Giro 2022: entró la guadaña y murió

La crónica al revés sería contar todo lo que nos hubiera gustado que sucediera. Lo que esperamos de esta carrera, la más especial para los aficionados y mitómanos del ciclismo. Pero por el azar de la carrera, o la competición, o el ciclismo moderno hipertecnologizado, nos hemos quedado un poco fríos. Aún con todo, un buen Giro, en el que pasaron muchas cosas. Y con una guadaña que se convirtió en cuchillo bien afilado el penúltimo día de carrera.

Los ganadores del Giro de Italia posan en los podiums
Hindley, Carapaz y Landa en el podio del Giro. Foto: @giroditalia

Cerrábamos la segunda crónica apelando a las emociones fuertes, las que nos gustan, y llegaron rápido, a balón parado, con la etapa montañosa tras la jornada de descanso del lunes, 23 de mayo. Una de las jornadas clave, entre Saló -sí, el de la república títere de los nazis y fachas- y Aprica, 202 km de gran fondo, con el siempre añorado Mortirolo y un encadenado final a través de Teglio y sus bancales de viñedos, el Valico di Santa Cristina -un puerto periférico para el Giro, sólo se ha subido en tres ocasiones, pero que esconde una dureza inhóspita, 13 km al 8%- y la rápida bajada a meta.

La etapa fue de desgaste del bueno, a pesar de que el Mortirolo no mortificó a nadie de la general, de los elegidos para ganar. No se subía por su vertiente clásica, pero si hay un puerto de paso que hace daño en las grandes vueltas es este puerto de la Foppa. La etapa fue para la fuga, de mucha calidad y con alternativas de todo tipo, desde Kämna que lo intenta desde lejos -a 20 km de meta-, pasando por el holandés Arensman (DSM), un sufrido Valverde -venido a menos, lógicamente-, Hugh Carthy (EF) y Jan Hirt (Intermarché).

Tenían margen suficiente para darse hachazos en la ascensión final. En Santa Cristina, tan desconocido, que hasta sorprendió que Miguel Induráin entrara en trance en esa diabólica ascensión en 1994. Ciclismo, mitos, megalomanía y topónimos anónimos. De todo y de nada.

Ganó el espigado Hirt, un escalador checo, con piernas de alambre y pedaleo escartinesco. Por detrás, pocos ataques, con el acelerón de Landa para descolgar a un sufrido Almeida y recortarle 14 segundos, que le aproximaban un poco más al podio. El ciclista vasco, entró junto a Carapaz y Hindley, quienes seguían jugando al empate a cero.

La siguiente etapa nos ofrecía otra oportunidad para la lucha por la general. Por las carreteras del Trentino, entre Ponte di Legno y Lavarone (168 km), con las subidas al Tonale, Vetriolo y Monterovere -un primera, de 8 km al 10%, para despatarrar a cualquiera-, cuya cima ofrecía una rápida bajada hasta la meta -algo muy frecuente en jornadas abruptas del Giro en los últimos años-.

Ganó la etapa un colombiano, Santiago Buitrago (Bahrain), el más sólido subiendo de los fugados del día. 22 años tiene este fino escalador de Bogotá, que reventó a todos en esa subida preciosa a Monterovere, donde hay que tener peso pluma. Santiago y sus 59 kg, magullado por una caída previa, engulló a los que iban por delante, a ritmo puro, el que exigía esa subida de tornanti y carretera excavada en la pura montaña. Dilapidó a este Van der Poel saganesco, al irreductible Leemreize al punto de coronar, y se lanzó en el descenso a por una victoria muy merecida.

Por detrás, Bahrain quería romper y jugar, todo por Landa, en su apuesta por colocarse en el podio, y alejar a Almeida, la amenaza fantasma. Poels hizo su trabajo, aunque los ataques de Mikel no sirvieron para soltar a Carapaz ni Hindley, sí al portugués Almeida, que se dejaría un minuto en Lavarone. Se debió apajarar al no poder comer bien en el momento preciso de la etapa. Landa se encaramaba al tercer puesto y ciclistas como Jan Hirt escalaban en el top ten.

La jornada de transición del jueves 26 nos dejó una noticia inesperada, con la retirada de Joao Almeida tras positivo por COVID. Casi nos olvidábamos de este tipo de sucesos. De esta forma los tres primeros de la general respiraban tranquilos, ante la baja de un buen contrarrelojista, que amenazaba con dar el golpe en la crono de Verona.

La etapa fue para la fuga, un discurrir llano y breve, de unos 150 km entre Borgo Valsugnana y Treviso, en el Véneto. Viendo el desarrollo, el pelotón se desentendió de la caza, aunque eso no quita valor al desenlace final, con una buena victoria para Dries De Bondt, la tercera de Alpecin en este Giro. El equipo belga está de dulce.

De Bondt ganó a sus compañeros de escapada, Edoardo Affini, Magnus Cort Nielsen y Davide Gabburo. Juanpe López tuvo un día complicado, recuperaba la maglia bianca de mejor joven, pero se quedó cortado del grupo principal, llegando a dos minutos largos. A pesar de esta incidencia se mantenía entre los diez mejores de la general.

