Los resbalones del alcalde Azcón: cuando la omnipresencia son patinazos y amagos

El conservador protagoniza varios sonoros deslices en intervenciones del estado de alarma mientras el ayuntamiento escenifica la promoción de disparatados actos callejeros en pleno confinamiento para acatar, sin recurrirlas, las lógicas respuestas denegatorias de la Delegación del Gobierno

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Azcón acusó al Gobierno español de “buscar la foto” el mismo día que, en pleno confinamiento, recorría siete clínicas privadas para repartir pasteles. Foto: Miguel G. García (AZ)

Resulta curioso cómo conceptos que en el plano divino (y obviamente teórico) se consideran virtuosos, como la omnipresencia y la ubicuidad, pueden resultar todo lo contrario en ámbitos de la vida práctica (y real) como la política: ocurre en Zaragoza, donde Jorge Azcón, alcalde y jefe de la coalición de PP y C’s que gestiona el ayuntamiento de la ciudad bajo la tormentosa supervisión y dependencia de la ultraderecha de Vox, ha añadido los patinazos y los amagos a las escasas características genuinas de una forma de gobernar que, en su menos de un año de historia, venía caracterizándose por las reculadas en cadena.

Episodios como los de los carteles del ‘no es no’ de los Pilares, los recortes en las obras de los presupuestos participativos en los colegios, el sí pero no de la cabalgata de Reyes y la orden autoincumplida de censurar la charla de Pablo Urban son algunos de los ejemplos más notorios de esa tendencia a decir Diego donde decía digo, en ocasiones con una velocidad de vértigo y siempre con resonancia mediática, de un equipo de gobierno que con la pandemia ha visto como su proyecto estrella, que consistía en remodelar a costa del erario público el estadio de La Romareda para que una empresa privada lo explote durante 75 años, comenzaba a zozobrar en el agua de borrajas de la incipiente crisis económica que el coronavirus trae como inquietante efecto secundario.

¿Consistirá la nueva normalidad postpandémica de la vida municipal zaragozana en añadir a las reculadas los deslices y los conatos que provoca la querencia a la sobreexposición mediática de su alcalde?

Está por ver, aunque no apunta precisamente en sentido contrario la experiencia de los últimos dos meses y medio, cuando la búsqueda de la enésima foto que publicarían los medios y circularía por las redes le llevaba de embolsar bocadillos en bares (cerrados al público) a revisar EPIs sin ser prevencionista ni sanitario pasando, como contaron los medios, por dedicar un rato a acusar al Gobierno central de “buscar la foto”… el mismo día que había visitado siete clínicas privadas para repartir 4.500 pasteles en una gira que podó la DGA al impedir que se pasara por los hospitales públicos de la ciudad. Ocurría el 23 de abril, cuando no se permitía la presencia de más de tres personas en un velatorio ni la gente podía pasear por las calles como fórmula para tratar evitar la expansión del virus.

Esta última declaración, que el alcalde zaragozano realizó como portavoz del PP en la ejecutiva de la FEMP (Federación Española de Municipìos y Provincias), era pura kriptonita para la imagen del ejecutivo de Pedro Sánchez: venía de Azcón, una autoridad indiscutible cuando el tema es “buscar la foto” en pos de eventuales réditos políticos. Se trata de alguien que sabe de lo que habla cuando habla de eso: una indiscutible autoridad en la materia.

El papelón de las ayudas al alquiler

El dominio del tema no ha caracterizado, sin embargo, otras sonadas intervenciones del alcalde durante la pandemia y en asuntos relacionados con la gestión del ayuntamiento durante el estado de alarma.

“No se han suspendido las ayudas al alquiler”, aseguraba con contundencia el pasado 15 de mayo, justo cuando iban a cumplirse dos meses de la suspensión de esa parte de las ayudas de emergencia por parte del Ayuntamiento de Zaragoza y cuando el responsable de Acción Social, Ángel Lorén, llevaba el mismo tiempo explicando que la decisión se debía a que los desahucios están suspendidos por decreto durante el estado de alarma.

