“Una fosa menos”. Con esas palabras celebraba este lunes la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica Batallón Cinco Villas uno de los primeros avances de la nueva campaña de exhumaciones en el cementerio de Exeya. El sábado terminaron los trabajos en una de las pequeñas fosas, que contenía los restos de dos de las primeras víctimas fusiladas por el fascismo en la localidad tras el golpe de Estado de 1936.
La tierra sigue hablando casi 90 años después. Los trabajos se retomaron el pasado 17 de septiembre bajo la dirección del arqueólogo Javier Ruiz y y Javier Sumelzo —presidente de la asociación Batallón Cinco Villas—, después de meses de espera. La intención de la asociación era haber continuado durante la primavera, pero, según explica, diferentes factores externos retrasaron el regreso al cementerio.
Es la segunda fase de un proyecto impulsado por Batallón Cinco Villas junto al equipo arqueológico y financiado en esta campaña por el Ayuntamiento de Exeya. La primera concluyó a finales de 2025 con 24 cuerpos exhumados. Ahora todavía podría quedar más de un centenar de víctimas por localizar.
“Una fosa menos”
La campaña comenzó trabajando simultáneamente en distintos puntos. En uno de ellos, situado cerca de la entrada del cementerio, comenzaron pronto a aparecer restos.
Es allí donde este sábado terminó de exhumarse una de las pequeñas fosas. Según la investigación desarrollada alrededor de estos enterramientos, las dos personas que contenía se encuentran entre las primeras víctimas fusiladas en Exeya por los golpistas. No pasaron por la cárcel: cuando eran trasladadas y llegaron a la altura del cementerio fueron obligadas a bajar y posteriormente asesinadas.
Durante los trabajos, Batallón Cinco Villas ha ido mostrando el proceso de limpieza y recuperación de los restos. “Tenéis que haceros a la idea de la violencia con la que los arrojaron a la fosa”, explicaba la asociación el pasado 25 de septiembre mientras el equipo preparaba la recuperación de una de las víctimas.
“¡Una fosa menos!”, anunciaba este lunes tras concluir los trabajos en ese punto. Pero las excavaciones continúan.

Tras los restos de Simón Cacho Alonso
El equipo trabaja también en la zona donde comenzaron a aparecer restos durante las catas realizadas en 2024 y, paralelamente, en un segundo espacio donde considera que podrían encontrarse, al menos, los restos de Simón Cacho Alonso, natural de Ágreda, en Soria.
Su búsqueda ha abierto además otra incógnita. Batallón Cinco Villas intenta localizar a los familiares de la persona que habría sido fusilada junto a él.
La investigación apunta a que quienes detuvieron a Cacho Alonso durante su traslado hacia Exeya pudieron arrestar a alguien más los días 27 o 28 de agosto de 1936. La asociación considera que podría tratarse de una persona de Tarazona, Novallas o de alguna otra localidad situada en el recorrido hacia Exeya.
Por ello ha realizado un llamamiento específico a quienes tengan constancia de algún familiar detenido o desaparecido en esas fechas y circunstancias para que se pongan en contacto con la entidad.
La petición se extiende a las familias del resto de víctimas del fascismo que todavía no hayan podido acercarse al cementerio. El equipo arqueológico trabaja de lunes a sábado por la mañana y Batallón Cinco Villas mantiene abierto el correo batallon5villas@gmail.com para informar a quienes no puedan desplazarse o tengan dudas sobre las investigaciones.
“Hoy son números; algún día —esperamos que no tarde— tendrán nombre”, resumía la asociación el pasado 23 de septiembre mientras los restos comenzaban a quedar al descubierto.
Más de un centenar todavía bajo tierra
La dimensión de lo que queda por hacer es enorme. En la primera fase, desarrollada a finales de 2025, fueron exhumados los cuerpos de 24 personas. Los análisis genéticos de esos restos continúan pendientes.
Los trabajos actuales se desarrollan tanto sobre las pequeñas fosas correspondientes a los primeros asesinatos como sobre la gran fosa utilizada posteriormente. Javier Ruiz explica que las primeras víctimas, aquellas que ni siquiera llegaron a entrar en la cárcel de Exeya, fueron enterradas en pequeños espacios junto a la entrada del cementerio.
