Feminismo, pogos y mucha rabia: esto es “Sin tu permiso. Nosotras en la escena hardcore y punk estatal”

Aprovechando el estreno de este documental nos acercamos a uno de los puntos calientes del Estado español, la sala Arrebato y hacemos genealogía feminista con Barbara Rebel y Rosa, dos de las protagonistas zaragozanas de la cinta

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Si no te gusta el punk y el hardcore, este también es tu documental. A veces, ver qué se cuece en el caldero feminista de otras escenas que no las sientes como propias es una bonita forma de reconocerse en la lucha de otras. Esto es lo que pasa con “Sin tu permiso. Nosotras en la escena hardcore y punk estatal”, el trabajo desde dentro de Esther Galván Rubio, Carolina Herrero Schell, Marina López Baena y Ana Martínez Martín.

El documental cuenta con todo un elenco de gente de la escena entre bandas, algunas históricas y otras actuales, salas de conciertos, distribuidoras e incluso de asistentes de conciertos. Todo para demostrar que, cómo ya hiciera Bikini Kill y el movimiento riot girl en los 90, independientemente de si les parece bien o mal a los más puretas, “esto está pasando sin tu permiso”.

El documental entra a muchos trapos y muchos debates dentro de esta escena (y de todas) como la dificultad de subirte al escenario si no eres un tío cis hetero, de llegar o mantenerte en las primeras filas, de qué pasaba fuera de los focos o qué importancia tenían las distribuidoras.

Uno de los puntos calientes del Estado es, o era hasta antes de que llegara la pandemia a nuestras vidas, la ciudad de Zaragoza y así lo demuestra el documental introduciendo las voces de las compas de Arrebato, de Marta de Mala Raza, de María de Perras Salvajes o de Pepa de Criatura.

La sala Arrebato es encarnada en este documental por Bárbara Rebel y Rosa que en 2017 se sentaron delante de los que probablemente sean los baños más bonitos del barrio de la Madalena. Ahí entre los graffiti de Amor de Primas hablaron de música pero también de historia, de violencia, de rabia y de mucha autodefensa feminista.

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Marta de Mala Raza y Pepa de Criatura en un fotograma del documental.

Una sala que te cuida

Tres años después de aquellas imágenes hablamos con Bárbara y Rosa, al margen del documental, sobre Arrebato y de qué ha pasado entre las paredes de esta sala para que se convierta en un referente cultural. La sala aparece en el documental porque forma parte de los pocos oasis de cuidados dentro de la escena hardcore del Estado español. Bárbara explica que después de 20 años este local autogestionado se ha convertido en un referente cultural para todas las bandas que hacen tours por el Estado: “A la gente le encanta tocar en Arrebato porque hay muy pocos locales en el Estado que son como Arrebato”.

Mientras que en otras ciudades las bandas llegan incluso a pagar por actuar en Arrebato toda la recaudación de las entradas va para el grupo y con lo ganado con las bebidas se paga el alquiler y las facturas. Pero no acaba aquí, las personas están en el centro y como explica Bárbara: “Se les ofrece siempre el alojamiento que normalmente se tienen que buscar la vida, todo es vegano, alojamiento, desayuno y la cena allí. No existen este tipo de salas”.

Fanzines, bragas y mucho ruido

Lo punki no te quita lo ‘machuno’ y como ocurre con otras escenas musicales, cuando el hardcore y el punk llegaron a nuestras vidas no lo hicieron libres de machismo. Barbara reconoce que convertir Arrebato en un espacio inclusivo “ha sido duro y todavía queda mucho” pero cada vez ve más mujeres delante y detrás del escenario y asegura que las nuevas generaciones son más diversas. Además, reconoce como cuenta pendiente adaptar los espacios a las personas con diversidad funcional.

Si la pregunta es cuáles son los momentos para quedarse de esta sala, Rosa elige los conciertos de la banda zaragoza Mistkäfer y el de Amigdala donde "por fin" se pudo ver en Zaragoza "un concierto de crust de una chica que es racializada".

