Estoy fumando en la puerta de la cafetería. Mientras apuro el cigarro, pienso en lo que me van a preguntar P. y B. cuando vuelva dentro; no nos vemos tan a menudo como me gustaría, y cuando lo hacemos hablamos poco de trabajo o de política, o un poco más de paro o de crianza. Hablamos sobre todo de la vida -de la pasada que tenemos en común, los veranos en el pueblo, de la presente que está lejos y de la futura que nos cuesta tanto predecir- y poco de sus accidentes. La vida eran bicicletas, y excursiones, y las fiestas de los pueblos. La vida era verse todos los días. La vida es vivir en Torrero y en Valdespartera y ya no verse. La vida es pensar en el colegio en el que se educará tu hijo. Eso es en lo que pienso mientras apuro el cigarro y vuelvo a la cafetería.
"Vas a ver qué gracia como no tengamos el colegio hecho cuando le toque al crío", me dice P. mientras me siento; 'ahí está', pienso. "Es que si no se aprueban los presupuestos no estará listo para el curso que viene. ¿No se los vais a votar, al gobierno?".
Dudo. Son colegas, no les quiero soltar la retahíla de argumentario, no con ese tono, no con esas palabras.
"Si les da la gana lo pueden hacer. Tienen recursos y legalmente es viable."
"Pues no es lo que dicen."
"¿Quién, dónde?"
"Yo que sé, medios. Los vecinos."
La hegemonía, la jodida hegemonía. Poder mentir y ser creído.
"Si les da la gana, es tan sencillo como llevar la ley a las Cortes para hacer todos los colegios que deberían estar para el curso que viene", le contesto, "y no me jodas, que una cosa es que no les queramos votar los presupuestos porque, sencillamente, mienten, y otra cosa no hacer esto. Que además -concluyo- ya podría estar hecho o por lo menos empezado de este año".
"¿Cómo, eso?", pregunta B.
"Que el colegio vuestro estaba en los presupuestos de este año y han sudado de hacerlo."
"No jodas, ¿en serio?"
"Pues sí"
P. y B. me miran. Se me quedan mirando. Inquisitivos. Después de tantos años apenas unos meses -algo más, qué larga se hace la política cuando es nueva- bastan para sembrar un poso de duda.
"Si es así, mal. Pero de todas formas es que nosotros votamos a Podemos, no a los otros. Y os votamos para que hicierais algo."
"Ya..."
No volvemos sobre el tema. Así es la vida, las charradas con amigos. No intentas convencerles, no hay nada de qué convencer, no hay a nadie a quien convencer. Para qué. La hegemonía, la del día a día, se construye con los parroquianos del bar, con la gente del trabajo, con cualquiera, menos con los amigos. Ahí el asunto es distinto, va de tomar un café, de verte, de hacer cosas nuevas y de recordar, que es lo que me apetece y por lo que nos quedamos todavía un rato.
Al cabo de una hora, nos despedimos en el tranvía, en la parada de la Plaza San Francisco. Ya ha caído la noche y cuando vuelvo la vista veo la entrada al campus de la Universidad. "Os votamos para que hicierais algo". Recuerdo en ese momento una pegatina en los baños de la cafetería de Filosofía y Letras. Encima de los urinarios alguien había colocado una pegatina de Chunta, de Cha. Otra persona había escrito debajo de cada una de las letras "C****nes, haced algo". Debía de ser el 98 o el 99. Me viene a la cabeza que, desde luego, se hizo algo. La Expo, el urbanismo de la burbuja. Con la mejor de las intenciones se llevaron a cabo acciones políticas que terminaron alimentando la bestia que finalmente nos ha devorado.
Mientras voy subiendo para casa no puedo evitar pensar que toda esta marea de cambio político nació para hacer algo, desde luego, pero también -quizás "sobre todo"- para hacer ese algo de una manera distinta. Eso quiere decir no caer en la trampa de creer que quienes nos fallaron por sistema pueden hacer algo diferente hoy, no al menos sin unas garantías que han de servir, de entrada, para que "los demás" no nos vuelvan a llevar a la decepción. Esas garantías han de ser útiles, también, para estar nosotros a la altura del reto que ha planteado la ciudadanía a la política y a sus instituciones.
Tal vez eso explica qué está pasando hoy con los presupuestos de Aragón. Durante un cuarto de siglo hemos visto como de modo reiterado PP y PSOE se iban alternando en el gobierno, cortejando al PAR a cambio de su apoyo. Se repartían el chiringo (llamar chiringuito a SARGA y a los 400 trabajadores con carnet de partido es quedarse muy corto) y las promesas incumplidas se compensaban con colocaciones a la carta y otras formas netamente aragonesas de clientelismo y convivencia política. Salir de esa lógica es el principal escollo que plantea Podemos al Gobierno de Lambán, y al régimen en general.
Apuro un último cigarro mientras llego al portal de casa. Hace unos días fallecía Bauman; en uno de los últimos artículos que le leí volvía sobre el problema de la securitización, que definía como la "reclasificación de algo como una instancia de "inseguridad", y enseguida, la transferencia casi automática de ese algo al dominio, la función y la supervisión de las fuerzas de seguridad". Por supuesto, Bauman hablaba de algo mucho más grave como son las derivas autoritarias de los estados alimentadas por "consensos" sobre la "inseguridad", ante temas como la crisis abierta en Francia tras los atentados terroristas del año pasado, no de una prórroga presupuestaria.
Sin embargo, con 0 grados y un cierto pasmo, no puedo evitar pensar que hay una línea, tenue y nítida, que liga la actitud de Lambán y su gobierno con esas formas desquiciadas de la política tradicional revolviéndose contra el futuro a las que se refiere Bauman. ¿Qué sentido, si no, tiene intentar -dentro de sus posibilidades- desencadenar un ataque de ansiedad colectivo a costa de Podemos, de los presupuestos y la prórroga que él mismo ha creado? Hace no mucho el presidente Lambán clamaba por la excomunión del obispo de Lleida y pedía la intervención de la Policía Nacional y de la Guardia Civil en el asunto de los Bienes de Sigena y de las comarcas orientales, ¿es esa su tenue y nítida línea que le liga con la política que crea miedos sin ser capaz de resolverlos?
En fin. Prefiero no pensar en ello. P. y B. deben de estar llegando a casa y yo estoy en la puerta de la mía. Hay un par de futuros alternativos en los que el gobierno ha entrado en razón y abandona la vía de azuzar el miedo y la ansiedad para ponerse a trabajar con toda la honestidad de la que sea capaz. Sopla una ráfaga de viento y al hilo de los futuros alternativos recuerdo el final de Perdidos. Entro corriendo en el portal.

