En el ecuador de su mandato, la alcaldesa de Zaragoza Natalia Chueca (PP) ha abierto este martes el debate sobre el estado de la ciudad con un discurso que ha sonado más a mitin que a balance de gestión. Ha desplegado promesas recicladas, ataques en bucle contra Pedro Sánchez y su habitual retórica de “Zaragoza para todos”. Aunque su hoja de ruta sigue escrita junto al ultraderechista Vox y los grandes intereses empresariales.
“Somos la ciudad a la que Google invita a sentarse a su mesa”, ha presumido Chueca al comienzo de su intervención. Una mesa a la que no se sientan quienes sufren la emergencia habitacional, la especulación inmobiliaria, los servicios públicos colapsados o los barrios abandonados mientras se venden licencias urbanísticas exprés —otro de sus “grandes” anuncios en este debate— para que las constructoras puedan empezar obras en 24 horas. Dice que esto es “agilizar”, pero la pregunta, retórica, es a quién beneficia.
Más cámaras, menos vivienda
Con guiños constantes a Jorge Azcón —su padrino político y hoy presidente del Gobierno de Aragón—, la alcaldesa de Zaragoza se ha adornado en un discurso donde no ha faltado su momento “Make Zaragoza Great Again”: Zaragoza como “momento dorado” gracias a un gobierno que presume de pactos con la ultraderecha —“oposición útil y leal” de Vox, según sus palabras—. Una alianza que implica abandonar políticas para hacer frente a las principales preocupaciones de la población aragonesa, según las últimas encuestas, el acceso a la vivienda y la precariedad laboral. Eso sí, tendremos más cámaras de vigilancia, otra oficina “antiokupa”, esta en la comisaría de la Policía Local en la calle Pignatelli —que abrirá sus puertas en las próximas semanas—, un nuevo cuartel de policía en el albergue municipal y nuevas medidas de control migratorio. Todo, claro, envuelto en su supuesto compromiso de que “Zaragoza no abandona a nadie”. Salvo a quienes no encajan en su relato.
Mientras Chueca presume de una ciudad “que avanza”, los datos pintan otra realidad. Por ejemplo, más de 10.000 personas esperan acceder a una vivienda social. Este gobierno municipal ha dejado sin ejecutar el 10% del presupuesto mientras siguen los “recortes ideológicos” y aumenta la presión fiscal sobre la ciudadanía para "compensar" las cantidades millonarias que “perdona” a las grandes empresas. Un gobierno PP-Vox que ha hecho costumbre los pelotazos urbanísticos, que “favorece el negocio de los rentistas a costa de abandonar las políticas de vivienda pública”, que acelera la privatización de servicios públicos, y que “regala” una subida “histórica y desproporcionada” del transporte público a la par que empeoran el servicio y las frecuencias.
“Rebelión municipalista”: eslogan sin calle
En su discurso, que se ha prolongado durante unos 100 minutos, Chueca ha cargado una y otra vez contra el Gobierno español de Pedro Sánchez, culpable —según ella— del “colapso de los servicios públicos”, la “sumisión a Bildu” y la “insolidaridad” con Aragón por el nuevo acuerdo de financiación de Catalunya. En este sentido, si en la víspera Azcón llamaba a una “rebelión cívica”, ella habla ahora de una “rebelión municipalista”. Un eslogan que suena bien, pero que se desinfla cuando se observan sus propias alianzas: pactos con la ultraderecha, apoyo a la especulación inmobiliaria y críticas constantes a una oposición a la que reduce a “momentos grises”, en contraste con el “momento dorado” que proclama para su gestión.
En su larga lista de anuncios, ha sacado pecho de sus viajes a EEUU y China, ha celebrado los 80.000 euros de mantenimiento para unos Pinares de Venecia a los que ha puesto en peligro con su plan de ampliación para el nuevo Parque de Atracciones. También ha nombrado un plan “Zero Residuos” aún sin concretar y ha prometido “un árbol por cada habitante” en una Zaragoza que pierde más de 1.000 al año desde que gobierna. Además, ha insistido en que “la única verdad es la realidad”, como si la realidad no hablara por sí sola: precariedad, gentrificación y una ciudad que se vende como marca mientras sus barrios más humildes siguen a la espera de inversiones reales.
Zaragoza merece algo más que marketing y cámaras de seguridad. Gobernar bien —como ha dicho la propia Chueca— es escuchar. Pero para eso hace falta oír a quienes no entran en la foto: personas migrantes, jóvenes sin acceso a vivienda, vecindarios que reclaman vivir con dignidad y no más porras y candados. Chueca ha querido presumir de proyecto cumplido. El reto está en la calle: demostrar que la ciudad no se vende.
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