Echando la vista atrás, la tatuadora recuerda de su etapa en Arrebato que unos de los primeros puntos de inflexión fue un concierto con Core Tres: “Montamos una fiesta, hicimos bragas, un bingo, un karaoke. Allí Arrebato empezó a cambiar un poco”. Empezar a organizar actividades feministas como las presentaciones de fanzines como los de Amor de Primas o de revistas como la de ‘Quién coño es’ también fueron fundamentales para que más mujeres se acercaran a la sala.

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Fragmento del documental en el que sale Bárbara Rebel en Arrebato.

Girls to the front

Otro de los grandes debates que todavía atraviesan la escena y las salas de conciertos es la pista de baile. Aquí hay muchas opiniones tantas como cuerpos pero no se puede discutir que el grito de “¡Girls to the front!” lo reconocemos hasta las que pasamos por el punk accidentalmente y cómo forma de supervivencia en un ambiente hostil con Britney (su vida sí que es hardcore).

Para Bárbara Rebel uno de los conciertos clave en los que Arrebato se impuso como un espacio (en proceso de ser) inclusivo fue el que organizaron con Candelillas y Lucky Malice, una de ellas acabaría quedándose en el Estado español y, por supuesto, también aparece en el documental: “Vinieron a Arrebato y eran todo tías en un momento en el que el feminismo no estaba muy generalizado. Entonces cogí a todas mis amigas, a las de Febrero Feminista, las engañé porque igual la música no les iba a gustar pero las obligué a hacer el girls to the front, entonces las cogí a todas, las puse delante porque estaban atrás y me acuerdo que fue la hostia”. Entre los recuerdos de Bárbara también se encuentra el clímax que toda mujer liberada ha hecho en un concierto: quitarse la camiseta y abrazar a sus amigas. “También recuerdo que las tías se quitaron las camisetas y nos quedamos en sujetador en el concierto y cuando salimos a la calle algunas nos abrazamos con todo el subidón”, cuenta.

“Esa semana tuvimos asamblea y el punto de la asamblea fue ‘Concierto de las Lucky Malice. Bárbara empuja a los chicos”, recuerda la tatuadora entre risas, “y se comentó que muchos chicos se habían sentido ofendidos porque les había empujado. Al final de mucho hablarlo se dieron cuenta de que ese día había sido uno de los días más molones viendo a todas las tías delante”.

Una historia con final feliz porque como admite Bárbara, al final se decidió que otro punto de cuidados de la sala sería intentar fomentar que los hombres cis heteros no ocuparan permanentemente las primeras filas: “Cada vez que yo montaba turno no podía ponerme a vigilar que no solo los tíos estuvieran acaparando las primeras filas”, bromea.

“Pogos sí pero inclusivos”

El pogo. Sí, este tipo de baile es El Tema. Una de esas fracturas que el feminismo abrió y que todavía sigue suscitando debate y cambios, muchos cambios. Además, hay que reconocer que la facilidad con la que se popularizó es ejemplar, todo el mundo quiere bailar pogos desde el rockerillo ibérico hasta el heavy pasando por el pijo madrileño que 'se cree barrio' por sacarte de la pista. Para Bárbara el debate debería centrarse en analizar quiénes pueden bailarlo “más de dos minutos” en la primera fila: “Yo me fijo mogollón cuando estoy en los conciertos y en las manifestaciones y todo que las tías siempre ocupan primeras filas y cuando estás en la tercera canción ya están en medio y cuando estás en la quinta ya estás atrás”.

En definitiva, tanto si lo que te gusta es perrearle a tus amigues como si lo tuyo es lanzarte dentro del pogo, (o las dos cosas al mismo tiempo) este documental es tuyo. Rosa explica desde su experiencia cuál es la sensación al ver este trabajo, "a mí principalmente lo que más me ha gustado del docu es que el 90% de las chicas que salían son muy buenas amigas. Son muy buenas amigas y son tías que valen un porrón musicalmente y políticamente. Ver que estás haciendo redes y que son las adecuadas". Si quieres saber más, dale al play:

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