Estoy fumando en la puerta de la cafetería. Mientras apuro el cigarro, pienso en lo que me van a preguntar P. y B. cuando vuelva dentro; no nos vemos tan a menudo como me gustaría, y cuando lo hacemos hablamos poco de trabajo o de política, o un poco más de paro o de crianza. Hablamos sobre todo de la vida -de la pasada que tenemos en común, los veranos en el pueblo, de la presente que está lejos y de la futura que nos cuesta tanto predecir- y poco de sus accidentes. La vida eran bicicletas, y excursiones, y …




