El Moncayo, el dios que ya no ampara, no se libra de la especulación eólica

El Moncayo es más que una montaña amada y conocida por todos. Para los aragoneses y aragonesas es un símbolo que traspasa la geografía y la historia, que hunde sus raíces en la mitología y alimenta de viento y agua las dos laderas que comunican en su cima a Castilla y Aragón. Es un espacio mágico, de geología compleja, en donde se agitan las aguas del Duero y el Ebro y que sufre el ataque de la codicia humana por el agua, el aire y el sol que calienta sus piedras milenarias para convertirlo en un megacomplejo industrial energético con 39 molinos gigantes.

El Moncayo, el dios que ya no ampara, no se libra de la especulación eólica
Proyectos eólicos y solares en funcionamiento, denegados y pendientes de aprobación en Aragón a noviembre 2023 / Visor de Ecologistas en Acción

Si alguien pensaba que el Moncayo se iba a librar de las multinacionales de la energía, de los especuladores del aire y el sol, estaba muy equivocado. El pasado 28 de noviembre en el BOE se formula la declaración de impacto ambiental de varios parques eólicos a sus pies. Nada menos que 39 molinos van a cambiar para siempre el paisaje que rodea nuestro mítico Moncayo.

Como un sarcasmo posmoderno, los nombres de los distintos parques eólicos que van a instalarse en la zona parecen una invasión japonesa: Suki, Suzaku, Son, Sirio, Saya, Ryu, Sabik y Sakura. Pero el invasor es mucho más cercano y fratricida. Forestalia, la empresa que se dice aragonesa, pretende hacer negocios en Europa mientras paga sus impuestos en Madrid, es la matriz de este despropósito. Todos estos parques se encuentran tan cerca uno del otro que lo razonable hubiera sido presentarlos como una única instalación, pero ante el peligro de que la declaración de impacto ambiental pudiera haber tenido problemas en su aprobación la empresa promotora los presenta de forma fragmentada en nada menos que en ocho parques eólicos.

Vista del dios Moncayo sin los 39 molinos con los que pretenden esconderlo / Foto: caralebro

Fernando Samper el dueño del imperio Forestalia que ha sabido fichar para su consejo de administración a no pocos antiguos cargos de las administraciones públicas aragonesas, y no solo aragoneses, parece decidido a llenar nuestros campos, nuestros montes, nuestro paisaje, incluidas sus tierras de cultivo, de molinos y placas solares. El medio ambiente para esta empresa es una ficción lejana e incompatible con el todopoderoso mercado, con la especulación como práctica y con la rapiña como ética.

La zona donde se ha autorizado la instalación de este megacomplejo industrial energético se encuentra rodeada de zonas de protección con una alta biodiversidad. Estamos hablando del Parque natural del Moncayo, de la Zona de Especial Conservación (ZEC) Barranco de Valdeplata, del Área Crítica del Águila Azor Perdicera, del Área Crítica del cernícalo primilla, de la Zona de Especial Protección de las Aves (ZEPA) Sierra del Moncayo los Fayos Sierra de Armas, de la Zona de Especial Conservación Sierra de Nava alta Puerto de la chabola, del Área de Rocín Los Fostales, del Área de Aves Esteparias, de la ZEC Monte alto y Siete Cabezos y de la ZEPA de Maderuela.

Por todo ello, la ‘Plataforma 13M: Aragón por la racionalidad energética’ que engloba a varios colectivos conservacionistas y plataformas así como personas de la zona afectada, presentó alegaciones a los proyectos eólicos del Moncayo, como fase previa a una lucha judicial que se augura larga. Pero, tal y como pasa en otras zonas de Aragón, el mercado energético y los grupos inversores tienen el poder de regir el futuro de las comarcas aragonesas ajenos a las leyes de protección que deberían garantizar los valores naturales que es como decir, el patrimonio colectivo de todo el pueblo aragonés.

También en Matarranya, Maestrazgo, Cinco Villas o Monegros la vecindad tiene poco que hacer ante el poder de Forestalia que se atribuye, al mismo tiempo, las funciones de ejecutor y árbitro. Los grandes poderes energéticos (Endesa, Iberdrola, Acciona, Forestalia….) han decidido que nuestro país sea su tablero de negocios para vender nuestra energía y nuestros dioses al Estado español y al resto de Europa en la prolongación de un monopolio que nada quiere saber de la Emergencia Climática y que con pequeños retoques verdes está dispuesto a seguir haciendo caja con la explotación del territorio, del paisaje y de sus gentes.

