Miguel Ángel Conejos: "Me interesa la gente que resiste los envites de este liberalismo salvaje en el que vivimos"

Escribir desde la herida, el barrio y la memoria colectiva. Miguel Ángel Conejos, autor de ‘Al salir del barrio’ y ‘Nueve Gatos’, creció entre punk, antifascismo, orgullo de clase y radios libres. Ahora narra lo invisible, historias desde los márgenes, con la crudeza de quien ha vivido lo que cuenta y donde su generación —la que no salía en los planes de nadie— puede reconocerse.

Miguel Ángel Conejos en la presentación de su novela en La Pantera Rossa de Zaragoza | Foto: Iker G. Izagirre / AraInfo

De los márgenes al papel. Miguel Ángel Conejos (Zaragoza, 1976) escribe desde la trinchera de lo vivido, con la necesidad de desenterrar historias que no han sido contadas. Ilustrador y periodista de formación, habitual en AraInfo, es autor de ‘Al salir del barrio’ —su debut literario en 2022— y la recién publicada ‘Nueve Gatos’ —que en poco más de un mes se ha colado entre los tres libros de ficción más vendidos en Aragón—. Dos novelas, editadas ambas con Ovejas Negrax y con sus respectivas bandas sonoras, que comparten un hilo subterráneo: Zaragoza como escenario de resistencias y heridas.

Desde su “casa”, La Jota, ‘Al salir del barrio’ y ‘Nueve Gatos’ narran una ciudad sin maquillaje, que a veces no se ve, pero que sigue ahí, agrietando el relato oficial. Caminando entre las subculturas, el desencanto y la rabia, la memoria antifascista, la amistad y la ternura. Sin concesiones ni nostalgia domesticada, Conejos retrata una Zaragoza que no sale en los catálogos turísticos: la que se organiza, la que aguanta, la que grita y también la que duda.

Has vivido muchas vidas antes de escribir novelas. ¿Cuándo y cómo supiste que tenías algo que contar?

Lo cierto es que vidas solo estoy viviendo una y no sé ni cómo se hace todavía. Voy probando, simplemente. Creo que desde pequeño he tenido la necesidad de que me cuenten historias: he aguantado las anécdotas de mi familia en la sobremesa, fui un lector precoz de novela, fíjate que antes de los libros de elige tu propia aventura elegí la colección de Stephen King de la pequeña biblioteca de la vecinal de La Jota. Creo que lo primero que escribí sería para un fanzine con 16 años y desde entonces nunca he perdido las ganas de contar cosas, ya fuera en la radio o escribiendo.

Tu barrio, La Jota, aparece como una presencia constante. ¿Qué significa para ti narrar desde ahí?

La Jota es chufa. Es un lugar seguro para mí. Incluso habiendo salido del barrio hace más de 20 años transitarlo me da paz, porque es un espacio que controlo. Mis padres siguen viviendo en el barrio. Yo mismo trabajé durante años en La Jota. Es el sitio seguro para mi persona y el espacio fácil para mis narraciones. Salirme a otro barrio de Zaragoza no me resultaría complicado, sin embargo, me siento cómodo narrando desde la base, desde donde crecí. Ya lo he dicho otras veces, hace años que me fui de Zaragoza y todavía pienso que si escribiera sobre las Cinco Villas, o simplemente ambientara allí alguno de mis textos me sentiría un poco farsante, como alguien que ocupa un espacio que no le pertenece. La Jota la siento mía, es un barrio que todavía creo que me pertenece.

En tus libros hay punk, soul, rap, antifascismo, trabajo precario, orgullo de clase… ¿Qué papel juega la música y el entorno en tu escritura?

No creo que esté forzando la maquinaria incluyendo todo esto que preguntas en mi escritura. Todo eso que nombras soy yo. Hay orgullo de clase porque soy hijo de unos padres de pueblo de Teruel que tuvieron que irse con veintipocos años a Suiza a buscarse la vida y acabaron en La Jota. Es evidente que el orgullo de clase radica ahí. En el esfuerzo de mis padres por medrar. Hay antifascismo porque es parte de mi pensamiento. Una parte importante. Hay trabajo precario porque es lo que hemos mamado. Y hay música, de muchos estilos, porque la música es una parte importante de lo que soy. Vivo escuchando música y sigo buscando cosas nuevas que escuchar todos los días.