A partir de agosto de 1936, cuando la represión fascista se sistematizó, los asesinados comenzaron a ser depositados en la gran fosa. Las investigaciones arqueológicas y documentales calculan que este espacio alcanza aproximadamente los 100 metros cuadrados, presenta hasta cuatro niveles de enterramiento y podría contener cerca de 150 cuerpos.
Las catas arqueológicas realizadas en noviembre de 2024 ya habían localizado restos correspondientes a 14 personas con evidencias de muerte violenta por impactos de proyectil. Aquellos trabajos permitieron estudiar la composición de una fosa en la que la documentación municipal llegó a estimar la existencia de 163 víctimas.
Desde entonces, AraInfo ha seguido las sucesivas etapas de un proyecto que ha pasado de aquellas primeras catas a las exhumaciones, la búsqueda de descendientes y el intento de poner nombre a quienes fueron enterrados allí.

Una carrera también contra el calendario
La segunda campaña está financiada por el Ayuntamiento de Exeya con 100.000 euros procedentes de una subvención de la Federación Española de Municipios y Provincias y está previsto que los trabajos continúen hasta finales de octubre.
Sin embargo, Batallón Cinco Villas afronta esta fase con preocupación. Su presidente, Javier Sumelzo, considera que la campaña llega tarde y alerta de que la burocracia y el escenario preelectoral pueden terminar provocando una nueva paralización.
“Se debería haber hecho antes. Tememos que entren nuevas fuerzas políticas a gobernar en las instituciones que ahora financian estos trabajos”, ha advertido Sumelzo. Según explica, quedan dos partidas de la DPZ por ejecutar y está pendiente un permiso de Patrimonio del Gobierno de Aragón para continuar con futuras actuaciones. Mientras tanto, el trabajo sobre el terreno continúa.
“Casi noventa años después, siguen existiendo familias que no saben dónde están sus familiares asesinados por el franquismo”
Este martes han visitado la excavación la coordinadora general de IU Aragón, Marta Abengochea; la diputada de la DPZ de Memoria Democrática por En Común Izquierda Unida, Nerea Marín; y el director ejecutivo de la Fundación 14 de Abril, Adolfo Barrena, acompañados por las concejalas de IU en Exeya Marta Ruiz y Yolanda Roldán, Javier Ruiz y Javier Sumelzo.
Abengochea ha recordado que “casi noventa años después, siguen existiendo familias que no saben dónde están sus familiares asesinados por el franquismo” y ha defendido que recuperarlos, identificarlos y entregarlos a sus familias constituye “una cuestión de justicia y una responsabilidad de las instituciones democráticas”.
Marín ha incidido en que sacar los restos de la tierra es únicamente una parte del proceso. La Diputación de Zaragoza, según ha explicado, ha aprobado 350.000 euros para análisis genéticos destinados a avanzar posteriormente en las identificaciones.
Barrena ha destacado, por su parte, la necesidad de recuperar y difundir las historias de las personas que sufrieron la represión para evitar que caigan en el olvido.
“Aquí no hubo combatientes: hubo verdugos y hubo asesinados”
Los trabajos de estos días también han vuelto a despertar comentarios fascistas y negacionistas en las redes de Batallón Cinco Villas. La asociación ha respondido recordando una cuestión fundamental para entender las fosas que ahora se están abriendo: en las Cinco Villas no existió ningún frente de guerra.
“A partir del 19 de julio de 1936, lo que entró en nuestros pueblos fue el ejército sublevado, y la única sangre que se derramó fue la de quienes defendían la legalidad republicana y la de multitud de personas inocentes que ni siquiera entendían de política”, ha señalado.
Y lo resume sin rodeos: “Aquí no hubo combatientes: hubo verdugos y hubo asesinados”.
Batallón Cinco Villas asegura que no dedicará tiempo a responder a provocaciones y mensajes negacionistas. Su prioridad está dentro del cementerio y en las familias que siguen esperando.
Una de las pequeñas fosas ya ha sido completamente exhumada. Otras continúan abiertas. Bajo la tierra permanece todavía más de un centenar de víctimas. Casi 90 años después, el trabajo continúa siendo el mismo: sacarlas de las fosas, devolverles sus nombres y entregarlas a sus familias.