Han decidido, y lo están ejecutando aceleradamente, que Aragón vuelva a ser, una vez más, territorio de sacrificio para beneficio de las empresas de otras tierras mediante líneas de muy alta tensión con las que piensan comerciar y obtener beneficio de la energía producida en nuestro país, en lugares como Madrid, Bruselas, Barcelona, Berlín, Valencia, Ámsterdam o Gasteiz, ante el reclamo de que al ser ‘energía de origen renovable’, se podrá justificar el continuismo de un modelo vital y económico que no se quiere poner en tela de juicio.

Según fuentes oficiales del Gobierno de Aragón en su informe del año 2021 del Centro de Recuperación de Fauna silvestre de l’Alfranca (CRFSA),“han ingresado un total de 6.129 ejemplares de especies protegidas en Aragón, número que duplica los ingresos registrados en 2020. De los 6.129 ejemplares ingresados, más del 40% (2.560 ejemplares) la causa de ingreso ha sido la colisión contra aerogeneradores”.

eólicos
Macho de cernícalo primilla, muerto bajo un molino de Magallón, Zaragoza. Foto: ANSAR-Asoc. Naturalista de Aragón.

Y el mismo informe recoge que “...también por primera vez, el número de mamíferos ingresados en el centro ha superado la barrera del 20% del total de ingresos, debido casi exclusivamente al ingreso de 1.092 ejemplares de quirópteros (murciélagos), de los que 1.007 (92%) ingresaron a consecuencia de la colisión contra aerogeneradores”.

Lo más preocupante que dice dicho informe es que el 50% de los ingresos de las comarcas centrales “han sido a consecuencia de colisiones contra aerogeneradores, y suponen que más del 90% del total de ingresos que por esta causa han tenido lugar durante este año 2021 en todo Aragón, proceden de estas comarcas. Lo que coincide con la distribución actual de estos parques eólicos en nuestro territorio”.

A la luz de estos datos se deduce que hay zonas saturadas de molinos, que el daño irreversible que están ocasionando los aerogeneradores es muy preocupante y que estamos en la puerta de presenciar la desaparición de un significativo número de especies. Podemos asistir a la ‘primicia’ medioambiental de que las propias administraciones (Ministerio de Transición Ecológica y Gobierno de Aragón) sean las responsables de extinguir especies que ahora se encuentran protegidas.

En esta linea argumental, este informe de 2021 ofrece otros muchos datos. La zona del Moncayo ofrece refugio, por ser una importante zona de invernada, para el milano real, especie también en peligro de extinción añade que “de los 110 ejemplares de milano real (Milvus milvus) ingresados en el CRFS de l’Alfranca durante 2021, resulta necesario señalar que once de ellos corresponden a ejemplares nacidos en el marco del proyecto de cría en cautividad que se desarrolla en el centro. La mayoría del resto de ejemplares ingresaron por colisión contra aerogenerador o tendidos eléctricos y electrocución, como causas más importantes”.

despoblación
Tierras del sur, altiplano de Teruel / Foto: Uge Fuertes

El informe del año 2022, volvió a referir la situación preocupante en la que se encuentra esta especie y dice “destacan los ingresos de algunas especies muy escasas y en situación crítica de conservación como el milano real (Milvus milvus) con 133 ingresos. Señalar que casi el 50% de los ingresos de las comarcas centrales han sido a consecuencia de colisiones contra aerogeneradores, y supone que el 90% del total de ingresos sea consecuencia por colisiones contra aerogenerador”.

Las muertes de especies protegidas y en peligro de extinción deberían ser una llamada de atención, un indicador de lo que se está haciendo mal, pero ante el brillo del negocio ‘fácil’, el paisaje queda al margen incluso del cumplimiento de las normativas. El día que pare esta vorágine energética, nos daremos cuenta de la locura que se ha cometido, el Moncayo ya no será el mismo, y será demasiado tarde. Entonces no valdrán lamentaciones porque el daño ya estará hecho, y nadie se hará cargo de la reparación. “No se valora lo que se tiene, hasta que se pierde”, concluyen desde la Plataforma 13M.