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Diario de la Marcha del Ebro: el río Queiles y el embalse del Val

La etapa de este lunes concluye en Morata saliendo de Tarazona después de recorrer el embalse de El Val en la localidad de Los Fayos. Este fue uno de los primero embalses del Pacto del Agua y ha quedado para la historia como ejemplo de inutilidad.
| 15 abril, 2019 18.04
Diario de la Marcha del Ebro: el río Queiles y el embalse del Val
Foto: RAPA

El embalse del Val, de 28 hm3, con una presa de casi 100 metros de altura, recoge caudales del río Val y del Queiles, aguas arriba de Tarazona. Las obras culminaron en 1996, tras un largo conflicto con el pueblo de los Fayos, cuyo casco está justo bajo la presa. Aunque el 1993 el Ayuntamiento firmó un acuerdo con la CHE y la DGA, el incumplimiento de compromisos de compensación se cerró con sentencia del Tribunal Supremo favorable a los afectados.

Aunque el embalse debía abastecer a unos 50.000 habitantes de la cuenca, 20 años después sigue prácticamente sin uso. La contaminación de sus aguas, con una alta concentración de nitrógeno y de fósforo que hacen del Val uno de los embalses más eutrofizados de la Cuenca del Ebro, inhabilitándolo para usos urbanos; por otro lado, los regantes, que jamás fueron advertidos sobre los costes a cubrir, rechazan pagarlos.

La contaminación orgánica procede en un 40% de Ágreda y Ólvega (8.000 habitantes y una potente industria alimentaria), por falta de saneamiento de sus aguas residuales; otro 40% procede de la ganadería (unas 70.000 cabezas de vacuno, unas 50.000 de porcino y unas 80.000 de aves de corral); y un 20% de la piscifactoría de Vozmediano.

Se impone la necesidad de declarar el Val como río sensible, establecer un control electivo sobre los vertidos industriales en Ágreda y Ólvega y optimizar el saneamiento de las aguas residuales de ambos municipios, introduciendo incluso un terciario; por otro lado es necesario controlar y gestionar adecuadamente, tanto el desarrollo de la ganadería y de sus residuos, como la contaminación generada por la piscicultura.

Respecto al regadío, el conflicto está abierto en torno a los planes de modernización del regadío y la correspondiente concentración parcelaria. Planes que acabarían con el regadío tradicional, en nombre del progreso, desde la inconfesada intención de hacer pagar los correspondientes costes a quienes puedan, mientras se muestra la puerta de salida y venta de sus tierras y derechos de agua a pequeños y medianos agricultores.

Mularroya y el acuífero Alfamén-Cariñena

El embalse de Mularroya, con 103 hm3 de capacidad, se está construyendo sobre el cauce del río Grío, un pequeño afluente del Jalón, cerca de la Almunia de Doña Godina. Como los caudales del Grío son escasos, el embalse se llenaría mediante un trasvase desde el propio Jalón, a través de un túnel que atravesaría una muralla de cuarcita y costaría más que la propia presa.

El objetivo es doble: ofrecer caudales al regadío de la intercuenca Huerva-Jalón, desde el que se viene sobreexplotando el acuífero Alfamén-Cariñena; y por otro lado, transformar 5.000 nuevas hectáreas de regadío, aunque ni siquiera hay anteproyecto.

En lo que se refiere al regadío existente, la superficie dominada por la cota del embalse se limita a los entornos del Jalón, hacia el que fluye el acuífero (las aguas subterráneas se mueven desde la cuenca del Huerva y las sierras ibéricas, hacia el Jalón).

Por ello, los regadíos que podrían recibir caudales de Mularroya por gravedad, siempre disponen de agua subterránea a poca profundidad, aún en las sequías más duras. Sin embargo los regadíos que sufren la sobreexplotación del acuífero, en Cariñena y otros municipios cercanos al Huerva, se sitúan en cotas muy por encima de la del embalse, lo que exigiría bombeos que encarecerían los costes de Mularroya, ya de por sí muy elevados.

Tan sólo los costes de amortización del embalse y del trasvase, con arreglo a los presupuestos previstos, sin considerar los más que probables desvíos presupuestarios (por las incertidumbres y dificultades geológicas del túnel del trasvase), se elevan a 9,8 M€/año.

Teniendo en cuenta que el volumen medio que se espera regular es de 50 hm3, tan sólo el coste de amortización por metro cúbico, sería de 0,19 €/m3. Si ese coste se aplicara a un riego normal de 7.000 m3/ha/año, el riego costaría 1.330 €/ha/año.

Teniendo en cuenta, como se ha explicado, que las superficies dominadas por la cota del embalse disponen de aguas subterráneas seguras, con costes de bombeo muy inferiores, resulta evidente que no habrá disposición al pago, como no la hubo en la misma zona con el bombeo de la Tranquera, que tan sólo ha funcionado una sola vez, pues los regantes se negaron a pagar los correspondientes costes.

La presa y el túnel afecta gravemente a cuatro zonas LIC, lo que motivó la anulación del proyecto por sentencia de la Audiencia Nacional. A pesar de ello, el Gobierno decidió recurrir la sentencia y seguir adelante con una política de hecho consumados.

La alternativa más razonable, económica y sostenible debe basarse en desarrollar una estrategia de alimentación inducida del acuífero y así como una adecuada gestión colectiva del mismo que garantice su sostenibilidad, tanto en cantidad como en calidad.

15 abril, 2019

Autor/Autora

Feminista, ecologista, de izquierdas (@MaribelMtnez)


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