La crisis del Parque de Atracciones de Zaragoza da un nuevo paso y agrava la incertidumbre sobre su futuro. La empresa gestora ha activado un ERTE que afecta a la totalidad de la plantilla —81 personas— y el recinto no abrirá al público esta primavera, limitando su actividad únicamente a celebraciones ya previstas, como comuniones.
La situación, adelantada por distintos medios, confirma el escenario de bloqueo que se venía anticipando en las últimas semanas. La delicada situación financiera del Grupo Morte —en concurso de acreedores— impide la apertura regular del parque, pese a que el Ayuntamiento de Zaragoza había ordenado su continuidad. A día de hoy, no hay calendario de reapertura ni garantías sobre la viabilidad del proyecto.
La plantilla, que ya ha iniciado contactos para organizarse, estudia movilizaciones ante un ERTE que deja en el aire decenas de empleos y evidencia el colapso del modelo planteado.
Un “lamentable recorrido” que se agrava
Desde la Plataforma Salvemos los Pinares de Venecia consideran que la situación actual no es una sorpresa, sino la consecuencia directa de un proceso que llevan más de un año denunciando. La organización señaló recientemente el “lamentable recorrido” de la renovación del parque, marcada —recuerdan— por la opacidad, la falta de participación ciudadana y la ausencia de un análisis realista sobre su viabilidad.
La concesión del parque, finalizada el 8 de febrero de 2025, dio paso a un proceso que la plataforma ha venido calificando de “precipitado, opaco y sin participación ciudadana”. Pese a ello, en febrero de 2026 el Ayuntamiento adjudicó la gestión a Moncayo Leisure Zaragoza —participada en un 80% por el grupo argentino Fénix Entertainment—, cuya propuesta obtuvo una valoración global de apenas 36 puntos sobre 100 y cero puntos en el apartado ambiental.
Para la plataforma, el actual ERTE y la falta de apertura al público no hacen sino confirmar las advertencias que ya habían realizado: un modelo impuesto por el Gobierno de Natalia Chueca (PP-Vox) “alejado de la realidad” y sin garantías ni económicas ni ambientales.
Impacto laboral y sin horizonte claro
El conflicto no es solo urbanístico o ambiental. Tiene también un fuerte impacto social. Las 81 personas trabajadoras afectadas por el ERTE permanecen sin certezas sobre su futuro inmediato, en un contexto en el que la empresa únicamente prevé abrir el recinto de forma puntual y restringida.
La falta de una fecha de reapertura y la incertidumbre sobre la continuidad del proyecto sitúan a la plantilla en una situación de inestabilidad prolongada, que podría derivar en un conflicto laboral en las próximas semanas si se concretan las movilizaciones anunciadas.

