
Madrid.- La policía intenta, sin éxito, robarle el protagonismo a la solidaridad con los mineros.
Después del gigantesco recibimiento que dispensaba el martes, la capital de Castilla se desayunaba ayer en torno a las 10.00 horas con la llegada de los quinientos autobuses que desde las distintas cuencas mineras habían fletado los sindicatos mayoritarios para potenciar la manifestación prevista para las 11.00 horas de la mañana entre la Plaza de Colón y la sede del Ministerio de Industria (que se ubica a escasos 400 metros del estadio del Bernabeu). Esto suponía que para las 25.000 personas que llegaban desde distintos puntos de la península la jornada había comenzado muchas horas antes.En el caso de los y las zaragozanas, a las cinco de la madrugada. Estas cuestiones de logística, y la masiva afluencia de gentes del propio Madrid daban lugar a una gigantesca masa, difícil de cuantificar - pero en ningún caso inferior a varias decenas de miles de personas copando Colón- y de movilizar, lo cual provocaba un cierto retraso sobre la hora de comienzo prevista.
Con todo, la manifestación, tranquila, festiva, multitudinaria y sin incidentes arrancaba con fuerza en torno a las 11.30 horas de la mañana, llenando el Paseo de la Castellana de una marea ya no negra, sino plagada de los colores de miles de banderas sindicales, de partidos y, sobre todo, de las distintas cuencas presentes en la manifestación.
Con el protagonismo reservado para los caminantes, miles de mineros se entremezclaban con las gentes solidarias o afectadas por los recortes a la minería, en un ambiente propicio para intercambiar experiencias y escuchar la historia de muchas vidas marcadas por la mina. Hablábamos por ejemplo con Ángel, unos de los mineros en activo más veteranos, con más de treinta años en el pozo, quien nos contaba como, habiendo vivido en primera persona las marchas de 1992 y de 2010, "con ninguna se puede comparar el recibimiento" de esta última.
Este era el ambiente cuando la cabecera de la manifestación llegaba al escenario instalado pasado el Ministerio de Industria, cerca de la Plaza de Cuzco, es decir, justo cuando la policía decidió reventar la manifestación.
Ante las puertas del ministerio, apenas quince anti-disturbios apostados en la entrada tras un aparatoso laberinto de vallas recibían una fina lluvia de botellas de plástico y petardos, ante lo cual han respondido con pelotas de goma y solicitando la intervención del resto de unidades. No hemos podido confirmar el extremo según el cual algunas de las personas que arrojaron objetos en primer lugar a los guardianes de la puerta serían en realidad policías infiltrados, pero sí que hemos recavado varios testimonios que afirman que a uno de ellos se le habría caído una pequeña porra mientras recogía del suelo material para lanzar. En cualquier caso, desde ese momento, en torno a la una y cuarto, la manifestación ha quedado rota y sometida a una actuación desmedida y ultraviolenta.
En efecto, mientras los oradores de CCOO y UGT proseguían sus discursos para la mitad (o menos) de la manifestación que había llegado hasta el final, cientos de anti-disturbios atacaban a miles de personas, dejando un reguero de pelotas de goma, banderolas abandonadas y personas heridas sobre el asfalto de la Castellana. Esta actuación no se la han ahorrado ni a una niña de 12 años golpeada por una de las pelotas, ni a una periodista asturiana, ni, en general a las decenas de personas que han resultado heridas, permaneciendo muchas aún en el hospital.
A pesar de esto, la respuesta de las manifestantes ha sido ejemplar y por todos los medios se ha intentado contener una actuación a todas luces desmesurada. No se ha evitado, por contra, la detención de ocho personas de las que a esta hora aún no se sabe si pasarán a disposición judicial o no. Tal vez el momento mas penoso ha sido cuando, sobre las dos, las cargas se han centrado en los autobuses mineros aparcados en la explanada del Bernabeu sobre Castellana, justo cuando sus ocupantes volvían a ellos camino de casa, poniéndoles en grave peligro. Los enfrentamientos se han recrudecido y han acabado en un tremendo cara a cara, después de lo cual la policía se ha retirado mientras disparaba sus bolas de goma desde las furgonetas.
Tras ello, parte de los participantes han acudido al Congreso de los Diputados, donde los funcionarios, tras la sesión en la que el Gobierno ha anunciado una nueva ola de recortes, han llevado a cabo una concentración. Sin poder confirmar más extremos, la intervención policial ha llegado al extremo de arrollar manifestantes con sus vehículos, lo que ha provocado que por lo menos uno de ellos acabara en el Hospital de Princesa.
Una de las consecuencias de los incidentes de la mañana, presumiblemente muy premeditada, ha sido que los autobuses de los mineros no han tenido más opción que partir a toda prisa de Madrid, sin poder plantearse una presencia más prolongada y acudir así a la manifestación que partiendo de la Plaza de Atocha estaba convocada por el Bloque Unitario a las 19.30 horas de la tarde. Por esto, y por todo lo ocurrido durante la mañana, su discurrir ha tenido un carácter más reducido, pero más reivindicativo si cabe, y los protagonistas han sido esta vez los sindicatos, partidos y movimientos sociales alternativos de Madrid, además de una nutrida presencia de gentes de las cuencas mineras que habían decidido quedarse en la ciudad para participar de esta nueva muestra de solidaridad.
En medio de un excelente ambiente, alegre y combativo, el broche final a la Marcha Minera ha enfilado la calle Atocha - con un emotivo recuerdo al pasar por delante del monumento a los Abogados de Atocha-, para callejear después por el centro hasta la Calle de Carretas y, finalmente, a la Puerta del Sol -llena hasta la bandera-, donde miembros de distintas organizaciones del Bloque Unitario han intervenido. Se ha cerrado el acto entonando, una vez más, el "Santa Bárbara Bendita".
Después de ello, parte de la multitud que llenaba la plaza la ha abandonado - en torno a las 21.30 horas-, cargando la policía veinte minutos después contra quienes habían permanecido. A partir de ahí los enfrentamientos con la policía se han sucedido por todo el centro, especialmente en las zonas de Tirso de Molina y Lavapiés. Se puede decir, sin lugar a dudas, que la llegada de la Marcha Minera a Madrid ha prendido una mecha en la propia capital castellana y en el resto del Estado - es buena muestra al respecto las concentraciones contra la represión y los recortes que se han dado hoy en todo Aragón-, cuyas consecuencias para el desarrollo de los movimientos de contestación a la escalada represiva y neoliberal son todavía imprevisibles.
Lorién Topemkin desde Madrid | Para Radio Topo y AraInfo
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