El faro (fundido) de la Expo

Con ansia de titular llamativo y a lo grande, como todo lo que rodea a la Expo Internacional de Zaragoza 2008 y su posterior gestión, se anunciaba en el 16º aniversario de su inauguración, nuevas obras, un nuevo enfoque o, más bien, un nuevo gasto (y no pequeño) de dinero público.

La Torre del Agua, construida para la Expo de Zaragoza, tuvo un coste de 53 millones de euros | Foto: Pablo Ibáñez (AraInfo)

El consejero del Gobierno de Aragón Octavio López afirmó que la Torre del Agua sería el faro de la logística y se le daba dimensión mundial dentro del sector, aunque tampoco terminaba de estar muy claro el proyecto, más allá de la renovación de la iluminación del edificio para que se viera desde kilómetros a la redonda, la reparación del zócalo, que sería la parte más activa del faro y un eventual espacio de restauración en la última planta.

También se habla de actuar sobre el pabellón de Aragón, otro edificio que directamente cerró sus puertas en septiembre de 2008 para no volverlas a abrir. En principio su destino, si el gobierno central lo avala, sería albergar la Agencia Estatal de Salud Pública.

Está confirmado el traslado de la Corporación Aragonesa de Radio y Televisión a los pabellones del frente fluvial. Por supuesto a cuenta del erario, como todo lo que rodea a los antecedentes de la Expo, el evento en sí y la pos Expo. Este traslado nos saldrá por 22,6 millones de euros.

Básicamente estamos en un nuevo empujón a la superficie que queda sin usar de la Expo, que es mucha, y a buscar una salida a sus edificios más llamativos, que han resultado ser un dolor de cabeza para sus gestores y de muy difícil reutilización.

De momento se pasa de puntillas por el asunto del Pabellón de España, cuya fachada ha tenido serios problemas de desprendimientos, y que no parece tener un destino claro. Sus 8000m2 tendrán que esperar tras tres intentos fallidos de aprovechar el edificio, aunque el consejero de Sanidad, José Luis Bancalero, también lo ofreció como alternativa para Salud Pública.

Ahora bien, hay que sacar primero la calculadora y las cifras asustan. Se estima que el primer lavado de cara de la Torre del Agua son 7 millones de euros en dos fases y el del Pabellón de Aragón no menos de 2 millones para adecentar solo el exterior del edificio. A ello hay que sumar los 22,6 del acondicionamiento del pabellón del frente fluvial. Y luego quedan otros espacios como el desastroso canal de aguas bravas, que nunca llegó a funcionar correctamente, cuya adecuación se estima en 600.000 euros o el spa, sin presupuesto de reparación y que podría reabrirse en 2026.

Si echamos cuentas entre los costes de la misma Expo y la gestión de la pos Expo (mantenimiento y servicios aparte) nos podemos acercar a los 2.000 millones de euros de inversión y seguimos sumando. Ya sea de coste autonómico, local o estatal lo cierto es que la mayor parte del dinero está saliendo del bolsillo público y va camino de los 20 años de gasto constante.

Las fechas también se alargan. La tele se trasladará allí a finales de 2027. La Torre del Agua tiene fecha de apertura también en 2027 pero no está clara su habilitación y el Pabellón de Aragón no tiene fecha, aunque parece ser que no está muy deteriorado en su interior, más allá de acumular polvo, pero debería enfrentarse a una reforma radical, pues se enfrenta al mismo problema que sucede con varios edificios: que son más bien esculturas practicables.

Al margen de la estética, siempre subjetiva en cuanto al gusto de cada quien, los edificios del evento zaragozano han demostrado ser muy poco prácticos. Asimismo algunos materiales han quedado obsoletos y muchos acusan el desgaste de 16 años desde su instalación.

Tenemos ejemplos de anteriores reformas. La reconversión del Pabellón Puente se fue a 3,7 millones y dos años de obras. Hubo que cambiar todo el suelo, reponer luminarias, revisar techumbre y acondicionar la instalación eléctrica. Todo ello pagado por la DGA para luego regalarlo a Ibercaja.

Aunque siempre es mejor destino que al menos se aproveche el edificio y no que termine en la escombrera como otros pabellones o malvendido y parte en la chatarra como el telecabina.

Queda además un frente abierto como es el de los litigios contra las concesionarias tras el 2008, que acumulan impagos de más de 2 millones de euros. El caso del ya nombrado spa está judicializado y pendiente de resolución contra Cublan Inversiones.

La mayor parte de las actividades económicas planteadas fueron un fiasco y algunas planteaban problemas legales de cara a la obtención de licencias. Por ello se cerraron las playas del Ebro, que a fecha de hoy y en plena temporada veraniega no parecen tener futuro.

Viendo las fechas previstas de ejecución de las nuevas obras nos estaremos plantando en el vigésimo aniversario de la Expo con parte del recinto, siendo optimistas, en obras. La lejana promesa de que la zona sería habilitada por inversión privada y convertida en parque empresarial quedó en nada. La zona Expo ha devenido más bien en parque institucional.

La Sociedad Expo Empresarial, empresa pública que gestiona lo que queda del evento, terminará 2024 con una deuda prevista de 58 millones, con unos activos muy valiosos, sobre el papel, pero la mayoría del dinero que recibe es público y la dinámica no va a cambiar, simplemente los huevos cambian de cesta. La función principal de la sociedad es amortizar deuda.

Si el faro de la Expo alumbra alguna vez hay que tener por seguro que saldrá del bolsillo de todas y que esa luz será, una vez más, unos carísimos fuegos de artificio.

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