¿Te reconoces como un cronista de la clase trabajadora?

No se si son crónicas lo que estoy escribiendo, pero igual es una definición que se ajusta más a mi forma de escribir. Cronista de la clase trabajadora me suena pretencioso. Simplemente trato de escribir desde un espacio que quizá en este país no ha tenido la oportunidad de expresarse. La cultura en general ha estado cooptada por gentes de clases altas durante décadas. Ahora empieza a haber autoras que llegan desde posiciones políticas o situaciones económicas distintas. Me siento muy identificado con una literatura que cuente la realidad de las clases trabajadoras y eso es algo que tienes que haber vivido para hacerlo bien.

“Hay cientos de historias a nuestro alrededor que merecen ser contadas”

Miguel Ángel Conejos con su segunda novela, ‘Nueve Gatos’ | Foto: Marta López

¿Qué límites hay entre ficción y memoria?

En ‘Al salir del barrio’ hice un ejercicio de autoficción que terminó por convertirse casi en una crónica. Fue muy poco lo inventado y mucho lo vivido. Eso me hizo pesar también en esos límites. En si mis recuerdos eran los mismos que los de otros protagonistas de alguna de esas anécdotas. Acordé conmigo mismo que los recuerdos tienen, en parte, una deformación que los ficciona en cierta medida. Aquello fue bastante duro, la verdad. Con ‘Nueve Gatos’, que es pura ficción, he disfrutado muchísimo más. Ha sido un proceso placentero, sin heridas que curar.

Has sido periodista, ilustrador, camarero, pintor, repartidor, montador, cocinero… ¿Qué han aportado esos oficios a tu escritura?

Sinceramente, sin todo ese recorrido no me vería capacitado para escribir. Necesito todas esas experiencias, pero también todos los personajes que he encontrado por el camino, todas las formas de relacionarse. De cada uno de esos oficios saco cosas, gestos, conversaciones, frases hechas, tics… todo lo que he vivido en lo laboral me aporta muchísimo a la hora de escribir.

Muchos de tus personajes habitan el desencanto, pero también la ternura y la rebeldía. No son héroes ni heroínas, pero resisten. ¿Qué te interesa contar de lo que no suele entrar en las narrativas dominantes?

Me interesa precisamente eso. La gente normal. La gente que resiste continuamente los envites de este liberalismo salvaje en el que vivimos. Pero también me interesa contar las vergüenzas de quien cabalga a lomos de este neofeudalismo, de aquellos que sacan beneficio de este sistema capitalista desbocado. Hay que señalar a esta gente. Me interesan también los personajes en los márgenes de este mundo. Creo que estamos viviendo una época en la que hay cientos de historias a nuestro alrededor que merecen ser contadas.

En ‘Al salir del barrio’ y ‘Nueve Gatos’ hay violencia estructural, pero también amistad, calle y comunidad. ¿Cómo trabajas ese equilibrio entre crudeza y afecto?

Como he dicho antes creo que simplemente soy yo. Ya comenté después del primer libro, que he vivido procesos violentos alrededor de mi vida que me han marcado en cierta manera. Violencia física, económica o social. En ese escenario las amigas son lo único que puedes necesitar. Tu pareja, tu manada, tu sitio seguro son más necesarios que nunca. Creo que es una suerte de balanza en la que ambos extremos se equilibran.

“Es importantísimo que los márgenes entren en el mundo cultural” 

Portada de ‘Nueve Gatos’, la segunda novela de Miguel Ángel Conejos.

¿Tienes algún referente literario o cultural que te haya marcado? ¿De qué raíces te sientes heredero?

Si alguien me marcó en la pubertad y primera adolescencia fue sin duda Stephen King. En sus libros descubrí a Ramones, que no es poco. Después creo que Irvine Welsh fue muy importante para mí en la post adolescencia. Pero hay una novela que me hizo comprender que se puede escribir desde el margen, sin academia mediante, esa fue ‘La educación de un ladrón’ de Edward Bunker. Me siento muy feliz leyendo a Miqui Otero y Kiko Amat. Ahora lo que más leo es novela realista irlandesa, amo a Donal Ryan, Colin Barrett y Sally Rooney.

