La primera víctima de la guerra

Habitualmente se dice que la primera víctima de la guerra es la verdad. Lo que ocurre es que esta frase tan bienqueda se suele repetir en tiempos de paz. Cuando se desatan las hostilidades es habitual que medios y ciudadanía compren la narrativa y argumentos de uno de los bandos, casi siempre de forma acrítica, dejando al aforismo en cuestión en el baúl de los olvidos hasta mejor ocasión. Como si de una consigna hippie se tratara. Y la guerra de Ucrania no es una excepción. En absoluto. Por más que se repita hasta la saciedad que es una contienda …

Rubén Ramos.

Habitualmente se dice que la primera víctima de la guerra es la verdad. Lo que ocurre es que esta frase tan bienqueda se suele repetir en tiempos de paz. Cuando se desatan las hostilidades es habitual que medios y ciudadanía compren la narrativa y argumentos de uno de los bandos, casi siempre de forma acrítica, dejando al aforismo en cuestión en el baúl de los olvidos hasta mejor ocasión. Como si de una consigna hippie se tratara.

Y la guerra de Ucrania no es una excepción. En absoluto. Por más que se repita hasta la saciedad que es una contienda retransmitida en directo a través de las redes sociales, lo cierto es que no se diferencia de cualquier otra a la que hayamos asistido en el pasado, donde hay que abrirse paso entre la verdad y la mentira a duras penas. La propaganda sigue inundándonos, lo que dificulta tener un criterio ajustado a los hechos. Así lo demuestran los muchos bulos que nos han pretendido colar unos y otros.

Y en esta otra batalla que se desata en los medios las imágenes son muy poderosas. Y ambos bandos (y sus voceros) lo saben. Ya ocurrió en 1991, en la guerra que inauguró el llamado nuevo orden mundial post-guerra fría. Si hubo una imagen que la simbolizó fue la de un pobre cormorán tratando de nadar de forma calamitosa entre el petróleo. Una imagen puesta en entredicho muy poco tiempo después, ya que probablemente no se produjera en aquel momento. Pero ya daba igual.

No descubro nada nuevo recordando estas cuestiones, desde luego, pero no deja de sorprenderme que, guerra tras guerra, el guion se repite hasta la extenuación. Y se repite incluso cuando afloran agencias de verificación, cuando el fact-checking, esa disciplina que no debería existir si el periodismo cumpliera con su cometido, está tan de moda.

Pongamos un ejemplo reciente, de esta misma semana. Este martes, 15 de marzo, en el programa “La noche en 24 horas” del canal de noticias de TVE el presentador (Xabier Fortes) realizó una interesante entrevista a uno de los corresponsales del canal público en el conflicto, Miguel Ángel de la Fuente. En el transcurso de la conversación, como es habitual, se introdujeron varias imágenes de recurso. En un momento dado, mientras el periodista hablaba de la dificultad para adquirir algunos artículos, en las imágenes aparecían soldados repartiendo comestibles entre la población.

Hasta aquí todo perfecto, si bien en ningún caso estas imágenes se ponen en contexto, lo que lleva al espectador o espectadora a relacionarlas con las penurias que la población civil está atravesando en las ciudades sitiadas por el ejército invasor. La sorpresa, no obstante, salta a la vista. Si nos fijamos en las mismas podemos comprobar de forma bastante nítida que los soldados en cuestión adornan cascos y guerreras (nunca mejor traída esta palabra) con la cinta de San Jorge, un símbolo inequívoco utilizado por el nacionalismo ruso.

La cosa no queda ahí: entre los artículos que se reparten entre la población se puede identificar de un modo bastante claro (y no hace falta saber alfabeto cirílico para percatarse) uno en especial: la leche. Se trata de Ekoniva, un lácteo ruso.

O sea, lo que nos vienen a decir las imágenes es que el ejército ruso se encuentra repartiendo víveres o ayuda humanitaria entre la población, asunto que hace días ya desató la polémica en las redes. ¿Se ha informado sobre este particular a la población del Estado español a través de medios como TVE? Juzgue la lectora o el lector por su propia experiencia.

Pero no vayamos tan deprisa y ya que nos ponemos a dudar, lo hagamos de todo, como debiera hacer el periodismo. ¿Proceden estas imágenes del conflicto ucraniano o por el contrario se produjeron en otro momento y lugar? ¿Se trata de una población del Donbas con mayoría prorrusa o de otra conquistada en los últimos días? ¿Acaso son imágenes grabadas ad hoc como parte de la propaganda del Kremlin? Pues no he sido capaz de establecer el origen de las mismas, así que dejaré de momento el tema en cuarentena.

Lo único que sabemos es que estas imágenes se difundieron el martes por la noche en el contexto de una entrevista y, sin su debida contextualización, carecen de sentido. ¿Cambiaría la apreciación que tenemos sobre la actuación del ejército ruso si supiéramos que reparte ayuda humanitaria? Difícil saberlo, más tras una agresión de la magnitud a la que estamos asistiendo desde finales de febrero. Sin embargo, omitir que esta ayuda se está produciendo (si es que se está produciendo) sí tiene un efecto claro: contribuye a la deshumanización del “enemigo”, refuerza las opiniones en su contra y justifica el posicionamiento favorable a la intervención en el conflicto (sea del modo que sea).

Aviso importante para navegantes: Con este artículo en ningún caso pretendo restar gravedad a la actuación de Rusia o contribuir a lavar la imagen de esta guerra o de sus actores. En absoluto. Mi intención, en todo caso, pasa por alertar sobre la función de la comunicación social en momentos tan complicados, como es el que estamos atravesando, y llamar la atención de nuestra conciencia y sentido crítico. Aunque solo sea para apelar a la necesidad de agarrarnos, una vez más, a la frase a la que hacía referencia en el inicio.


Más información de la guerra en Ucrania y el Donbass en este especial.

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