Otra cosa es que esa opción sea acertada, que no lo es según los trabajadores de los Servicios Sociales porque deja fuera del sistema a mucha gente cuya situación de emergencia habitacional por el coronavirus no tiene nada que ver con el transeuntismo.

Y otras cosas más, también, son la encrucijada en la que el alcalde situó al propio Lorén, que entre el zasca a su jefe y el mantenimiento de su imagen inmaculada se inclinó por lo segundo, y la filigrana en la que se vio el equipo de comunicación municipal, obligado a explicar que la verdad era diametralmente opuesta al mensaje de Azcón pero sin desmentirlo. Son las consecuencias de una aparente impulsividad y de una querencia por ocupar la escena que, en ocasiones, tiene consecuencias contrarias a las buscadas por eclipsar a quienes sí controlan los asuntos.

Los desmesurados 400.000 euros de los dispensadores de gel

Pasó algo similar con el anuncio de la instalación de los dispensadores de gel hidroalcohólico en los autobuses y los tranvías de la ciudad. “Vamos a hacer un importante esfuerzo económico, que llegará a los 400.000 euros, para dar mayor seguridad y mayor confianza a los usuarios", aseguró Azcón al presentar la iniciativa.

Había optado por el cálculo más elevado de los realizados sobre el eventual coste de la iniciativa. En realidad, los casi 900 dispensadores (710 para los 355 autobuses de la flota y 84 para los 21 tranvías) salen a 82 euros ya instalados, con una inversión inicial de solo 18.000 para después completar el servicio.

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Azcón optó por presentar la estimación más elevada de todas las posibles sobre el coste de los dispensadores de gel hidroalcohólico del transporte público. Foto: (AZ)

¿De dónde sale el resto del presupuesto? Del gel, para el que una de las alternativas, concretamente la que parte de la improbable hipótesis de que el bus y el tranvía repitan el nivel de usuarios del año pasado, prevé un gasto de hasta 2.500 euros diarios.

Ese producto sale en garrafa de cinco litros por menos de cinco euros (a granel, por menos), lo que, con dosis de entre uno y dos mililitros por usuario, supone entre 250.000 y 500.000 diarias: entre 58 y 115 millones en los 230 días (ocho meses y medio) de servicio hasta fin de año para un sistema de transporte público que el año pasado batió su récord con 123 millones de usuarios entre el bus (94,1) y el tranvía (28,8).

¿Por qué optó el alcalde por dar la cifra más elevada, y en este caso aparentemente desmesurada vista la ocupación de los autobuses y los tranvías desde el inicio del ‘gran encierro’ (el máximo aforo permitido pasa este lunes del 30% al 50%), en lugar de otra más baja?

Los desfiles de la fase cero

Junto con esos dos resbalones de calado, Azcón ha protagonizado dos amagos de consideración durante la pandemia, y en ambos casos con una narrativa similar: intentar organizar dos rúas en pleno confinamiento, una por el Día de Aragón y otra por los 25 años de la Recopa del Real Zaragoza, para narrar la previsible oposición a ambas de la Delegación del Gobierno, pero sin defender ante los tribunales esas resoluciones del organismo que dirige Pilar Alegría, la candidata más votada en las últimas municipales como cabeza de lista del PSOE.

¿Por qué no fueron recurridas? ¿Quizás por carencia de argumentos para hacerlo? Es una posibilidad. En cualquier caso, la solidez de las peticiones, inexistente en al menos uno de los dos casos, parece algo menos consistente que las respuestas de la Delegación del Gobierno.

