, y esa París-Niza como última prueba del calendario antes de confinarnos. El caso es que hay ciclismo, más allá de los rodillos, las carreras virtuales o las reposiciones en la tele. Por no escribir sobre esa reestructuración del circuito World Tour que se ha llevado tantas pruebas por delante. La jerarquía manda y aquí todos sabíamos que Le Tour sería la primera gran vuelta en disputarse. Para octubre el Giro, y la Vuelta en noviembre. Casi todo se juega a la carta del Tour, por lo que pudiera pasar; por eso los veintidós equipos que se presentaron en Niza lucieron sus mejores galas, incluso forzando a disputar esta carrera a corredores que tenían como objetivo principal el Giro. Con la exclusión de última hora de Geraint Thomas y Chris Froome, ¿será un duelo Bernal contra Roglic? ¿Puede Dumoulin ser la baza oculta? ¿Resurgirá el condor Quintana? ¿Es el año de Landa?

La Gran Salida de esta 107 edición del Tour se desarrolló en Niza -Niça en occitano-, lugar paradisíaco de la Costa Azul, capital histórica de su condado homónimo y buen ejemplo de turistificación a todos los niveles. Un territorio que es de administración francesa por los azares bélicos del siglo XIX. Un plebiscito amañado en 1860, bajo coacción, provocó que los nizardos entraran a formar parte del Estado francés. La población quería pertenecer a Italia, de hecho Garibaldi había nacido en esta bella ciudad occitana. Niza y la alegría mediterránea por disfrutar otra vez de una gran competición.

El ciclismo femenino también ha vuelto con fuerza. Previo al inicio de la Grande Boucle, se disputó la séptima edición de La Course by Le Tour de France, que tomaba forma de clásica de media montaña por las reviradas carreteras de Niza. Un total de 96 kilómetros, en un circuito que se hacía en dos ocasiones, en un recorrido similar al de la primera etapa masculina. La victoria fue para Lizzie Deignan (Trek-Segafredo), en un reducido grupo que llegó con casi dos minutos de ventaja sobre el pelotón, quedando Marianne Vos (CCC) en segundo puesto y Demi Vollering (Parkhotel Valkenburg) en tercer lugar, dando tiempo a Niewadoma, Van Vleuten y Longo Borghini. La ganadora de la prueba es una inglesa de 31 años, que lleva en el circuito profesional desde 2009, fue plata en la prueba en ruta de los Juegos Olímpicos de Londres, y en esta vuelta a la competición está mostrando un delicioso estado de forma, ya que viene de ganar hace poco el Gran Premio de Plouay. Le Course queda como carrera de un día, infravalorándose el potencial de una gran vuelta femenina bajo la gigantesca marca del Tour. El 11 de septiembre empezará el Giro, y aquí pondremos el acento otra vez.

La primera etapa, en línea (156 km), tuvo como protagonista a la lluvia. A la media hora de la salida, comenzó a diluviar, hacía dos largos meses que no precipitaba sobre Niza. Y las bajadas de los puertos se convirtieron en un calvario para los ciclistas, muchísimos al suelo, entre ellos algunos de los capos de la carrera. Claro, primera etapa, todo por disputar y aquí viene el “pasteleo”, con el Jumbo bloqueando las bajadas para descender sin riesgos. Astana intentó poner algo de picante, pero la paradoja hizo que su líder (Miguel Ángel López) se estampara contra una señal. La imagen era algo esperpéntica, sobre todo por el boicot de los equipos fuertes... el nuevo ciclismo y la nueva normalidad. Aunque esto ya viene ocurriendo desde hace unos años. Al final, sprint en las calles nizardas con victoria y maillot amarillo para Alexander Kristoff (UAE), que se impuso con potencia al campeón mundial Mads Pedersen (Trek) y al sorprendente Cees Bol (Sunweb). Un buen premio para el noruego, quien se crece en jornadas de climatología adversa, reivindicando sus prestaciones a los 33 años.

El parte de guerra se llevó a casa a ilustres como Philippe Gilbert (fractura de rótula) o John Degenkolb, ambos del Lotto, además de bastantes ciclistas doloridos tras besar el suelo. La jornada del domingo amaneció calmada, con buen sol, y un trazado que quitaba el hipo. Otra vez salida y llegada en Niza, pero con un desnivel acumulado de 3.700 metros, toda una jornada de montaña para un Tour recién iniciado. De hecho la fuga del día estuvo siempre bien controlada, así que la subida final a Quatre Chemins deparó un déjà vu a lo vivido el año pasado, ataque de Julian Alaphilippe, sólo contestado por el prometedor Marc Hirschi (Sunweb), y un poco después Adam Yates (Mitchelton). A partir de aquí, un rápido descenso, con el típico ratoneo del corredor del Deceuninck, que al final se llevó el gato al agua, y gracias a las bonificaciones también el liderato. Un perfecto retorno para culminar este primer fin de semana de carrera.