Publicas con Ovejas Negrax, en circuitos alternativos. ¿Qué significa para ti editar desde fuera del mercado editorial clásico?

Es importantísimo que los márgenes entren en el mundo cultural. Cuando Julio se ofreció para publicar ‘Al salir del barrio’ fue un poco raro. Ovejas Negrax estaba publicando ensayo musical y libros muy específicos sobre historias subculturales, de repente, una novela parecía algo raro, sin embargo, fue un acierto. Tuvo una muy buena acogida y fue una elección genial. Para este segundo fue todo natural. Julio tenía un hueco y yo tenía medio libro escrito. Así que fue muy sencillo. El poder hacer esto desde una posición humilde es sinceramente lo que se merecen estos textos.

¿Cómo está siendo la acogida de tus libros? ¿Qué relación tienes con tu comunidad lectora?

La verdad es que he tenido un montón de suerte. Con ‘Al salir del barrio’ fue genial la aceptación y el feedback que recibí. Con ‘Nueve gatos’ creo que todavía hay gente leyendo o que no lo ha leído, sin embargo, todos los comentarios están siendo positivos. Son dos libros distintos y tengo la sensación de que el segundo puede llegar a un público más amplio.

“Hay una turba de vasallos, incels y cryptobros haciendo el trabajo sucio del fascismo”

Miguel Ángel Conejos | Foto: Marta López

¿Cómo ves el auge de los discursos ultrarreaccionarios? ¿Qué papel puede tener la literatura en estos tiempos?

Creo que estamos viviendo un auge del fascismo en una forma distinta al del siglo XX. Algo más poliédrico. Una suerte de feudalismo autoritario con muchas caras: unos señores que manejan a su antojo, unos políticos que les jalean o les dejan hacer y una turba de vasallos, incels y cryptobros que les hacen el trabajo sucio en las calles y en las redes. Un nuevo fascismo patinado de supuesta normalidad que trata de meter su mensaje xenófobo, machista y autoritario continuamente en la esfera pública. Y que lo va consiguiendo. En cuanto al papel que juega la literatura ante este avance, como el resto de las artes, creo que denunciarlo. Es algo evidente.

¿Y cómo ves el presente de las culturas subterráneas y de resistencia en Zaragoza?

Ciertamente estoy algo desconectado. Es lo que tiene vivir a más de 100 kilómetros. Sin embargo, veo como la estulticia gobierna la ciudad a golpe de jardinera y sonrisa de insta y me descompongo por dentro un poco. Lo mismo me ocurre cuando veo a Azcón vender al mejor postor el agua y la tierra de Aragón sin ningún atisbo de vergüenza. No sé cómo están las fuerzas en la calle, veo las protestas por la tala de los Pinares de Venecia, las protestas ante la selección israelí de softball, las protestas contra los brotes racistas… y siempre tengo la sensación de ir a remolque. La propia palabra, protesta, no deja de ser sinónimo de queja. Creo que hay que volver a creernos fuertes y crear cosas, pero claro, esto es fácil decirlo y muy difícil aplicarlo, sobre todo con el nivel de represión actual. Desde fuera de la urbe todo se ve un poco distinto, ciertamente.

¿Tienes ya en mente una tercera novela? ¿Hacia dónde te gustaría seguir caminando literariamente?

Sí. Tengo en mente cosas y muchas ganas de volver a escribir. ¿Hacia dónde voy a ir? No tengo ni idea. Tengo la sensación de que se está empezando a conformar un universo con estos dos libros. Hay algún personaje de ‘Nueve gatos’ que se merece algunas letras más, de hecho, fueron secuestradas del texto para guardarlas para más adelante. Está eso, pero también pienso en otro tipo de proyectos más arriesgados y quizá más punks.

¿Qué te gustaría que pasara cuando alguien termina uno de tus libros?

Que se le dibujara una sonrisa.

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