En la inexistente academia del librepensamiento conversan con naturalidad, maestros y aprendices de filósofo de todo pelaje con amantes de los credos que se han superpuesto en la historia de la humanidad y que han hecho de la duda su herramienta. Esta convivencia que sería el mayor tesoro es el mayor de sus infortunios porque el ser humano, desde siempre y cada vez más, solo parece perseguir certezas y seguridades. La duda está mal vista y la posibilidad de contemplarse a sí mismo desde el ojo ajeno es una rareza impensable cuando tanta gente escapa de la plaza pública y …



