París 2024: ninguna medalla para el genocidio

Los Juegos de la XXXIII Olimpiada arrancan este viernes oficialmente con el veto a Rusia y Bielorrusia por la guerra de Ucrania pero con alfombra roja al estado sionista de Israel, que en los últimos nueve meses ha asesinado, solo en Gaza, a más de 39.000 personas

26 julio, 2024. 14:16
Los aros olímpicos en la Torre Eiffel | Foto: AraInfo

No medals for genocide. #BanIsraelFromOlympics. Estas consignas recorren las redes sociales mientras el mundo vuelca su mirada durante 18 días en los Juegos Olímpicos de París 2024. "Ninguna medalla para el genocidio", es una llamada internacional para impedir que Israel participe en la cita olímpica que arranca, de forma oficial, este viernes con la ceremonia inaugural y se prolongará hasta el 11 de agosto.

39.006 personas muertas y 89.818 heridas. Es la dolorosa cifra de víctimas en Gaza desde el 7 de octubre de 2023, provocadas por las bombas del estado sionista con la complicidad occidental. Hasta 186.000 potenciales víctimas mortales, según la revista inglesa The Lancet. Entre ellas, 340 profesionales del deporte, atletas y entrenadores que, a diferencia de la delegación israelí, no podrán competir en Paris. Un genocidio que comenzó en 1948, y que lejos de frenarse se ha intensificado en los últimos meses en todo el territorio palestino.

"Frente al genocidio televisado, exigimos la expulsión de Israel de París 2024"

"No se puede normalizar a un estado que comete genocidio, apartheid y colonialismo. Frente al genocidio televisado, exigimos la expulsión de Israel de Paris 2024", advierte la Red Solidaria Contra la Ocupación de Palestina (RESCOP) en un comunicado. En el texto recuerdan que los Juegos Olímpicos "pretenden fomentar a través de la competición deportiva valores como el respeto entre contrincantes, el compañerismo y la honestidad en el cumplimiento de las reglas". Pero Israel va a participar "mientras está cometiendo crímenes continuados contra la población civil palestina y desprecia la legalidad internacional". "Israel limpia su imagen participando en eventos culturales y deportivos que le dan apariencia de normalidad, pero decenas de resoluciones de la ONU condenan su ocupación del territorio palestino y su incumplimiento del derecho internacional. El régimen de apartheid y el actual genocidio son incompatibles con un juego limpio en París", remarca el comunicado.

A estas alturas, a nadie se le escapa que los Juegos Olímpicos van mucho más allá del deporte. Aunque el Comité Olímpico Internacional (COI) –el organismo que dirige este negocio– se empeñe en mostrar una aparente "neutralidad", que no es tal. Ejemplo de ello fueron los Juegos de Berlín, celebrados en agosto de 1936, donde la Alemania nazi de Hitler, con el beneplácito del COI, encontró un escaparate al mundo en el que exhibirse antes de provocar el mayor conflicto bélico que ha conocido la humanidad. Apenas unos días antes, militares fascistas asestaban un golpe fallido a la II República española. El resultado, tres años de cruenta guerra, 40 de criminal dictadura y decenas de miles de víctimas, muchas de ellas aún enterradas en cunetas.

Pero no hace falta retroceder tanto en el tiempo para comprobar el doble rasero del COI. En octubre del pasado año, la Comisión Ejecutiva del organismo internacional aprobó la suspensión del Comité Olímpico de Rusia (ROC, por sus siglas en inglés). Lo hizo en respuesta a que el ROC incluyera entre sus miembros a algunas organizaciones deportivas del Donbás, que oficialmente están bajo la autoridad del Comité Olímpico de Ucrania. La decisión del COI fue avalada en febrero por el Tribunal de Arbitraje Deportivo (TAS). Tampoco Bielorrusia podrá competir en París 2024, por su apoyo a Rusia. De este modo, "no se exhibirá ninguna bandera, himno, colores o cualquier otra identificación de Rusia o Bielorrusia en los Juegos Olímpicos de París 2024 en ninguna sede oficial ni en ninguna función oficial", zanjó el COI. Eso sí, permitirá a una pequeña delegación de atletas rusos y bielorrusos participar como "atletas individuales neutros", aunque no podrán estar presentes en la ceremonia de apertura ni sus medallas se incluirán en el registro oficial.