Wout Van Aert, el ciclista de moda. Foto: ASO / Alex Broadway

El diseño del Tour de 2020, sigue la tónica de los últimos años. Un recorrido nervioso, de etapas quebradas, con mucha llegada en alto (seis en total), pocas etapas por encima de los 200 kms y una tercera semana muy exigente. Con una cronoescalada el penúltimo día, en la cima de La Planche des Belles Filles. Se diría que un guiño al ídolo local, Julian Alaphilippe. Quizás un exceso, demasiada novedad y pocos puertos míticos (Peyresourde, Madeleine). Un devenir de etapas, casi todas por Occitania, que picotea en la primera semana los Alpes y una zona periférica del Macizo Central, baja a los Pirineos, para recrearse durante la segunda semana en el aludido Macizo Central, el Jura y ya como colofón, los Alpes a caramullo. ¿Han perdido el norte los organizadores de esta carrera? Antes, tenían un diseño que funcionaba: prólogo, semana de etapas llanas, crono por equipos, crono larga, y los bloques de montaña, con otra contrarreloj larga antes de llegar a París. El ciclismo posmoderno afila el espectáculo y esto lleva a buscar que la general quede con pocas diferencias casi hasta el último día, o a la proliferación de puertos de rampas imposibles. Siempre digo que las competiciones las hacen interesantes los propios corredores. Y este año hay mucho miedo a fallar.

Último día de agosto, y tercera etapa, de Niza a Sisteron, casi 200 kms, en el entorno del Geoparque de la Alta Provenza. Y debemos hacer un homenaje a Jérôme Cousin, infatigable en su intento por vencer al pelotón, con 182 kms de escapada. Los equipos franceses como el Total Direct buscan este tipo de lucimiento, igual que sus compañeros de fuga, Anthony Pérez y Benoît Cosnefroy, en este caso en pugna por el maillot de la Montaña, que terminó ganando el segundo. El sprint final en Sisteron fue de dibujos animados, imponiéndose Caleb Ewan (Lotto) en un increíble zigzag a Sam Bennett y Giacomo Nizzolo. Para la cuarta jornada de carrera teníamos la primera llegada en alto, en Orcières-Merlette, donde Luis Ocaña humilló a Eddy Merckx en el Tour de 1971, eso sí, escapándose de lejos, para amasar una ventaja de 9 minutos en la general. Luego llegó ese 12 de julio y la fatal caída de Ocaña en el col de Menté. El Caníbal ganaría de esta forma su tercer Tour.

Volviendo a 2020, los dos bloques dominantes, Jumbo e Ineos, llevaron el ritmo a su antojo, en esa guerra fría que mantienen. Nadie lo intentó en toda la subida, así que asistimos a la enésima demostración de ciclismo youtuber, donde Primoz Roglic (Jumbo) se encuentra como pez en el agua. Tras las dudas creadas por su caída en Dauphiné, daba un golpe sobre la mesa, con su pedalada hipnótica, llegando el primero sobre el grupo de favoritos -bien nutrido-, dejando con la miel en los labios a Pogacar y Guillaume Martin. La fortaleza del Jumbo-Visma volvió a materializarse en la etapa siguiente, entre Gap y Privas, en el corazón de la Ardecha, una jornada en la que no hubo ninguna fuga -no pasaba esto desde 1998-, se esperaba algo de tensión con el viento y al final un sprint del imperial Wout Van Aert, capaz de todo, de ganar Strade y Milán-San Remo en agosto, de hacer de gregario para sus líderes, y tener la libertad de ganar una volata delante de Bol, Bennett o Sagan. La guinda del parcial vino con el cambio de líder, en plan VAR del fútbol, Alaphilippe recoge avituallamiento en una zona no permitida, con lo que le sancionan con 20 segundos, así que Adam Yates se enfunda el maillot amarillo, quedando Roglic a tres segundos.

La sexta etapa recorrió 191 kms entre Le Teil y Mont Aigoual, una preciosa e inédita subida en la zona de Las Cevenas, una ascensión de 34 kms en la que se enlazaban casi sin descanso un puerto de tercera, otro de primera (La Lusette, de carretera estrecha y ratonera) y la ascensión definitiva a esta majestuosa montaña volcánica, con unas vistas preciosas sobre el Mediterráneo, Alpes y Pirineos. Ingredientes suficientes para la primera gran lucha de la general, pero lo único interesante fue la resolución de la etapa entre la fuga del día. Con ciclistas de mucha calidad, como Van Avermaet, Roche, Boasson Hagen, Lutsenko y Jesús Herrada, entre otros; mientras en el pelotón jugaban a los trenecitos y a meter miedo a ritmo, Aleksey Lutsenko (Astana), se deshacía uno por uno de todos sus compañeros de escapada en la parte más dura de la ascensión. Entre los favoritos, no hubo ambición y todo quedaba igual, com más de veinte corredores en un abanico de menos de un minuto.