La etapa 19ª se mostraba ideal para una emboscada, un recorrido de media montaña por el Friuli, con la ascensión al Kolovrat, el Mortirolo esloveno, un monte de 10 km con una pendiente constante al 9%, ideal para reventar la carrera, ya que su cima se encontraba a 40 km de meta, donde esperaba la llegada en alto al Santuario di Castelmonte, dominando Cividale del Friuli, un puerto de segunda que también podía hacer daño. Pero poco ocurrió.

Bora controló la subida al Kolovrat. Y ya está, acelerón final de Carapaz, que no soltó ni a Landa ni a Hindley. La fuga disputó la etapa y con muchísimo margen -casi cuatro minutos sobre los favoritos-, con un excelso Koen Bouwman, doblete en etapas y asegurando de manera rotunda la maglia azzurra de la montaña -triplica en puntos al segundo, Ciccone-. El holandés se impuso en Castelmonte a sus compañeros de escapada. Schmid, Tonelli, Valter y Vendrame.

Se dejó todo para el penúltimo día, casi un calco del Giro 2020. Era la otra gran jornada montañosa de esta edición. De Belluno a la meta en el Passo Fedaia, allí arriba, en la Marmolada, a unos dos mil metros de altura (recupero por aquí la crónica del 2021, donde contabámos historias de este mítico paso de montaña).

168 km, con las subidas a San Pellegrino, Pordoi (Cima Coppi de esta edición, con sus 2.239 metros dolomíticos) y el decisivo Fedaia. Y lo fue, casi apurando el guión, Jai Hindley aceleró para ganar el Giro, lo hizo en ese cementerio de elefantes que es la recta eterna de Malga Ciapela, donde la pendiente nunca baja del 11%, Carapaz hizo catacrack, y en meta el austrialiano le sacó alrededor de minuto y medio. Pero antes había llegado, para ganar la etapa en solitario, Alessandro Covi (UAE), con una buena cabalgada desde el Pordoi, a pesar de los intentos por alcanzarle de Domen Novak (Bahrain) o Giulio Ciccone.

Tampoco es que el espectáculo fuera épico, muy al nivel de este Giro, Landa se quedó sin gas, aunque le dio para recortarle algo de tiempo a Carapaz y algunos ciclistas como Hugh Carthy demostrando que el gran fondo es lo suyo.

39 segundos separaron a Jai Hindley de ganar el Giro 2020, el de la pandemia y las cosas raras. De todo se aprende y su guadaña ha sido simple y firme, sin dejar testigos ni rastro alguno. En ese 2020 también había una crono final, por las calles de Milán. Y en la capital lombarda, Tao Hart, empatado a tiempo con Hindley, y mejor contrarrelojista, se llevó el premio gordo.

En Verona fue todo totalmente diferente, con una buena distancia respecto a Carapaz, Jai no tuvo que sudar mucho en los 17 km de lucha contra las manetas del reloj. La crono veronesa la ganó Matteo Sobrero (BikeExchange), un excelente croner que crece a la sombra de Ganna. Su primera victoria como profesional. 23 segundos le sacó a Arensman, y 40 a Van der Poel. Segundo y tercero.

Primera victoria de un austrialiano en el Giro. Jai Hindley, nacido en Perth en 1996, es otro joven prodigio, un poco más mayor que Bernal o Pogacar. Ciclista casi anónimo, frío y calculador, se descubrió al mundo en el Giro 2020, donde una bicefalía con Kelderman le perjudicó de forma clara. 2021 lo pasó en blanco. Y el que escribe esta crónica ni siquiera lo apuntaba como claro favorito. Pero ha sido el mejor, sin concesiones, el más fuerte en Turín y reventando la carrera en la Marmolada, además de bien acompañado por un equipo como Bora -con Buchmann, Kelderman o Kämna-.

Segundo puesto para Richard Carapaz, que va enlazando podios cada año desde 2019 en las grandes vueltas. Estuvo cerca pero sin chispa necesaria, algo que se destapó a última hora. Mikel Landa vuelve al podio de una grande, siete años después, ya no tiene la explosividad de entonces y se nota. Sin ningún problema de carrera, su gran fondo le ha valido para ser tercero en el Giro.

A un mundo, casi 6 minutos aparece Vincenzo Nibali, en el año de su despedida, ha sorprendido al aguantar en este puesto, tirando de experiencia y resistencia. Y el resto, un poco de todo, con mención especial a Juanpe López, 10º en la general y mejor joven. Hay más nombres propios, como Koen Bouwman -dos etapas y la montaña- o Arnaud Démare -tres etapas y la regularidad-. O el combativo Van der Poel, metido en todas las fugas posibles -etapa y maglia rosa unos pocos días-. Y algunas sombras, ¿dónde está QuickStep? En todo caso, una carrera bonita, por disputada, de Budapest a Verona. No hubo mucha épica, pero ya se sabe, el deporte más sufrido y bonito tiene sus propios patrones. Montad en bici y dejáos llevar...

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