El equipo de gobierno municipal había comunicado su intención de organizar el 23 de abril una caravana en la que “un buen número de vehículos de la Policía Local, Bomberos, Protección Civil, bus urbano, limpieza y recogida de residuos, Ecociudad y brigadas de infraestructuras iban a recorrer buena parte de la ciudad” durante hora y media para que “los distintos servicios municipales dieran las gracias a los zaragozanos y les devolvieran las muestras de apoyo recibidas durante estos días de pandemia”, informó Heraldo.

La del 10 de mayo, notificada unos días antes a la Delegación, consistía en que un autobús turístico escoltado por tres vehículos de Bomberos y otros tantos de Protección Civil, además de la escolta policial, recorriera a partir de las once de la noche “casi todos los distritos” en una ruta de hora y media con inicio junto a La Romareda y final en el puente de Piedra.

Las reacciones de la Delegación del Gobierno en Aragón, basadas en los informes de la Abogacía del Estado, fueron tan contundentes como la aceptación que de ellas hizo la coalición PP-Cs que gobierna el consistorio bajo la supervisión de Vox.

La rúa que nunca existió (ni resucitó)

En el caso del 23 de abril no había habido petición. La convocatoria de la rúa solo existía en las redes sociales y en algún medio de comunicación, lo que llevó a la Secretaría General de la Delegación a reclamarle al ayuntamiento “el acuerdo municipal adoptado al respecto y, en caso de no haberlo, [información] sobre quién la ha organizado y en qué consiste”.

“Se está pidiendo a los ciudadanos que no se desplacen a otra casa para celebrar acontecimientos familiares, o incluso manifestaciones o procesiones” de semana santa y, en ese contexto, una caravana como la que supuestamente alguien estaba organizando resultaba algo “contradictorio con tal exigencia a la ciudadanía, que está actuando con gran responsabilidad”, señalaba la carta , dirigida personalmente a Azcón, al que “se le requiere para que, en todo caso, adopte las medidas necesarias para evitar esa actuación de los servicios municipales”.

El alcalde, que de haber permitido la rúa que nunca existió se exponía a un conflicto susceptible de ser judicializado por desobediencia a la Delegación, que en este caso actuaba como brazo del mando único ante la pandemia, acató el requerimiento en una decisión que únicamente plantea una duda: ¿amago o reculada?

Un mensaje sin encriptar: ¿ya no toca homenajear?

Para la del 10 de mayo sí hubo petición, aunque con algunas peculiaridades, como la previsión de que “durante todo el recorrido, miembros del Cuerpo de Bomberos se encargarán de vigilar que se cumplen las normas de seguridad, de aforo y de distanciamiento entre las escasas personas (entre 6 y 8) que viajen en el autobús”. ¿Entre seis y ocho más los bomberos o entre seis y ocho con ellos?

La Abogacía del Estado recordó que el decreto del estado de alarma “suspende, entre otras, las verbenas, desfiles y fiestas populares” y que “no parece que ninguna de estas normas autorice un desplazamiento por la vía pública como el que se pretende realizar. En efecto, es claro que no se trata de ningún desplazamiento por razones de trabajo, ni para adquirir productos, o por ninguna situación de necesidad”.

“Todos los poderes públicos están sometidos al ordenamiento jurídico (artículo 9.1 de la Constitución), y que por lo tanto no pueden desconocer las limitaciones establecidas a la circulación por la vía pública”, añadía, antes de apuntar que los propios planteamientos de la solicitud municipal “simplemente demuestran que el ayuntamiento es perfectamente consciente de los problemas que plantea la caravana”.

La respuesta de la Delegación del Gobierno, presentada desde algunos flancos mediáticos como una prohibición frente a una iniciativa que contaba “con todas las medidas de prevención y seguridad”, incluía un mensaje nada encriptado para Azcón, a cuyo equipo de gobierno se le han enfriado de una manera notable las ganas de homenajear a los zaragozanos desde que estos han salido de la fase cero de la desescalada: “lógicamente, esta situación podrá cambiar a medida que se vayan dictando nuevas normas como consecuencia de la evolución de la COVID-19”.

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