Igualdad, miedo a equivocarse, aburrimiento, bloqueo. Parecía que “los ciclistas iban de paseo”, a tenor de los comentarios en redes. El caso es que en un deporte tan maravilloso e imprevisible, los guiones se rompen en cualquier momento y el primer guiño llegaría en la séptima etapa, antesala del bloque pirenaico, entre Millau y Lavaur, una jornada que se pronosticaba tranquila y que al final gracias al Bora -empeñado en que Sagan vista el maillot de la regularidad- y a Ineos, dejaron algunos damnificados por los famosos abanicos cuando azota el viento sobre la serpiente multicolor. De hecho, el grupo que se disputó la victoria de etapa quedó muy reducido, y allí emergió otra vez Wout Van Aert para conseguir su segundo parcial, por delante de Boasson Hagen y Coquard, y a 1:21 llegaron Landa, Porte y Pogacar, además de Carapaz -perjudicado por una avería en el momento más inoportuno-.

La primera gran etapa de montaña llegó el sábado 5 de septiembre, 141 kms entre Cazères-sur-Garonne y Loudenvielle, con los puertos de Menté, Balès y el Peyresourde, con llegada tras el descenso de 8 kms. Y realmente, el desarrollo de la etapa fue bien vistoso, con una fuga que tuvo margen para disputar la etapa, sobre todo entre Ilnur Zakarin (CCC) y Nan Peters (Ag2r), los dos más fuertes cuando la carretera se empinaba, aunque el potente corredor francés la resolvería bajando, ante un miedoso Zakarin. Gran victoria para Peters, sufrió y peleó, obteniendo una magnífica recompensa. En el grupo de la general, Jumbo puso un ritmo que lo acabó devorando a sí mismo. Gregarios para la montaña como Kuss o Bennett reventaron ante el paso infernal que ponía en este grupo Van Aert, subiendo Balès. Los jefes de fila afrontaron la subida al Peyresourde, desnudos, sin apoyos de compañeros y pudimos ver una batalla preciosa, en la que Pogacar iba de arreón en arreón, y sólo Roglic y Quintana podían seguirle. Hasta que el joven esloveno del UAE los soltó definitivamente, mientras Bernal sufría y contemporizaba, y Landa y Porte buscaban ese hueco que les permitiera recortar su error de la etapa de Lavaur. Al final, Pogacar aventajaba en casi 40 segundos al grupo de favoritos. Todo en un pañuelo pero se va haciendo selección: el líder Yates mostrando debilidades, Dumoulin casi descartado, lo de Mas y Valverde se veía venir. La peor parte fue para Thibaut Pinot, quedándose cuando faltaba un mundo para terminar, llegó a 25 minutos, una imagen que la hemos visto en demasiadas grandes vueltas.

La lucha de los favoritos por no perder tiempo en el Marie Blanque. Foto: ASO / Pauline Ballet

Un nombre en boca de todos, Tadej Pogacar. Un ciclista de la nueva generación, con un descaro tremendo y que ya pisó el podio de la Vuelta en 2019. Tadej tiene cierto aire contracultural. En las entrevistas, declara que no tiene ídolos ni referentes en el ciclismo. Sólo quiere disfrutar. El esloveno fue otra vez el detonante en la jornada del domingo, entre Pau y Laruns, de 153 kms, parecida a la del sábado, con el Marie Blanque como juez de paz, ya que se coronaba a escasos 18 kms de la meta, en el bearnés valle de Aussau. Pogacar atacó al inicio de la zona más dura de este último puerto e hizo la selección natural. La fotografía de los más fuertes de la carrera, por grupetas. Pogacar, Roglic, Bernal y Landa. Por detrás, Guillaume Martin con Bardet, Quintana, Porte, Mollema y Urán. En el tercer grupo, el líder, a un minuto. El primer grupo alcanzó, entrando a Laruns, al héroe de la jornada, el talentoso Marc Hirschi, escapado en solitario todo el día. En ciclismo no se regala nada y Pogacar (UAE) se impuso en el sprint. Roglic nuevo líder. Y Egan Bernal va recuperando sensaciones. Seguramente, con más kilometraje hubiéramos visto más diferencias o ataques desde lejos. O no. Sin guión, se van cumpliendo los vaticinios previos a la carrera, duelo Roglic-Bernal, con invitados sorpresa.

Tras el día de descanso, la décima etapa transcurrió por la zona de La Rochelle, el puerto comercial por excelencia en la historia del imperio francés, un territorio abierto al Atlántico, alejado de París, y que también fue bastión de la reforma protestante allá por el siglo XVI. Recorrido plano con final en la peculiar isla de Ré (168 kms), entrando y saliendo de la costa, con un viento variable que fue tensionando el pelotón. Al final no hubo damnificados en la general y en el sprint se impuso el irlandés Sam Bennett (Deceuninck) a Ewan y Sagan. Lo mejor vino por la mañana, antes de la salida, con el anuncio de cero positivos entre todos los ciclistas. Se hicieron las respectivas pruebas PCR el lunes y había preocupación, más allá de las burbujas que ha confeccionado la organización, ya que en las etapas de los Pirineos se vieron muchas imágenes de aficionados sin mascarillas, sin guardar la distancia de seguridad, animando a los ciclistas. Cuatro positivos, de personal técnico, siendo uno de ellos el jefe de la carrera, Christian Prudhomme. Seguiremos con la alegría de ver pedalear miles de ilusiones.


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