A todo esto se suma la llamada "Tregua Olímpica", una paz meramente simbólica inspirada en los Juegos de la Antigua Grecia, la ekecheiria. Otro hito de la hipocresía del COI, que relanzó en 1992 a raíz de las guerras en los Balcanes con el amparo de la ONU. Así, en otoño de cada año antes de una edición de los Juegos Olímpicos de verano o invierno, la Asamblea General de las Naciones Unidas reafirma su apoyo mediante la adopción de una resolución al principio de la "Tregua Olímpica", que comienza siete días antes del inicio de los Juegos y finaliza siete días después de la conclusión de los Juegos Paralímpicos. Amparado en este formalismo, el COI considera que el conflicto bélico en Ucrania representa una "violación flagrante" por parte de Rusia y Bielorrusia de esta "tregua".

Pero no vale para todos. El Comité Olímpico de Palestina pidió al presidente del COI, Thomas Bach, el veto a la delegación israelí en los Juegos de París. Las razones son de peso: la ocupación militar de Cisjordania o el genocidio en Gaza. Además, la representación palestina también denunciaba que integrantes de la delegación olímpica israelí "han participado en campañas racistas antipalestinas, antiárabes e islamófobas, además de fomentar los crímenes de guerra, los crímenes contra la humanidad y el genocidio". Pruebas de ello hay más que suficientes.

Aunque no para el COI. Su equidistante respuesta fue rotunda. "No, ni el Comité Olímpico de Israel ni el Comité Olímpico de Palestina han violado la Carta Olímpica como lo ha hecho el Comité Olímpico ruso con su elección de una organización deportiva en el territorio del comité ucraniano. Aquí [en Palestina e Israel] sí hay una coexistencia pacífica”, afirmó sin rubor el presidente del Comité Olímpico Internacional, Thomas Bach, para añadir: "En tiempos oscuros, nuestros valores olímpicos importan más que nunca".

Como recuerda la RESCOP, "la sola existencia de los asentamientos de Israel constituye un crimen de guerra continuado por décadas, como acaba de valorar la Corte Penal Internacional, que se haya investigándolo por genocidio por su brutal asedio a Gaza". Sin embargo, Israel no se enfrenta a ninguna sanción del COI ni su presencia en los Juegos Olímpicos está en duda. Esta misma semana, el gobierno sionista de Benjamin Netanyahu recibía un espaldarazo del Congreso de los EEUU.

Solidaridad con Palestina

Mientras, la sociedad civil se sigue organizando para mostrar su apoyo a Palestina, que, pese a todo, estará presente en París 2024 con una delegación de ocho deportistas que competirán en atletismo, natación, tiro, taekwondo, judo y boxeo. Su objetivo, intentar llevar algo de esperanza a su afición en medio de las masacres. Además, la solidaridad con el pueblo palestino también se visibiliza en los estadios franceses, donde la competición olímpica comenzó este miércoles. Como por ejemplo, en el Parque de los Príncipes donde se enfrentaban las selecciones de fútbol de Mali e Israel. Una sonora pitada al himno israelí abrió el partido que concluyó con empate a uno.

Muestras que seguirán durante todos los Juegos a pesar de la represión. En un post en X, L'insoumission, la plataforma multimedia de La Francia insumisa, denunciaba que durante el relevo de la antorcha olímpica en Vitry-sur-Seine, la policía multó a varias familias con 135 euros por mostrar una bandera palestina. Esa misma policía "proporcionará seguridad al presidente israelí invitado en la ceremonia de apertura" de este viernes, criticaban.

La historia del olimpismo está llena de momentos épicos, y no solo deportivos. Las cuatro medallas del atleta negro Jesse Owens, precisamente en las olimpiadas de Hitler; la lucha por los derechos civiles y contra el racismo simbolizadas en los puños en alto envueltos en un guante negro, símbolo del Black Power, de los atletas afroamericanos John Carlos y Tommie Smith recogiendo sus medallas en México 68; o, en los mismos Juegos, la atleta mexicana Enriqueta Basilio, la primera mujer a la que se le permitió portar la antorcha olímpica durante su recorrido, y también la primera en encender el pebetero con la llama olímpica. Hasta la parada de Simon Biles para cuidar su salud mental o la X –ese gesto que une a todos los colectivos oprimidos del mundo– de Raven Saunders en Tokio 2020.

Pero también llena de vergüenzas. Aquellas "Jornadas Antropológicas" realizadas de forma paralela a los Juegos de San Luis de 1904, donde fueron obligadas a participar en competiciones atléticas aquellas personas –pigmeos africanos, indios sioux y de otras tribus, sirios, filipinos, los ainu de Japón y zulús, entre otras– que la Norteamérica segregacionista consideraba como "seres primitivos". Los Juegos de París 2024 también han pasado a la historia antes de comenzar, por permitir la participación del estado sionista de Israel mientras siguen bombardeando Gaza y asesinando a decenas de miles de civiles en toda Palestina. Por eso, "acordémonos todos los días del pueblo palestino". No medals for genocide.


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